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jueves, 18 de diciembre de 2014

10 cosas que quiero que mi hija valore de la Navidad

Por Sonia Soto Maya



1. La familia.
Para mi sigue siendo el eslabón más importante y Navidad nos debe remitir al lugar donde sentimos que todo puede estar bien.

2. Convivencia. 
Creo que es importante platicar, hacer sobre mesa, integrarnos, incluso reírnos de lo que nos pasó en el año, los juegos de mesas son indispensables.

3. Emoción. 
Ahora que ya es más consiente de todo, Ana constantemente dice que ya está cerca la Navidad, le emociona y me emociona que le emocione.

4. Tradiciones.
Romper una piñata, pedir posada, es algo que trato de fomentarle, así como la llegada de los Reyes Magos, sabe de la existencia de Santa Claus, pero no acostumbramos a que le traiga regalos.

5. Compartir.
La hago participe de los preparativos, es una forma de crear un lazo, ponemos el árbol en familia y aunque se rompa uno que otro adorno, es importante que estamos juntos.

6. Un día especial. 
Hacerles saber que es un día especial y como tal hay que vestirse de gala, a ella le encantan los vestidos, así que se pone guapa.

7. Demostrar amor.
Generalmente estas épocas son perfectas para demostrar el cariño, enséñale lo importante que es expresarse.

8. Cantar.
Para ellos es emocionante ver a sus papás cantar y que lo hagan con ellos, puedes improvisar un karaoke esta Navidad te aseguramos que lo van a disfrutar.

9. Ver películas. 
O si simplemente quieres disfrutar a tu familia, puedes hacer un cine en casa, pasando por todos los géneros que les gusten para que todos lo disfruten.

10. El recalentado. 
Es una de las tradiciones más ricas sentarse a la mesa al siguiente día y seguir disfrutando del pavo, de los romeritos, de la rica comida que ¡sabe mejor un día después!

jueves, 11 de diciembre de 2014

Aprendiendo a poner límites

Por Sonia Soto Maya




Nos guste o no, vivimos en una sociedad en la que existen reglas y sobre ellas debemos educar a nuestros hijos. Reglas tan elementales como la sana convivencia, el respeto a los demás, la tolerancia, son conceptos que nuestros hijos deben entender y practicar para poder interrelacionarse en ella.

Sí, ya sé que decirlo se escucha muy sencillo, también sé que ponerlo en práctica es quizá lo más difícil de ello, sin embargo, es necesario que lo hagamos porque de lo contrario nuestros hijos podrían pensar que pueden andar a diestra y siniestra haciendo destrozos porque no fuimos capaces de decir no y poner límites.

Esta parte en especial es lo más duro que nos toca como padres, constantemente me pregunto si lo estoy haciendo correctamente ¿ustedes no? Por ello decidí que por el momento, y hasta que mi hija tenga la capacidad de tomar decisiones y asumirlas, yo soy la adulta aquí, y por lo tanto soy quien decide.

Puede parecer una frase muy autoritaria, pero piensen por un momento en mamás que permiten todo a sus hijos y en cuanto menos se dan cuenta éstos ya no reciben indicaciones ni les hacen el mejor caso: algo tan sencillo como ponerles el sueter, porque está comenzando a sentirse frío, puede convertirse en una verdadera batalla campal.

Antes decían que una nalgada a tiempo podría evitar muchos dolores de cabeza, aunque no estoy de acuerdo con educarles de esta manera, sí estoy de acuerdo en que hay que comenzar primero con el respeto hacia su círculo más cercano: padres y abuelos.

No podemos permitir que nos vean con ojos de pistola, mucho menos que a la menor provocación nos levanten la voz, claro que ello también requiere comenzar por nosotros y enseñarlos con el ejemplo, ya saben lo que dicen, las palabras educan, pero el ejemplo arrasa.

Una forma que yo encontré para que Ana Luisa comenzara a integrarse a las reglas de la casa fueron sus juguetes, las primeras veces después de que jugaba yo le enseñaba a recoger y poner de nuevo todo en su lugar, ahora ella sabe que si se tira algo al terminar se debe recoger y poner en su lugar.

Otro ejemplo es la basura, si vamos por la calle y trae una bolsa o algo, si encontramos un bote le enseño que ahí se debe depositar, de lo contrario deberá depositarse en el bote una vez que lleguemos en la casa, nunca en la calle.

Dependerá supongo del momento que viven tus hijos de las reglas que les debamos enseñar, los especialistas dicen que desde el momento que nacen hay que comenzar a establecerlas, sé que cada uno encontraremos la forma de hacerlo, sólo debemos buscar ser siempre coherentes.


jueves, 4 de diciembre de 2014

Los valores en tiempos de Facebook

Por Sonia Soto Maya




En el primer año de Ana Luisa en el kínder la escuela organizó una plática que se denominaba “Participando en la educación de nuestro hijos”. Gustavo y yo nunca dudamos en tomarlo, y asistimos las dos sesiones.

Éste fue impartido por dos padres, como nosotros, pero con hijos ya de Primaria. La primera pregunta que me ayudó a reflexionar fue a qué nuevo peligro estaban expuestos nuestros hijos en esta época y entre que las niñas están aventándose la responsabilidad de traer un bebé a este mundo, es decir, cada vez tenemos más niñas criando niños, me llamó la atención que un nuevo foco de alerta fuera la tecnología y en especial Facebook.

Y es que cuántas veces no hemos visto que alguien se le ocurre citar a niñas a través de este medio y se produce desde trata de blancas hasta violaciones.

¿Entonces? ¿Lo mejor sería alejar a nuestros hijos de eso para que no les pase nada? yo entendí con la plática que la línea es muy delgada entre aislarlos o cuidarlos, por eso nuestras decisiones son difíciles de tomar.

El señor que nos impartía la plática nos dio un argumento que sin lugar a dudas comparto: siempre hemos estado expuestos a ciertos peligros, dependiendo de la época son mayores o menores, sin embargo, hay algo que hará la diferencia de nuestros hijos frente a ello: los valores.

Y es cierto, varias veces lo he platicado con Gustavo, estamos en una sociedad carente de valores, en la que ya está permitido todo, y sinceramente hemos confundido la libertad con el libertinaje. Sé que lo que digo puede parecer extremo y en cierto punto que me doy golpes de pecho, pero de verdad creo que esa es la verdadera razón de la descomposición social que estamos viendo.

Y son cosas cotidianas que nos muestran estos síntomas y que tal vez no queremos ver, desde que en el transporte público se ve a una señora con su bebé y no se le dé el asiento, hasta que ya no se respete a las personas mayores.

El expositor nos mostró una plática en Facebook entre niños no mayores a 8 años, en donde el 90 por ciento de las palabras eran groserías entre ellos, nos dijo que ellos no querían eso para sus hijos y por eso ellos no tenían Facebook.

Pongo el ejemplo de esta red social, no porque crea que es mala, yo la uso, sólo que considero que para todo hay una edad y las políticas de ésta establecen que es para niños más grandes, que alcancen a dimensionar la decisión de aceptar a alguien como “amigo”.

Sin embargo, el punto es que un niño con valores como el respeto, honestidad, empatía, no caería tan fácil en esta situación de insultos que no llevan a nada, sabría que con la violencia no se resuelven los problemas y que todas las opiniones son válidas, y sabría que es importante respetar a los demás para que te respeten a ti.

En resumen esta pareja nos dio una gran lección de vida, nos dijo que debemos criar a nuestros hijos en un ambiente de cordialidad, no en medio de golpes y sombrerazos o malas contestaciones.

Nos dio algunos consejos para crear un vínculo con ellos y que se sientan queridos y que su opinión cuenta, el amor es el primer paso para generar a esa nueva generación de niños con valores:

  1. Dales un día para ellos solos, déjalos decidir qué quieren hacer, si tienes dos hijos que uno se vaya con tu esposo y otro contigo, ese tiempo debe ser dedicado a uno solo, para demostrarles que son muy importantes y que a pesar del trabajo de todos los días hay un día en que le prestas atención sobre todas las cosas.
  2. Explícales las situaciones, no sólo les digas que no y ya, porque lo dices tú, ellos son muy inteligentes y entenderán las razones.
  3. Juega con ellos, no todo el día, dedícales por lo menos una hora diaria entre semana para platicar y compartir lo que les sucedió.
  4. Recuérdales que los amas en todo momento y diles un mote como campeón, eres un triunfador, recuérdales constantemente que es una persona capaz de lograr lo que se proponga, dales seguridad.
  5. Enséñales el valor de la solidaridad y de ayudar a los demás, de cuidar nuestro planeta y no lastimar a ningún ser vivo, sobre todo a los animales, por muy pequeños que estos sean. 

Y ustedes, ¿qué piensan? ¡Compártanos su opinión!

jueves, 27 de noviembre de 2014

¿Qué hago?... ¡Mi hijo aún no deja el pañal!

Por Sonia Soto Maya




Casi estoy segura que todas las mamás primerizas hemos sentido que algo no anda bien cuando comparamos el desempeño de otro niño con nuestro hijo, no importa en qué sentido, creemos que estamos haciendo algo mal.

Así me sentí luego de que Ana Luisa entró a la guardería y Miss Evelyn me pedía que le llevara varias mudas de ropa, porque comenzaría el entrenamiento para dejar el pañal; mi hija tenía aproximadamente un año y medio.

No fue nada sencillo, ni para Ana Luisa, ni para mí, entre que casi nunca alcanzaba a avisar y que yo no sabía qué hacer para apoyarla, eran momentos en que estuve a punto de ponerme a llorar.

Poco después, la maestra me la entregó con pañal y cuando habíamos empezado el entrenamiento se lo quitó para que comenzará a sentir la sensación de no tener la protección de un pañal.

Me extrañó mucho y le pregunté que qué pasaba. Su respuesta fue como un balde de agua fría para mí: Ana Luisa no estaba suficientemente madura para comenzar a dejar el pañal. Sin embargo, comenzó a explicarme que cada niño se desarrolla a su tiempo y que no era su momento.

La mayoría de sus compañeros comenzaban a controlar esfínteres, pero Ana no y sentí que estaba haciendo algo mal ¿por qué mi hija no podía ir al mismo ritmo que los demás niños?

Me costó trabajo entender que la comparación no sólo te afecta a ti, afecta también a los niños porque comienzas a forzarlos a realizar actividades para las que no están preparados; y sí, es bien cierto que cada niño tiene su tiempo y su desarrollo no tiene porque ser parecido al de otro niño, ni siquiera porque tengan la misma edad.

Llegó una nueva etapa de entrenamiento en la que Ana Luisa entraba y salía del colegio sin pañal, poco a poco comenzaba a avisar con más tiempo, y el pañal se reducía a las noches. Para este momento Ana ya tenía dos años.

Pronto mi hija ya no utilizaba pañal y supe que esa frase de “todo a su tiempo” era una maravillosa verdad. 

¿Qué les puedo compartir de esta etapa? Tengan mucha paciencia, porque los niños se mojan y si ven una mala cara pueden dejar de intentarlo.

No importa cuántas veces tengan que cambiarlos, no se enojen, ni griten, en estos momentos más que nunca ellos necesitan seguridad, y ¿de quién mejor que de su mamá? Háganles saber que los apoyan y que siempre estarán ahí, aunque estén mojados.

Es muy importante que si van a la guardería apoyen a las maestras con el entrenamiento, es decir, en la escuela de Ana Luisa muchas mamás saliendo de ahí les ponían el pañal a sus hijos, porque se iban a orinar en el coche, tomen otras precauciones, pero no le den señales contrarias al niño: sólo en la escuela no se usa pañal, en el carro sí.

¿Cuándo deben dejar de usarlo? Muchos pediatras dicen que a partir del año y medio comienzan a tener la capacidad para avisar, sin embargo, como en mi caso, no se casen con esa idea, dejen que fluya, no se estresen, ni los estresen, denle, "tiempo al tiempo”.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Porque corregir también es amar

Por Sonia Soto Maya




Siempre que veía en la calle a un niño llorar hasta el cansancio e incluso arrastrarse porque su mamá no había cumplido alguno de sus deseos pensaba que cómo era posible que no pudiera controlarlo. 

También pedí con todas mis fuerzas nunca a travesar por una situación así.

Afortunadamente hasta ahora Ana Luisa no se ha arrastrado o me ha hecho un berrinche de esos ni en público ni a solas. Sin embargo, como toda niña tiene sus momentos, esos que por más explicaciones que le des no los haces entender.

Creo que en muchas ocasiones los adultos subestimamos a los niños, y en esa inocencia de creer que no saben lo que hacen o no entienden las implicaciones de sus actos, dejamos que nos manejen a su antojo.

Yo creo que entienden perfecto, y también estoy segura que saben de qué pie cojeamos para que con solamente poner el famoso “ojo Remi” iremos a su rescate o los complaceremos en todo.

Ahora entiendo mucho más a esas pobres mujeres que vi en la calle cuando aún no era mamá, porque controlar un berrinche no sólo es cuestión de dar una nalgada, va mucho más allá, el niño está buscando demostrar su poder y ante la impotencia y también porque no, las miradas que piden que lo calle o que le ponga un hasta aquí, las madres terminan cediendo.

Cómo entendí que en esta situación el adulto soy yo y no podía dejar que mi hija pensara que siempre sería dueña de las situaciones:

1. Primero comencé por ponerle límites. Hay una diferencia muy grande entre demostrarles amor y otra que se crean invencibles. Desde pequeños es importante enseñarles valores, de lo contrario podemos crear pequeños monstruos.

2. Después, ante alguna situación que consideraba no era correcta, le hablaba firme y explicaba las razones por las que no debía hacerlo, por supuesto, con palabras que ella entendiera.

Bajo estos dos principios he educado a mi hija y hasta el momento me ha funcionado.

Ella sabe que la quiero, pero que si hace algo que no considero adecuado hablaré con ella de forma firme y en algunas ocasiones no tendrá derecho a algo que le gusta, esa será una forma de hacerle reflexionar su error.

Me ha costado trabajo no caer ante su mirada, pero he tratado de ser firme ante una determinación. No ha sido fácil, sobre todo porque a sus cuatro años Ana Luisa ya demuestra carácter, será una mujer que no permitirá una injusticia y siempre que considera que estoy equivocada me contesta con sus argumentos, que para su edad muchas veces me sorprenden.

Las mamás de hoy además de todo nos enfrentamos a niños mucho más despiertos que no se quedan callados cuando algo no les parece, no es fácil ser la mala de la novela cuando hay que corregir o quitarle por un lapso algo que les gusta, pero siempre he creído que es mejor actuar a tiempo, para no arrepentirnos después. ¡Nadie dijo que sería fácil!

Y ustedes, ¿cómo enfrentan esos momentos?

jueves, 13 de noviembre de 2014

De "tin marín"... la elección del pediatra

Por Sonia Soto




Ana Luisa nació en un hospital de monjas, en el que además ofrecen consulta especialistas, entre ellos pediatras. Ahí fue la primera vez que la lleve a revisión. Los doctores, me decía la enfermera son militares y además muy buenos.

Ahí fue donde comenzó nuestra aventura con los hospitales. Los doctores me inspiraron confianza, ya que uno de ellos estaba presente durante el parto y fuera de todo ese nerviosismo que tenía lograron calmarme haciéndome la plática y tratándome muy bien, entendiendo que era la primera vez que estaba en un quirófano.

Después del primer mes, cuando las visitas fueron más recurrentes, íbamos cada mes a la revisión general de mi niña, poco a poco la distancia comenzó a pesar, más o menos 30 minutos en coche, y además los doctores sólo atendían por las tardes y la sala de espera estaba casi siempre llena.

Fue en ese momento que apliqué el dicho: “la mejor escuela es la que está cerca de casa, en este caso el mejor pediatra”.

Así que un día descubrí al doctor Arturo Ochoa Jasso y como en mis otras decisiones, me guíe por el instinto, en esta ocasión se ganó mi confianza desde el momento que cargó a la niña. Cada mes la revisaba y nos explicaba por qué esto, por qué el otro, por qué aquello.

Simple y sencillamente me gustó su trato con mi hija y que siempre trataba de explicar en términos "terrícolas" lo que le sucedía o porque era necesaria una revisión mensual.

Él mismo nos enseñó que hay doctores que vienen de diferentes épocas y por lo tanto tienen diferentes esquemas.

Por ejemplo a Ana comenzamos a darle papilla a los cuatro meses. Sí, ya sé que muchos dicen que es hasta los seis meses y otros les dan a los niños desde los dos meses, pero a mí me convenció el hecho de estar en un punto intermedio y ahora Ana come muy bien y prácticamente de todo.

Con él aprendí que hay muchas formas de demostrar cariño a nuestros hijos, darles besos en la boca no era una de ellas, ya que como adultos tenemos bacterias diferentes que los atacan de forma más grave.

Así que según mi experiencia, ¿Qué puedo decirles sobre cómo elegir al mejor pediatra? 

1. Es una decisión que sí bien creo que no se debe dejar a la suerte, porque está en juego la salud de nuestros hijos, no hay otra forma de descubrirlo más que experimentando.

2. Muchas ocasiones nos dejamos llevar por las opiniones de los demás y nos perdemos la experiencia de descubrirlo por nosotros mismos. 

3. Es importante evaluar la mejoría que tiene nuestro hijo con el tratamiento que le manda el pediatra en caso de enfermedad. Yo por ejemplo, les puedo decir que con el doctor Ochoa nunca fue necesario ir nuevamente a revisión porque Ana no se reponía.

4. Como mamás debemos sentir confianza con el médico de nuestros hijos por la forma en la que detecta lo que tiene.

5. Mi principal recomendación sería que si tienen que ir varias veces porque no se recupera, para mí quiere decir que algo anda mal. 

6. Y por último, como siempre les digo, no hay mejor aliado que el instinto. Déjense guiar por él cuando la decisión parezca compleja.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Home-office, ¿el trabajo ideal para mamás?

Por Sonia Soto Maya




Es típico que cuando platico sobre que mi empleo, y por supuesto mi jefe, me permiten realizar mi trabajo desde casa, se piense que es la situación más maravillosa y que todos desearían estar en una situación así.

Como todo en la vida esta situación tiene luces y sombras. Mentiría si dijera que esta situación no me ha traído muchas bendiciones, la más importante es estar cerca de mi hija y hacer cosas tan comunes y mágicas como llevarla e irla a traer del colegio o vestirla para festejar el Día de Muertos y ver esa ilusión que tiene por asistir. Cosas que tal vez a muchas mujeres les parecen totalmente normales, pero para mí, por primera vez en esta situación laboral, son invaluables.

Pese a todo ello, el home office no es tan sencillo como se cree. Desde mi experiencia, y así es como lo describo, tienes que pasar de un rol a otro, a veces sin tener cinco minutos para cambiarte el chip, lo que hace que quisieras que el día tuviera 24 horas más, aunque tal vez no las aguantarías.

Al principio en mi casa a todos les parecía fuera de lo común que estuviera sentada ahí, pero sobre todo que estuviera trabajando, incluso mi hija se me acercaba y me decía que qué hacía.

Mi mamá se ponía a platicar conmigo, por supuesto, todos ellos vivieron la novedad que después de siete años ya no tenía que salir todos los días a la oficina.

Poco a poco comenzaron a darse cuenta que así era mi trabajo, comenzaban a salirse de la sala donde tengo la computadora y se iban a otro cuarto para poder conversar a gusto; en el caso de mi hija, los días que está por la mañana todavía se acerca a pedirme que si el agua, que si leche, ella sólo tiene cuatro años y le es más difícil entender la situación.

Después de casi un año de trabajar de esta manera considero que el home office requiere de mucha autodisciplina, e incluso platicando con especialistas laborales, me doy cuenta que no es para todos, ¿lo es para mí? Todavía considero que estoy en el proceso de organizarme más.

Los especialistas consideran que si realizas home office debes seguir la misma rutina que si fueras a una oficina, levantarte y arreglarte para ello.

En el caso de las mamás es un excelente consejo, porque a las 10 de la noche descubriste que no te dio tiempo ni para cambiarte la pijama y estás echa una facha, lo cual podría incluso hasta alejarte de tu pareja, imagina encontrar diario a una mujer que podrían llamar fodonga.

Sin embargo, nadie sabe que esa mujer fodonga hizo su trabajo, atendió a los niños, hizo los quehaceres del hogar, lavó ropa e hizo de comer, y entre todo ello no se dio tiempo para ella.


Para mí el home office es una excelente herramienta para las mamás trabajadoras, el reto está en realizarlo de tal forma que no termines total y absolutamente agotada.

jueves, 30 de octubre de 2014

Mi primer gran angustia

Por Sonia Soto Maya


Una vez pasado el mes de incapacidad que me correspondía al haber tenido a mi niña, separarme de ella no fue nada sencillo, pese a que sabía que no podía estar en mejores manos: las de mi madre.

Ese día fue muy muy largo, tal vez uno de los más largos de mi vida. A unos minutos de haberla dejado comencé a llorar en el coche, Gustavo me abrazó me dijo que iba a estar bien, pero sentí una tristeza muy profunda por la separación.

Creo que esa angustia no la volví a sentir hasta que cumplió un año y medio. Nuestra rutina cambió nuevamente, por diversas circunstancias mi mamá no podría cuidarla los martes y entonces fue cuando decidimos que iría a la guardería.

Yo tenía identificada una, siempre que pasábamos por el lugar donde estaba ubicada pensaba que era el lugar perfecto para que Ana se quedara una parte del día.

Pues bien, el día llegó y fuimos a visitar la guardería que yo había elegido, aún sin siquiera haber entrado a ella, eran días complicados pues se acercaban las vacaciones de diciembre, y no encontramos a la directora, nos atendió una Miss.

Escuchamos atentamente todo su plan de estudios y nos mostraron las instalaciones, el momento de escuchar el costo de la colegiatura y los materiales fue muy decepcionante para mi, pues no estaba dentro de mi presupuesto, creo que seguía aferrada a que Ana Luisa estuviera ahí, sin embargo, el destino me tenía preparada otra cosa.

Caminamos hacía el coche, cuando de repente encontramos un kínder y guardería, decidimos preguntar, ya que andábamos en eso: En esta ocasión sí encontramos a la directora del plantel.

Era una señora con una voz muy fuerte, ella siempre decía que no necesitaba ni micrófono para que la escucharan, nos sentamos en su oficina y su primera pregunta fue ¿cuáles son sus necesidades?

Desde ese momento comencé a sentirme cómoda con ese espacio, además de que la directora me inspiró mucha confianza: Miss Sara tenía una personalidad arrolladora, era de esas personas que sobresalen en donde quiera que estén.

Ese mismo día Ana Luisa tuvo su primer día, llegamos y le llamó la atención una fuente que estaba en la entrada, ahí se la llevó una de las maestras para distraerla en lo que nosotros salíamos sin que nos viera.

No les puedo describir la angustia que sentí, cuando pensé que ya no le hacía falta y que me había cambiado por el agua de la fuente. Mi instinto nuevamente me decía que estaría bien, fue el mismo que me llevó a elegir ese lugar, sin embargo, si intento describir la sensación fue como si me quitaran una parte de mí.

La situación no fue nada fácil durante una semana, Ana me tomaba de la ropa y no me soltaba cuando llegaba a dejarla a la guardería, fue parte del proceso de adaptarnos a esta nueva etapa ¿cómo lo sé?

Una semana después Ana ya ni se despedía, llegábamos a la puerta y solita tomaba camino.

Si quieren saber si la guardería que eligen para su hijo es la correcta, sólo vean su actitud, sabrán inmediatamente, si las maestras los tratan bien, si están contentos de llegar ahí. 

En el caso de Ana Luisa llegamos al lugar correcto: todos mostraban su cariño y dedicación por todos los niños del Roads School, desde la señorita Lucy que nos recibía en la puerta, hasta el señor Víctor que se encargaba de la limpieza.

En ese lugar Ana se volvió más sociable, aprendió a hablar, realizó su primer baile de primavera y dejó de usar pañal. 

Tal vez ella no recuerde a Miss Evelin, su primer maestra, pero yo siempre estaré muy agradecida por todo lo que le enseñó, pero sobre todo, por el cariño que le dio a mi niña. 

jueves, 23 de octubre de 2014

Como si fuera la primera vez

Por Sonia Soto


Mi vida tiene un parteaguas que es el nacimiento de mi hija.

Una vez escuché que alguien decía que su hijo cumplía un año más, pero para ella fue como volver a nacer, así que era como si dos nuevas vidas se hubieran gestado.

Esta frase me dejó marcada y creo que encierra todo lo que significa tener a Ana Luisa conmigo.

En efecto, el nacimiento de ella trajo consigo mi renacer, se que parece muy rebuscado, pero es una situación simple: mi hija me ha enseñado a ver cada cosa con el asombro de la primera vez, por decirlo de alguna forma recuperé mi capacidad para admirar cada instante y detalles por muy pequeños que sean.

Conforme Ana crecía yo aprendía con ella, bueno sólo tiene cuatro años, los aprendizajes son muchos, pero creo que el que más valoro es esa capacidad de asombro que me ha regalado todos los días de estos hermosos cuatro años.

Ahora sí que el alumno superó al maestro y me refiero a ello porque como madres pensamos que
somos las responsables de enseñar, pero pocas veces nos preparamos para recibir lecciones de nuestros pequeños.

Los adultos en general tendemos a dejar de ver esos detalles que la vida nos da, el ajetreo, el trabajo, los quehaceres diarios, hacen que poco a poco perdamos esa capacidad de asombro que a los niños les sobra.

Tener un hijo es como esperar los regalos bajo el arbolito todas las navidades, dice una amiga, y creo que definitivamente es así, mi hija me ha demostrado que la vida son instantes de felicidad que te llevas en el corazón y que al pasar de los años te llenan de regocijo y alegría cuando los recuerdas.

Mi hija me ha enseñado a amar de forma incondicional, por ello creo que ahora admiro mucho más a mi madre, porque sé que daría todo por mí, así como yo lo daría por Ana Luisa… sólo por verla sonreír.

Por supuesto que no puedo olvidarme de aprendizajes como la paciencia, una capacidad que creo explotamos más en los primeros meses, la etapa más difícil para mí de un pequeño, porque no puede expresarte qué le sucede, es prácticamente una labor de adivina entender el por qué de su llanto.

Como dije en el post anterior el instinto nos ayuda mucho, pero mientras aprendemos a hacerle caso sufrimos mucho, en ese sentido me siento también afortunada, siempre tuve a mi madre enseñándome todo lo que sabía y dándome un abrazo, de esos que alivian mágicamente cualquier preocupación o dolor.

Al principio este cambio en la vida es complicado de asimilar, sobre todo porque pierdes independencia y dejas de estar en el primer lugar de tus prioridades, pero hay una palabra mágica que te libera de todo malestar: ¡Mami!

jueves, 16 de octubre de 2014

Cuando ser mamá no estaba entre mis planes

Por Sonia Soto

Debo de reconocer que una de las cosas que no figuraba en mi plan de vida era ser mamá. ¿La razón? Crecí en medio de muchos sobrinos y vi las que pasaban mis cuñadas y hermanos en medio de esta nada sencilla labor.

Fue la primera expresión que escuché de mis amigas más cercanas cuando les di la noticia: “la que no quería tener niños porque en su casa ya había muchos”, decían.

Cuando tuve la sospecha fui con mi esposo a la farmacia y compramos una prueba casera, nos sentamos en una banqueta y leímos cuidadosamente las instrucciones, pasamos un buen rato ahí sentados sin hablar, tal vez cada uno pensando en esta gran responsabilidad y cómo cambiaría nuestras vidas.

Llegamos a casa y me realicé la prueba, el resultado más que positivo fue el inicio de una gran aventura que hoy, a cuatro años considero, es la mejor de toda mi vida, y lo mejor es que cada día se escribe un álbum con muchas más.

El siguiente paso fue decírselos a los seres que me han enseñado y demostrado el amor más incondicional y sincero: mis padres.

Su reacción fue como la esperaba: apoyo incondicional, lleno de amor y siempre con un respaldo que hasta este momento me siguen dando en todos los sentidos.

Mi pequeña Ana Luisa aún no se comenzaba a formar y ya tenía a cuatro personas que la adoraban sin conocer su ojos, sin poder tocar sus manos, pero sintiendo su corazón aún a semanas de comenzar a crecer en mi vientre.

Inmediatamente comencé a documentarme, todo lo que hablaba sobre maternidad lo leía, todo me sirvió para darme cuenta que se debe vivir esta etapa sin tanta tensión, sí con responsabilidad, porque traer un ser a este mundo es increíble, pero ese instinto que tenemos, prácticamente resuelve la mayoría de las dificultades, no me pregunten cómo, simplemente es así.

Siempre he pensado que el amor lo puede todo, también que el amor de tu vida llega a romper ese plan que forjaste, y lo comprobé en carne propia: Gustavo llegó a romper esa vida que me había impuesto, me inspiró la maternidad y sí, cambió mi forma de concebirla.

Gracias a ello pude enamorarme de una personita que todavía no conocía, y sin temor a equivocarme sé que es lo mejor que me ha regalado la vida: sus sonrisas, sus miradas, sus ocurrencias.

Ese día definitivamente cambió completamente mi existencia, sigo cambiando para bien, aprendiendo sobre la marcha, pero sobre todo tratando de que mi niña sea muy feliz.