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jueves, 6 de noviembre de 2014

Home-office, ¿el trabajo ideal para mamás?

Por Sonia Soto Maya




Es típico que cuando platico sobre que mi empleo, y por supuesto mi jefe, me permiten realizar mi trabajo desde casa, se piense que es la situación más maravillosa y que todos desearían estar en una situación así.

Como todo en la vida esta situación tiene luces y sombras. Mentiría si dijera que esta situación no me ha traído muchas bendiciones, la más importante es estar cerca de mi hija y hacer cosas tan comunes y mágicas como llevarla e irla a traer del colegio o vestirla para festejar el Día de Muertos y ver esa ilusión que tiene por asistir. Cosas que tal vez a muchas mujeres les parecen totalmente normales, pero para mí, por primera vez en esta situación laboral, son invaluables.

Pese a todo ello, el home office no es tan sencillo como se cree. Desde mi experiencia, y así es como lo describo, tienes que pasar de un rol a otro, a veces sin tener cinco minutos para cambiarte el chip, lo que hace que quisieras que el día tuviera 24 horas más, aunque tal vez no las aguantarías.

Al principio en mi casa a todos les parecía fuera de lo común que estuviera sentada ahí, pero sobre todo que estuviera trabajando, incluso mi hija se me acercaba y me decía que qué hacía.

Mi mamá se ponía a platicar conmigo, por supuesto, todos ellos vivieron la novedad que después de siete años ya no tenía que salir todos los días a la oficina.

Poco a poco comenzaron a darse cuenta que así era mi trabajo, comenzaban a salirse de la sala donde tengo la computadora y se iban a otro cuarto para poder conversar a gusto; en el caso de mi hija, los días que está por la mañana todavía se acerca a pedirme que si el agua, que si leche, ella sólo tiene cuatro años y le es más difícil entender la situación.

Después de casi un año de trabajar de esta manera considero que el home office requiere de mucha autodisciplina, e incluso platicando con especialistas laborales, me doy cuenta que no es para todos, ¿lo es para mí? Todavía considero que estoy en el proceso de organizarme más.

Los especialistas consideran que si realizas home office debes seguir la misma rutina que si fueras a una oficina, levantarte y arreglarte para ello.

En el caso de las mamás es un excelente consejo, porque a las 10 de la noche descubriste que no te dio tiempo ni para cambiarte la pijama y estás echa una facha, lo cual podría incluso hasta alejarte de tu pareja, imagina encontrar diario a una mujer que podrían llamar fodonga.

Sin embargo, nadie sabe que esa mujer fodonga hizo su trabajo, atendió a los niños, hizo los quehaceres del hogar, lavó ropa e hizo de comer, y entre todo ello no se dio tiempo para ella.


Para mí el home office es una excelente herramienta para las mamás trabajadoras, el reto está en realizarlo de tal forma que no termines total y absolutamente agotada.

martes, 28 de octubre de 2014

Las ventajas de un trabajo flexible

Por Claudia Castro

Aquí Mateo negándose a ser reportero, ja!



No estoy en contra de las guarderías, simplemente es un tema que está completamente fuera de mi cabeza.

De niña nunca fui a una guardería y en mi entorno tampoco fue algo de lo que siquiera se hablara. 
Creo que tiene mucho qué ver con que vengo de una familia en la que mi mamá dejó de trabajar para cuidar de mi hermana y de mí, y hasta la fecha lo más cercano que tengo a la idea de separarse madre e hijo es la inminente entrada al kínder.

Contradictoriamente, tampoco me vi nunca como una mujer que dejara de trabajar para dedicarse al 100% a sus hijos. Valoro mucho a quienes toman esa decisión porque sé que estar todo el día con los hijos y encima responsabilizarse de los quehaceres del hogar no es nada fácil, pero al día de hoy no he contemplado ni por equivocación dejar mi trabajo.

El periodismo es algo que me llena, disfruto salir a las conferencias, tener entrevistas, escribir mis notas… En fin, ya les hablaré otro día de esto. 

El punto es que ni antes de embarazarme, ni embarazada me detenía a pensar cómo resolvería este tema.

Con Mateo en brazos, mi esposo me planteó varias veces la necesidad de buscar alguna guardería y jamás, ni siquiera por Internet, busqué nada al respecto.

Esa idea mía de creer que puedo con todo, me hacía imaginar que las cosas serían más fáciles de lo que pensaba. Y no son fáciles, pero tampoco imposibles y aquí me tienen haciendo de todo.

Realmente me siento muy afortunada de tener un trabajo que me permite organizar mis horarios aunque a veces tenga que partirme en mil pedazos, y me da oportunidad de ser mamá, ama de casa y esposa sin dejar de ser la otra parte que tanto amo de mi vida, ser reportera.

En medio de todo esto, mi papá se ha vuelto un pilar súper importante para Mateo y para mí. Es mi brazo derecho para cuidarlo cuando Juan Manuel y yo andamos en el trabajo. Sin su apoyo quizá hubiera tenido que recurrir a la guardería en algún momento.

Por otro lado, sé que es posible que al decidir no llevarlo a una guardería y como hijo único, también estoy negándole la posibilidad de crecer más desenvuelto, pero lo veo jugar a un lado de mí mientras yo redacto mis notas, lo arrullo para que se duerma, compartimos la hora de la comida y muchas otras cosas en el día, que puedo asegurarles que ni a él, ni a mí nos ha hecho falta pensar en ese tema, o al menos no por el momento.

Por eso creo que a la hora que vayan a tomar una decisión de este tipo, lo mejor es pensar qué es lo que les hará sentir más tranquilas a ustedes como mamás o como papás, si es que toman la decisión junto con su pareja: ¿seguir trabajando, dejar de hacerlo y dedicarse a sus hijos, optar por la guardería, pedir ayuda dentro de su familia?

Mientras nuestros hijos nos vean contentos con lo que hacemos, no se sentirán mal de quedarse en la guardería, ni al cuidado de los abuelos, ni nosotros sentiremos culpa por dejarlos. ¿O ustedes qué opinan?

lunes, 27 de octubre de 2014

De vuelta al trabajo, ¿qué hago con mi hijo?

Por Ceci Torres

Al mes de que Diego nació empezó la duda de si era mejor una guardería o qué iba a suceder el día que yo tuviera que regresar a trabajar. 

Durante mes y medio me dediqué a hacer una lista de las guarderías por la zona de mi trabajo y de casa de mi mamá y mi suegra, justo por si necesitaba de su apoyo en algún momento.

De verdad fueron muchas las guarderías que recorrí, pero a todas les encontraba un pero: si dormían a los niños en colchones en el suelo, si les daban alimentos a muy temprana edad, si usaban biberones comunes, si la casa se estaba cayendo o con un mal mantenimiento, etc.

Les puedo dar una larga lista de todos los pros y los contras que le ponía a estos lugares y siempre ganaban los contras. 

Conforme pasó el tiempo me di cuenta que en realidad la que veía las cosas negativas era yo, ya que cuando veía a mi bebé tan pequeño creía que nadie iba a ser capaz de cuidarlo y darle la atención necesaria como yo.

Creo que por un lado es verdad, jamás nadie va a poder atender a nuestros bebés como nosotras por más que queramos, son nuestros, pero también creo que hay lugares que tienen la vocación y preparación para hacerse cargo de los bebés que tienen papas trabajadores y que es indispensable que los cuiden. 

Creo que las guarderías tienen sus pros: el niño se vuelve mucho más independiente y aprende a convivir con otros niños desde pequeño, además de hacerlos inmunes a varias enfermedades a temprana edad.

Por otro lado, creo que dejarlo a cargo de alguien cercano como las abuelas o tíos también puede ser una buena opción, ya que son personas que van a poder realizar la labor de cuidado y son personas allegadas a nosotros, sin contar que nos ahorramos un dineral. 

Justo ese fue mi caso. A los tres meses de que Diego nació me reincorporé a mis actividades laborales y mi mamá aceptó el reto de cuidar a su nieto medio día.

La verdad no me arrepiento ni un segundo. Mi mamá le dio el amor y el cuidado que creo, es lo más cercano a lo que yo le daba, además de desarrollar un amor y cercanía entre ellos que aún disfruto cuando los veo juntos.

Así que creo que la decisión debe de ser en base a las necesidades y posibilidades de los padres, ni una, ni la otra son buenas o malas. Sólo hay que confiar en que nuestros hijos están en las mejores manos y que la decisión fue lo mejor para ellos.