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lunes, 22 de diciembre de 2014

Construye tu Navidad con LEGO

Por Merle Guadarrama 



El fin de semana Charlas de Mamás estuvo presente en la inauguración de una de las actividades más recreativas y divertidas para nuestros hijos. 

Como hemos venido platicándoles ideas de qué hacer en vacaciones con los peques y justo hoy que ya están en casita creánme que  les tenemos una muy buena opción. 


LEGO, sí, esos bricks que tanto les gustan a nuestros niños, estará del 20 de diciembre al 7 de enero en el Papalote Museo del Niño. 

Podrán ver el Árbol LEGO de Navidad más grande de México creado con estos bloques, mide apróximadamente 5 metros.



Además gozarán de diversas actividades de construcción libre para que nuestros bebés puedan echar a volar la imaginación, también hay una alberca de bricks, torneos, figuras formadas con los bloques y una gran cantidad de diversión. 






Pero para las mamás que tenemos bebés muy chiquitos no se preocupen pues hay actividades para divertir a niñas y niños desde un año y medio y hasta 14 años.


Y ¿porqué no? también los papás nos podemos divertir y pasar un gran momento a lado de nuestros hijos donde todos podemos aprender pues nuestro límite es la imaginación.

Vale mucho la pena que en estas vacaciones tomen esta opción porque además de poder entrar a la sala LEGO podrán tener acceso al Museo y divertirse mucho.

No dejen de contarnos qué les pareció y recuerden que lo importante es pasar tiempo con nuestros hijos, ese tiempo es muy enriquecedor y nos sirve a ambos. 


Es una época de compartir y qué mejor a lado de nuestros tesoros. 

Nos seguimos leyendo y ¡a divertirnos!





miércoles, 10 de diciembre de 2014

¡Nos han tomado la medida!

Por Merle Guadarrama 




Se tiran al suelo, nos hacen ojitos “Remi”, nos paran la trompra, rompen en llanto y… ¡corremos a verlos! 

Muchas abuelas dirán que los dejemos llorar, que hagan pulmón pero ¿hasta qué punto debemos ceder como padres? ¿Nos toman la medida? 

Es complicado el tema pues a todos nos desespera no tener todo inmediato, que no nos presten atención inmediata o que si nos sucede algo nos atiendan. 

Hasta aquí parece lógico que nuestros hijos al igual que un adulto llore o se moleste porque no tiene lo que quiere pero debemos poner límites para que no nos tomen la medida. 

Lo que yo he hecho es jamás gritarle, a mí, en lo personal, me aturden los gritos y creo que una persona no asimila con los gritos, tampoco le pego. 

Lo que hago con Alonso es hablar y aunque esté pequeño sé que entiende y sé que aunque no lo asimile al 100 está aprendiendo a saber lo que no debe y sí puede hacer. 

Por eso cuando comienza en un momento de llanto o estrés, le pregunto qué es lo que pasa y trato de solucionarlo si así continúa con el llanto o puchero lo dejo que llore pues él está eligiendo su estado . 

Claro que si veo que le está o le está causando daño lo atiendo de inmediato. 

Debemos medir nosotros hasta dónde los dejamos que hagan berrinche o que llorón o que den mimos de más, porque también pasa. Ninguna de las dos parte debemos dejar tomarnos la medida, si no debemos tomarnos el tiempo de conocernos y acoplarnos. 

Nos leemos la siguiente… 

martes, 9 de diciembre de 2014

Lo que nadie te dice sobre la lactancia

Por Claudia Castro




No hay una imagen más emotiva que una madre amamantando a su bebé, pero no hay nada más alejado a esa paz y ternura que esa primera vez en la que la enfermera te lleva a tu hijo y tú te quedas con cara de ¿y ahora qué?

Leí muchas cosas sobre la lactancia mientras esperaba la llegada de Mateo, pero en realidad nunca leí nada sobre los retos que representan esta etapa:

¡Duele!

Yo me pregunto ¿cómo es que nadie me dijo lo mucho que dolía? Quienes ya han sido mamás, deberían terapearnos a las primerizas y decirnos que es uno de los mayores dolores que uno enfrenta cuando te acabas de convertir en mamá.

Recuerdo que cada vez que le iba a dar de comer a Mateo, sufría, me daba hasta pavor acercármelo por lo mucho que me iba a doler. No solo por la propia succión, sino además por los entuertos, que son esas contracciones del útero que se presentan cuando el bebé succiona el pezón.

Además, cada vez que se llenan los senos por la producción de la leche, duelen, se sienten hinchados y se presentan síntomas como de resfriado y cuerpo cortado; y ¡no se diga si se llegan a tapar ciertos conductos produciendo mastitis! 

Constancia

Pareciera que en cuanto nace el bebé por arte de magia tendremos leche y al menos en mi caso, la bajada de la leche no fue inmediata y mucho tuvo qué ver el que fuera cesárea. Por eso yo creo que antes de tirar la toalla y decir, “no tuve leche” lo importante es ser constante y ponértelo cada vez que tenga hambre aunque después tengas que completarlo con fórmula. Aunque tú creas que casi no te sale leche, recuerda que el recién nacido necesita muy poquito para llenar su pancita.

Toma mucha agua y come ensaladas y fruta. Yo comprobé lo que me decía la doctora: no se necesitan atoles, ni nada de esas cosas que sólo engordan para tener leche.

Presión social

Es típico que además de ir a conocer a tu bebé recién llegado del hospital, la suegra, las tías y las amigas te salgan con la pregunta ¿y le estás dando pecho? No te sientas mal de decir que todavía no tienes la suficiente leche como para llenarlo. La mayoría pasamos por eso. 

Que esa no sea una razón suficiente para darte por vencida. Puedes decir, apenas me está bajando pero por ello me pongo a mi bebé tan seguido como él quiere. Y de verdad, esa es la clave.

Además practica el apego, las duchas con agua caliente, los masajes y te sorprenderás cómo incluso te comenzará a salir leche un par de minutos antes de que tu bebé llore porque tiene hambre.

Pero si a pesar de eso, pasan los días y las semanas y no tuviste suficiente leche, no te sientas culpable de eso, ni te compares con otras mamás. Esa no es una condición que te haga ser una mejor o peor mamá.

Tranquila

A pesar de los dolores, de que llegues a presentar incluso mastitis, de los entuertos o de que incluso no tuvieras la suficiente leche y tuvieras que completar la alimentación con fórmula, nada como dejarte sorprender con las maravillas de la naturaleza y la lactancia es una de ellas.

Todo pasa y más pronto que tarde, tu bebé y tú habrán encontrado la postura correcta y cómoda para no padecer los terribles dolores por amamantar. Tus pezones se habrán acostumbrado y las llagas serán algo que no tendrás que seguir sufriendo. Cuando menos te lo imagines, no podrás evitar dejar salir algunas lágrimas completamente conmovida por ver a tu bebé alimentándose de ti.

Y ustedes, ¿qué otras cosas descubrieron con la lactancia?



lunes, 8 de diciembre de 2014

¿Dejo llorar a mi hijo o corro a atenderlo?

Por Ceci Torres

 


Desde que uno está esperando bebé, solemos escuchar comentarios, consejos y recomendaciones de todos lados, desde tu mamá, suegra, amigas, hermanas, primas, compañeras de la oficina, etc, sobre todo tipo de temas, que si es bueno tener cesárea o natural, que es buena la mamila o el pecho, que si un doctor es mejor que otro y así múltiples temas.

Cuando uno se adentra a este mundo escuchas de todo y tomas lo que desde tus gustos, tus creencias y otras cosas te dicten. Pero ya que tenemos al niño en brazos es sumamente complicado, porque existen mil tendencias y opiniones sobre los temas y todos tienen sus muy respetables justificaciones.

Así me parece que es este tema, ¿dejo llorar a mi hijo o corro a atenderlo? 

Recuerdo que Diego tenía escaso mes de nacido y era sumamente demandante, todo el tiempo quería estar en brazos, se dormía en ellos e intentar dejarlo en su cuna era un tema, porque lo sentía de inmediato y comenzaba a llorar de nuevo. 

Había días que yo quería llorar con él, porque me sentía tan cansada que imploraba se quedara media hora en su cuna. Tema por el cual comencé a investigar y preguntar qué hacer.

El pediatra me dijo que lo dejara llorar, que le dijera que siempre lo iba a amar y no lo iba a dejar, pero que yo estaba ocupada y no podía estarlo cargando y porque si corría a atenderlo iba a ser una persona aún más demandante y me iba a tomar la medida. 

Otras personas, me decían que el vínculo, el calor y la seguridad se las daba uno de esa forma y que si nuestra chamba los primeros meses era dedicarnos a ellos, pues que lo que había que hacer era atenderlos. 

Honestamente yo quería gritar, no sabía qué era bueno y qué no. Recuerdo que un día lo dejé llorar e intenté hacer lo que el doctor me había dicho, fue un suplicio, pues después de 10 minutos yo ya lloraba con él y quería correr a cargarlo, pero por otro lado yo decía “tengo que ser fuerte, el doctor me dijo que máximo lloran 30 minutos".

Más tarde, me invadía una culpa terrible por sentirme una mala madre y no darle el calor y la seguridad que dicen les damos teniéndolos en nuestros brazos.

Al final lo que funcionó fue algunas veces sí ir y atenderlo y otras no, acercarme, hablarle y continuar. 

La verdad no recuerdo cuál funcionó y cuánto tiempo duró, lo que sé es que cada decisión es igual de respetable y que cada bebé y mamá somos distintos. Sin embargo investigué un poquito y les dejo algunos comentarios de expertos para que ustedes tomen la decisión que crean es la mejor:

Según Cristina Silvente, Psicóloga de la Salud y Perinatal, lo ideal son los brazos. Ella comenta que desde hace décadas, se conocen los efectos del déficit de contacto físico en bebés, especialmente en orfelinatos. Se conoce como la Teoría del Apego, desarrollada por autores como John Bowlby, Harry Harlow, Mary Ainsworth, entre otros. 

El apego es el vínculo emocional que desarrolla el niño/a con sus cuidadores y que le proporciona la seguridad emocional indispensable para un buen desarrollo de la personalidad. 

Cristina y Sue Gerhardt, autora del libro "El Amor Maternal", afirman que en base a los conocimientos de neurociencia, “el bebé, para su desarrollo, no necesita ayudas pedagógicas o culturales, sino que es más apropiado, simplemente, cogerlo en brazos y disfrutar de él”. 

Las áreas del cerebro que en el futuro serán responsables del comportamiento social, la regulación emocional, el afrontamiento al estrés se desarrollan durante los tres primeros años de vida. Sentirse amorosamente en brazos del progenitor es el estímulo más importante para el desarrollo”. 

Las caricias ayudan a regular el sistema nervioso del bebé. 

Ahora toma tú la mejor decisión para ti y tu bebé.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Los valores en tiempos de Facebook

Por Sonia Soto Maya




En el primer año de Ana Luisa en el kínder la escuela organizó una plática que se denominaba “Participando en la educación de nuestro hijos”. Gustavo y yo nunca dudamos en tomarlo, y asistimos las dos sesiones.

Éste fue impartido por dos padres, como nosotros, pero con hijos ya de Primaria. La primera pregunta que me ayudó a reflexionar fue a qué nuevo peligro estaban expuestos nuestros hijos en esta época y entre que las niñas están aventándose la responsabilidad de traer un bebé a este mundo, es decir, cada vez tenemos más niñas criando niños, me llamó la atención que un nuevo foco de alerta fuera la tecnología y en especial Facebook.

Y es que cuántas veces no hemos visto que alguien se le ocurre citar a niñas a través de este medio y se produce desde trata de blancas hasta violaciones.

¿Entonces? ¿Lo mejor sería alejar a nuestros hijos de eso para que no les pase nada? yo entendí con la plática que la línea es muy delgada entre aislarlos o cuidarlos, por eso nuestras decisiones son difíciles de tomar.

El señor que nos impartía la plática nos dio un argumento que sin lugar a dudas comparto: siempre hemos estado expuestos a ciertos peligros, dependiendo de la época son mayores o menores, sin embargo, hay algo que hará la diferencia de nuestros hijos frente a ello: los valores.

Y es cierto, varias veces lo he platicado con Gustavo, estamos en una sociedad carente de valores, en la que ya está permitido todo, y sinceramente hemos confundido la libertad con el libertinaje. Sé que lo que digo puede parecer extremo y en cierto punto que me doy golpes de pecho, pero de verdad creo que esa es la verdadera razón de la descomposición social que estamos viendo.

Y son cosas cotidianas que nos muestran estos síntomas y que tal vez no queremos ver, desde que en el transporte público se ve a una señora con su bebé y no se le dé el asiento, hasta que ya no se respete a las personas mayores.

El expositor nos mostró una plática en Facebook entre niños no mayores a 8 años, en donde el 90 por ciento de las palabras eran groserías entre ellos, nos dijo que ellos no querían eso para sus hijos y por eso ellos no tenían Facebook.

Pongo el ejemplo de esta red social, no porque crea que es mala, yo la uso, sólo que considero que para todo hay una edad y las políticas de ésta establecen que es para niños más grandes, que alcancen a dimensionar la decisión de aceptar a alguien como “amigo”.

Sin embargo, el punto es que un niño con valores como el respeto, honestidad, empatía, no caería tan fácil en esta situación de insultos que no llevan a nada, sabría que con la violencia no se resuelven los problemas y que todas las opiniones son válidas, y sabría que es importante respetar a los demás para que te respeten a ti.

En resumen esta pareja nos dio una gran lección de vida, nos dijo que debemos criar a nuestros hijos en un ambiente de cordialidad, no en medio de golpes y sombrerazos o malas contestaciones.

Nos dio algunos consejos para crear un vínculo con ellos y que se sientan queridos y que su opinión cuenta, el amor es el primer paso para generar a esa nueva generación de niños con valores:

  1. Dales un día para ellos solos, déjalos decidir qué quieren hacer, si tienes dos hijos que uno se vaya con tu esposo y otro contigo, ese tiempo debe ser dedicado a uno solo, para demostrarles que son muy importantes y que a pesar del trabajo de todos los días hay un día en que le prestas atención sobre todas las cosas.
  2. Explícales las situaciones, no sólo les digas que no y ya, porque lo dices tú, ellos son muy inteligentes y entenderán las razones.
  3. Juega con ellos, no todo el día, dedícales por lo menos una hora diaria entre semana para platicar y compartir lo que les sucedió.
  4. Recuérdales que los amas en todo momento y diles un mote como campeón, eres un triunfador, recuérdales constantemente que es una persona capaz de lograr lo que se proponga, dales seguridad.
  5. Enséñales el valor de la solidaridad y de ayudar a los demás, de cuidar nuestro planeta y no lastimar a ningún ser vivo, sobre todo a los animales, por muy pequeños que estos sean. 

Y ustedes, ¿qué piensan? ¡Compártanos su opinión!

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Un paso a la independencia

Por Merle Guadarrama

Cuando los bebés cumplen un año y comienzan a comer casi de todo es cuando más nos llegan las dudas de qué y cómo pueden comer. Dejar la mamila y dar el siguiente paso es uno de esos temas que no sabemos en qué momento hacerlo.

Para ser sincera me ha costado un poquito de trabajo y lo que he hecho es sólo darle la mamila en la noche porque se arrulla.

Durante el día como asiste a la guardería pues se me ha facilitado con la ayuda de sus maestras y me echan la mano para que Alonso no se me haga tan flojito y comience a usar el vaso entrenador.

Primero comencé a darle juguitos pues el agua como que le hace cara de "fuchi". Le pregunté a su pediatra y me dijo que era normal que el “paso” les costara un poco de trabajo pues el sabor de la leche y el “calor de mamá” que ofrece la mamila es difícil de soltar.

Y si a esto le sumamos darle agua simple o de sabor pues aún es más complicado pero lo que hice fue ir poco a poco para que vaya aceptando el vaso.

Primero le di agua  o jugo en esas botellas de Bonafont que  su presentación traen como chupón para que no fuera tan drástico el cambio y además se familiarizará con el sabor.

Al paso de una o dos semanas se la di en vasito entrenador, éstos son muy llamativos o con figuras que les llame la atención.

Y así, suena fácil pero tiene su complejidad, poco a poco Alonso bebe agua y jugo en su vasito y la mamila sólo la agarra en la noche cuando le toca tomar su leche y soñar e ir armando sus sueños…

martes, 2 de diciembre de 2014

Porque las mamás también necesitamos un respiro

Por Claudia Castro




El único trabajo que nos demanda tener disponibilidad inmediata las 24 horas del día, los 365 días del año y sin ninguna paga es ser mamá. Sin duda podemos decir que la mejor recompensa por este esfuerzo cotidiano son las sonrisas de nuestros pequeños, sus abrazos, el escucharlos llamarnos “mamá”, pero la verdad es que también para poder estar enteras y dispuestas, con actitud, relajadas y en equilibrio, necesitamos un respiro.

Y miren que se los dice alguien que difícilmente logra dárselo. Me cuesta mucho trabajo pensar en mí antes que en mi hijo y/o en mi esposo.

A veces me siento como un hámster en su rueda desde que empieza mi día, hasta que termina: Soy la mamá, la esposa, la reportera, la hija, la hermana, y otros días, también soy la amiga, la vecina, la estilista, la consejera, la cocinera y hasta la veterinaria.

Uno anda por la vida tratando de cumplir con todos esos roles y queriendo quedar bien con todo mundo, que con frecuencia nos olvidamos del más importante: antes que todo somos mujeres y como tales necesitamos querernos, consentirnos, tener nuestro espacio, ser importantes para nosotras mismas.

Ahora, de decirlo a hacerlo, hay un abismo de distancia. Hay un sentimiento que parece poner un freno a toda intención por darnos un lugar importante en nuestra propia vida que se llama ¡Culpa!

¿Por qué existe? De verdad que si no fuera por esa bendita culpa, uno andaría tan quitado de la pena por la vida. Pero, ¡Ah, no! Tiene que estar ese diablillo enjuiciador diciéndonos, “¿Cómo puedes irte a seguir realizándote profesionalmente cuando acabas de ‘abandonar’ a tu hijo en la guardería?”, “¿Cómo eres capaz de irte con tu esposo al cine y andar como si fueran solteritos cuando tienes a un bebé en casa?”, “¿Cómo puedes pensar en un cambio de look o en comprarte ropa o zapatos, cuando ahora lo que tienes que comprar es leche y pañales?”

Y a todas esas preguntas deberíamos de respondernos, ¡claro que puedo hacerlo, no sólo porque ya cumplí con mi deber de mamá, esposa y bla, bla, bla… sino porque además me lo merezco y punto!
Así que el primer paso para poder procurarnos a nosotras mismas es hacer la culpa a un lado y comenzar con pequeñas acciones diarias. Les doy algunas ideas, que no por llevarlas a cabo nos hacen malas madres…
  1. Ir al cine con el esposo o las amigas
  2. Tener una cena romántica con el esposo
  3. Tomar el café con las amigas
  4. Organizar un desayuno con las vecinas
  5. Ir sola de compras
  6. Teñirse el cabello, hacerse manicure/ pedicure
  7. Tomar una siesta mientras el bebé disfruta un tiempo a solas con papá
  8. Tomar un baño con agua caliente 
  9. Leer su libro favorito
  10. Ver su serie preferida en Netflix
En mi caso, salir a mis eventos y conferencias de prensa es mi principal válvula de escape. Disfruto desde el tener qué arreglarme, pensar en qué me pongo, cómo me peino, escuchar las noticias en mi coche durante el trayecto o cantar una de mis canciones favoritas a todo pulmón mientras espero el verde del semáforo; luego llegar, platicar con mis compañeros, conocer gente nueva, escuchar historias, pensar en la nota, redactar… ¡Todas esas cosas recargan mi pila!

Ser mamá requiere de tanta energía, que a veces ni el propio descanso es tan reparador. Necesitamos encontrar esas cosas que sirvan de alimento para nuestra autoestima, para sentirnos íntegras, completas, felices, en armonía y no que nos conviertan en madres histéricas que se la pasen dándoles de gritos a sus hijos… Bueno, eso pienso o ¿ustedes cómo ven?

lunes, 1 de diciembre de 2014

Hijo único, ¿y el otro para cuándo?

Por Ceci Torres




Me cuesta un poco de trabajo entender por qué siempre tenemos que cuestionarnos lo que sigue.

Cuando estamos en la universidad preguntamos ¿y el novio/a? , luego tenemos novio la pregunta es ¿para cuándo la boda?, nos casamos y empiezan ¿y para cuándo el bebé? y llega el maravilloso bebé y entonces es ¿y para cuándo el otro? Y así sucesivamente no dejamos de realizar preguntas.

Esta última es maravillosa, porque apenas está uno aprendiendo a ser papás y tratando de entender el mundo de los niños, el cual  no es nada fácil y la gran responsabilidad que tenemos para con ellos y el mundo solo pregunta ¿y para cuándo el otro?

Yo creo que esta decisión es únicamente de la pareja, el mundo puede decir misa y darte las mil explicaciones de porque no está padre ser hijo único, del por qué es importante compartir con alguien. Pero qué pasa si la pareja sólo decidió tener un solo hijo, ¿está mal esto?

En mi experiencia es una pregunta que nos hemos realizado durante más de un año. A raíz de que Diego cumplió el año y medio yo me sentí lista para el que seguía, pero Jorge no y esto fue algo que nos hizo detenernos un momento y pensar: otro bebé implica gastos extras, una logística completamente distinta, porque mientras uno está en el kínder, el otro tiene que ir a guardería o quedarse con la abuela o persona(s) que puedan apoyar. Los viajes ya no son de dos, ni de tres, si no de cuatro. Las actividades después de la escuela o de la guardería ya no son únicamente con uno y por obvias razones la atención tampoco, esto, es algo que me invadía de miedo y me hacía preguntarme si de verdad habría otro. 

Pero por otro lado, tengo la experiencia de tener una hermana gemela, crecí con alguien, compartí con alguien, me pelee e hice esa conexión que sólo con ella voy a poder hacer en toda mi vida. 
¡Imagínense, estábamos embarazadas al mismo tiempo! La verdad es una experiencia que agradezco a Dios y a la vida poder haber compartido con ella, pero solo con ella pude haberlo tenido y aunque nos la pasemos en temporadas de la greña y en otras nos amemos (como buenas hermanas) la verdad es que ella es mi mita (así nos decimos), y definitivamente es una parte de mi vida que no visualizo jamás sin ella, ni lo cambiaría.

Entonces regreso a la pregunta ¿y para cuándo el otro?

A mí, sí me pesa la importancia de que pueda tener con quién compartir, con quién quejarse de nosotros (sus papás) y lo entienda solo como ellos sabrían, de tener esas peleas que solo con los hermanos se puede tener y saber que ellos ahí van a estar para ti al otro día o cuando se les pase, de tener esas vivencias que solo con ellos y que el día que nosotros faltemos ellos puedan contar con el otro y saber que son familia y estarán ahí.

Sin embargo, también es súper respetable el que una pareja decida tener únicamente un hijo por los motivos que esto los lleve a tomar esta decisión. Repito, creo que esta decisión se toma únicamente en pareja y debemos respetar y no presionar.

Tú, ¿has escuchado esta pregunta?, ¿qué opinas?

jueves, 27 de noviembre de 2014

¿Qué hago?... ¡Mi hijo aún no deja el pañal!

Por Sonia Soto Maya




Casi estoy segura que todas las mamás primerizas hemos sentido que algo no anda bien cuando comparamos el desempeño de otro niño con nuestro hijo, no importa en qué sentido, creemos que estamos haciendo algo mal.

Así me sentí luego de que Ana Luisa entró a la guardería y Miss Evelyn me pedía que le llevara varias mudas de ropa, porque comenzaría el entrenamiento para dejar el pañal; mi hija tenía aproximadamente un año y medio.

No fue nada sencillo, ni para Ana Luisa, ni para mí, entre que casi nunca alcanzaba a avisar y que yo no sabía qué hacer para apoyarla, eran momentos en que estuve a punto de ponerme a llorar.

Poco después, la maestra me la entregó con pañal y cuando habíamos empezado el entrenamiento se lo quitó para que comenzará a sentir la sensación de no tener la protección de un pañal.

Me extrañó mucho y le pregunté que qué pasaba. Su respuesta fue como un balde de agua fría para mí: Ana Luisa no estaba suficientemente madura para comenzar a dejar el pañal. Sin embargo, comenzó a explicarme que cada niño se desarrolla a su tiempo y que no era su momento.

La mayoría de sus compañeros comenzaban a controlar esfínteres, pero Ana no y sentí que estaba haciendo algo mal ¿por qué mi hija no podía ir al mismo ritmo que los demás niños?

Me costó trabajo entender que la comparación no sólo te afecta a ti, afecta también a los niños porque comienzas a forzarlos a realizar actividades para las que no están preparados; y sí, es bien cierto que cada niño tiene su tiempo y su desarrollo no tiene porque ser parecido al de otro niño, ni siquiera porque tengan la misma edad.

Llegó una nueva etapa de entrenamiento en la que Ana Luisa entraba y salía del colegio sin pañal, poco a poco comenzaba a avisar con más tiempo, y el pañal se reducía a las noches. Para este momento Ana ya tenía dos años.

Pronto mi hija ya no utilizaba pañal y supe que esa frase de “todo a su tiempo” era una maravillosa verdad. 

¿Qué les puedo compartir de esta etapa? Tengan mucha paciencia, porque los niños se mojan y si ven una mala cara pueden dejar de intentarlo.

No importa cuántas veces tengan que cambiarlos, no se enojen, ni griten, en estos momentos más que nunca ellos necesitan seguridad, y ¿de quién mejor que de su mamá? Háganles saber que los apoyan y que siempre estarán ahí, aunque estén mojados.

Es muy importante que si van a la guardería apoyen a las maestras con el entrenamiento, es decir, en la escuela de Ana Luisa muchas mamás saliendo de ahí les ponían el pañal a sus hijos, porque se iban a orinar en el coche, tomen otras precauciones, pero no le den señales contrarias al niño: sólo en la escuela no se usa pañal, en el carro sí.

¿Cuándo deben dejar de usarlo? Muchos pediatras dicen que a partir del año y medio comienzan a tener la capacidad para avisar, sin embargo, como en mi caso, no se casen con esa idea, dejen que fluya, no se estresen, ni los estresen, denle, "tiempo al tiempo”.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Mitos y realidades del chupón

Por Merle Guadarrama




Iniciaré con la frase de: "Todo en exceso es malo". 

Y sí, consulté al pediatra y a la psicóloga para obtener  una respuesta respecto a si es bueno o no el uso del chupón y poder contárselas y ambos coincidieron en que todo es con medida. 

Me quedé igual que ustedes. Y por eso traté de que me justificarán su respuesta. 

El pediatra, mi gran guía me dijo que es bueno usar el chupón sólo para entretener para que concilie el sueño y después retirarlo mientras que la psicóloga, Cinthia Godínez, coincidió en que sólo lo use mientras lograr dormirse pues es el "reemplazo" de la madre como la famosa "mantita". La conocen, ¿no? Esa que hay bebés que no sueltan ni para dormir. 

¡Ah! Pero también consulté a mi dentista y me dijo que el uso excesivo del chupón sí puede interferir en el mal crecimiento de los dientes, porque hay bebés que si no lo retiran a tiempo (18 meses) o que si lo usan todo el día y muerden y, de esta manera hacen mucho esfuerzo por morderlo o succionarlo y sí puede causar un problema. 

Y  bien, les puedo decir que Alonso lo usa muy poco y que no lo busca y que tampoco es necesario para que duerma. Considero que nosotras les generamos los buenos y malos hábitos. 

Así que si los hemos educado a que usen el chupón también podemos enseñarles a que éste sea esporádico. 

lunes, 24 de noviembre de 2014

Llegó la hora de gatear

Por Claudia Castro




A los 6 meses Mateo había comenzado a gatear. Motivado en gran medida por mis perros: siempre quiere alcanzarlos y se ataca de la risa cada que los otros logran escapársele. Así que estos juegos fueron el detonante principal para poner a prueba sus habilidades motoras.

He leído que la edad en la que los niños empiezan a gatear es entre los 6 y los 10 meses, pero evidentemente entre más cuenten con factores externos que los estimulen, a más temprana edad lograrán desplazarse por sí mismos.

Sin embargo, si me parece súper básico insistirles en que cada niño tiene sus tiempos y uno como papá tiene que respetarlos. Es algo indispensable para que pueda desarrollar la confianza en sí mismo.

Así que si su bebé no ha empezado a gatear,  les dejo algunas consideraciones:

1. Los bebés empiezan a gatear cuando han adquirido la suficiente fuerza en su cuellito, cabeza, brazos y piernas, como para comenzar a desplazarse. Algunos bebés comienzan por moverse sentados o gateando hacia atrás.

2. Hay bebés que se saltan la fase del gateo y pasan directamente a la de caminar. Esto ocurre principalmente porque pasaron poco tiempo boca abajo como para practicar el ponerse en “cuatro patas”.

3. Lo peor que pueden hacer durante este periodo (como en todos) es comparar. ¡Olvídense que si los amiguitos de su hijo comenzaron antes a gatear y ya hasta caminan! Debemos tener claro que cada uno tiene su tiempo y respetarlos en ese sentido es permitirles madurar cada etapa promoviendo un desarrollo sano y feliz.

Ahora, como mamás y papás en general, si hay algunas cosas que podemos hacer para motivarlos.

1. Ponerlo con la pancita abajo le ayudará a ir ganando fuerza en la espalda y el cuellito. Si bien esta postura se nos dice que evitemos por la muerte de cuna, despierto y bajo nuestra supervisión, podemos ponerlos por ratitos boca abajo.

2. Hay juguetes que se desplazan, incluso con musiquita, para que los bebés busquen alcanzarlos. Son una excelente opción para este momento. Podemos ponerles almohadas en el suelo a manera de obstáculos y de protección.

3. Los niños todo aprenden con el ejemplo. Así que mamás y papás, ¡a gatear! Verán cómo se divierten junto a sus bebés con este ejercicio y ellos aprenderán sólo con verlos. Pueden jugar a perseguirse, a las carreritas…

4. Los tapetes de fomi son ideales para este momento y eso sí, a quitar de su alcance todas las cosas que puedan representar un peligro.

A pesar de que cada uno tiene su ritmo para desarrollarse, si no notas ningún interés en moverse, ya sea arrastrándose, apoyándose en los antebrazos, rodándose o impulsándose, lo mejor es que consultes con tu pediatra.

Y si ya está gateando, no desesperes por verlo caminar. Cuando menos te lo esperes, ¡no sólo caminará sino que a ti te pondrá a correr!






domingo, 23 de noviembre de 2014

Los abuelos ¿Consentidores de más?

Por Ceci Torres




¡Qué buen tema fue lo que pensé cuando leí el título de mi artículo! Luego pensé, es un gran tema, ya que puede ser positivo o no, depende del niño, del abuelo y obvio de los papás.

Les platico mi historia. Yo tuve la fortuna, como ya les he platicado, de que mi mamá fue la valiente que se animó a decir ¡sí! Sí a cuidar a Diego desde los tres meses que me correspondía regresar a mis labores profesionales y sí, estoy sumamente agradecida porque la verdad es que el amor de abuela es único y nada me daba más tranquilidad que dejar a mi bebé en manos de mi madre.

Creo aún que los abuelos son las segundas personas después de los papás que pueden hacer ese gran papel, peroooooo es ahí donde entra el tema del consentimiento. ¿Es exceso, es normal, maleducan o qué onda con esto?

Bueno, pues creo que como todo en exceso es malo, pero también me parece que sólo ellos pueden y tienen el papel de consentir a los nietos, pero ¿hasta qué punto uno sabe que es demasiado?

En mi caso confieso que a veces es un tema que sí me hace hacer entripados, pues mi mamá jamás le da por respuesta un "no" a Diego, cosa que considero no es nada bueno. Los niños necesitan conocer los límites, los necesitamos todos para sobrevivir y encajar dentro de una sociedad y si no se los ponemos desde pequeños, en un futuro los que van a sufrir más son ellos. 

Honestamente para mí ha sido un tema de tener que sentarme con mi mamá y platicar con ella de la mejor forma. Explicarle que si dice que sí a todo no es bueno para él, que si lo ama y tienen una relación tan linda me ayude a decir algunas veces que no y que ese no es por su bien, siempre explicándole por qué es lo mejor para él.

En realidad creo que debemos poner una balanza en todo y los abuelos no deben ser la excepción. El que los consientan y los dejen hacer algunas cosas o comer en algunas ocasiones postrecitos o "chatarrita" no está mal. Lo que está mal es que esto se vuelva continuo y luego los niños solo los busquen por esto porque se pierde la complicidad padre que puede desarrollarse entre ellos y además los confundimos mandándoles mensajes completamente contradictorios.

En conclusión, desde mi perspectiva, me parece maravilloso que tengan sus momentos de recreo con los abuelos, que lleven una relación maravillosa que solo con ellos van a poder entablar; sin embargo, siempre es importante tener comunicación con ellos y hacerles saber de la mejor forma que su amor es indispensable para nuestros pequeños, pero que hay límites para todo y no debemos perder ese foco, ya que esto puede perjudicarlos en un futuro, o ¿ustedes qué opinan?

jueves, 20 de noviembre de 2014

Porque corregir también es amar

Por Sonia Soto Maya




Siempre que veía en la calle a un niño llorar hasta el cansancio e incluso arrastrarse porque su mamá no había cumplido alguno de sus deseos pensaba que cómo era posible que no pudiera controlarlo. 

También pedí con todas mis fuerzas nunca a travesar por una situación así.

Afortunadamente hasta ahora Ana Luisa no se ha arrastrado o me ha hecho un berrinche de esos ni en público ni a solas. Sin embargo, como toda niña tiene sus momentos, esos que por más explicaciones que le des no los haces entender.

Creo que en muchas ocasiones los adultos subestimamos a los niños, y en esa inocencia de creer que no saben lo que hacen o no entienden las implicaciones de sus actos, dejamos que nos manejen a su antojo.

Yo creo que entienden perfecto, y también estoy segura que saben de qué pie cojeamos para que con solamente poner el famoso “ojo Remi” iremos a su rescate o los complaceremos en todo.

Ahora entiendo mucho más a esas pobres mujeres que vi en la calle cuando aún no era mamá, porque controlar un berrinche no sólo es cuestión de dar una nalgada, va mucho más allá, el niño está buscando demostrar su poder y ante la impotencia y también porque no, las miradas que piden que lo calle o que le ponga un hasta aquí, las madres terminan cediendo.

Cómo entendí que en esta situación el adulto soy yo y no podía dejar que mi hija pensara que siempre sería dueña de las situaciones:

1. Primero comencé por ponerle límites. Hay una diferencia muy grande entre demostrarles amor y otra que se crean invencibles. Desde pequeños es importante enseñarles valores, de lo contrario podemos crear pequeños monstruos.

2. Después, ante alguna situación que consideraba no era correcta, le hablaba firme y explicaba las razones por las que no debía hacerlo, por supuesto, con palabras que ella entendiera.

Bajo estos dos principios he educado a mi hija y hasta el momento me ha funcionado.

Ella sabe que la quiero, pero que si hace algo que no considero adecuado hablaré con ella de forma firme y en algunas ocasiones no tendrá derecho a algo que le gusta, esa será una forma de hacerle reflexionar su error.

Me ha costado trabajo no caer ante su mirada, pero he tratado de ser firme ante una determinación. No ha sido fácil, sobre todo porque a sus cuatro años Ana Luisa ya demuestra carácter, será una mujer que no permitirá una injusticia y siempre que considera que estoy equivocada me contesta con sus argumentos, que para su edad muchas veces me sorprenden.

Las mamás de hoy además de todo nos enfrentamos a niños mucho más despiertos que no se quedan callados cuando algo no les parece, no es fácil ser la mala de la novela cuando hay que corregir o quitarle por un lapso algo que les gusta, pero siempre he creído que es mejor actuar a tiempo, para no arrepentirnos después. ¡Nadie dijo que sería fácil!

Y ustedes, ¿cómo enfrentan esos momentos?

miércoles, 19 de noviembre de 2014

La alimentación en casa, qué haces para que coman de todo

Por Merle Guadarrama 


El avioncito o el “cham-cham” pueden ser unos grandes aliados a la hora de comer con nuestros hijos. Si bien a mi no se me ha complicado aún este tema, sé que para algunas mamis es una lucha diaria. 


Considero que éste es un punto muy importante en la educación y crianza de nuestros hijos y no podemos excusarnos en decir que si no come hígado o verduras (por mencionar algunos alimentos) es porque a nosotras o al papá, abuelita y etc no les gusta. Nosotras les enseñamos y enseñaremos muchas cosas, entre ellas el comer bien y de todo. 


Quizá por nuestras labores sea muy complicado pensar qué darles de comer y saber si les está nutriendo, creánme, eso a mí sí me pasa y mucho. Todo los días me cuestiono ¿Lo estaré nutriendo?


Lo que hice cuando me comenzó a agobiar este tema fue recurrir al pediatra y pedirle que me ayudara con una guía de los alimentos que puede comer el bebé y con sus grandes ideas formé menús diarios y los viernes los bauticé “Viernes de porquerías”. 


Se han de preguntar y ¿eso qué significa? Pues bien, opté porque ese día sea el que Alonso sepa que es cuando puede comer papitas, dulces o chucherías y no toda la semana. 


Parece una locura pero me ha funcionado, cada viernes Alonso sabe que llego antes por él a la escuelita, lo llevo a comer sus papas y al parque o a jugar y por un helado, alitas (también son mi delirio) o cualquier otra “porquería” que se les ocurra.


Además procuro hacerle menús divertidos y crear figuras con los alimentos, dicen que de la vista nace el amor y de verdad sí me funciona que vea ositos, soles, corazones y demás figuritas, además de que practico palabras nuevas y así mató dos pájaros de un tiro. 


Son algunas técnicas que me han servido para que mi hijo coma, coma de todo y sobre todo se nutra peor algo que les puedo sugerir mucho es que si están teniendo problemas con este tema recurran a un nutriólogo y a su pediatra.


Recordemos que en la educación de nuestros hijos debemos formar alianza y equipo, no sabemos todo pero podemos aprender para terminar siempre con un buen sabor de boca. 

¡Ah! Les dejo algunas ideas en estas fotos y links. ¡Hasta la próxima semana!



martes, 18 de noviembre de 2014

¡Alto!... Yo soy la mamá

Por Claudia Castro




Les seré franca: cuando nació Mateo, decidí que mi esposo y yo enfrentaríamos ese momento solos. No quise irme a casa de mis papás, ni que ellos vinieran a la mía y tampoco quise recibir apoyo por parte de la familia de Juan Manuel.

No es que me sintiera autosuficiente, en esos momentos estaba muuuuy lejos de serlo. De hecho muchas veces Juan Manuel me insistió en que pensara bien esa decisión, y justo lo que me orilló a tomarla fue que yo no quería a nadie más, además de mi esposo obviamente, opinando sobre lo que tenía que hacer con mi hijo.

Generalmente los mayores, ya sean los papás, las tías, los suegros, hasta los amigos que ya pasaron por esto se sienten con la autoridad de darte consejos sobre lo que estás haciendo con tus hijos. 

Parte de la naturaleza humana es criticar todo el tiempo lo que hace el otro, asumiendo que uno lo haría mejor, o como dice el refrán “vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”.

Era claro que como madre primeriza iba a cometer muchos errores a pesar de que había consumido mucha información durante los meses previos al nacimiento de mi hijo. Lo tuve claro cuando nació Mateo y lo tengo claro ahora. 

No hay un manual de cómo ser un buen padre (¡Ojalá lo hubiera!) y las cosas que le funcionan a una mamá, no son las mismas que aplican con otra. Cada quien sus hijos, sus métodos, sus costumbres, sus hábitos, cada familia, cada papá, cada niño es diferente y qué maravilloso que exista esa diversidad.

No les voy a negar que he lidiado con comentarios como “deberías de ponerle un gorro al niño”, “no deberías dejar que tus perros se acerquen tanto a Mateo”, “deberías de dormirlo más temprano”, “no deberías de acostumbrarlo a los brazos”, “deberías de combinarle tu leche con fórmula para que se vaya acostumbrando”… ¡En fin! Y hay comentarios bien intencionados y otros que quizá no lo sean tanto y nos hacen incluso dudar de nuestra propia capacidad como  mamás.

Con apenas un año y 2 meses que llevo como mamá me queda claro que no soy perfecta, pero también que yo soy la mamá, con las responsabilidades y las consecuencias de las decisiones que esto conlleva. Y en eso es algo en lo que mi esposo y yo nos hemos puesto de acuerdo: los papás somos nosotros.

Sabemos que en nuestra casa, las reglas las ponemos él y yo, y tratamos que esos acuerdos permeen incluso hacia las personas cercanas con la educación de Mateo -como es el caso de mi papá que participa muchísimo en el cuidado del pequeño- para no desvirtuar temas tan importantes para la crianza de un hijo como lo es la autoridad.

Así que les comparto algunos tips que me han funcionado con los comentarios “metiches”:

1. No te enganches. Escucha los comentarios, buenos y positivos que te hagan, toma los buenos y ni te desgastes en responder a las críticas. Piensa que no le podrás dar gusto a los demás, pero al final, no venimos a este mundo para eso, así que qué te preocupa.

2. Establece límites. Aunque no ha sido mi caso, si considero importante que cuando algún familiar se entromete demasiado en la educación de tu hijo, de manera respetuosa le hagas saber que le agradeces su preocupación, pero tú estás consciente de lo que estás haciendo.

3. Genera acuerdos. Ya sea con tu pareja y/o las personas que están involucrados en la educación de tus hijos -como pudieran ser los abuelos- platica sobre los aspectos básicos que quieres inculcarles y cómo quieres lograrlo. Esto te ayudará a evitar que uno sea el bueno y otro el malo de la película, lo cual termina complicando la situación cuando se trata de poner límites.

4. Asume tus decisiones. Es muy fácil decir que si hiciste o dejaste de hacer fue porque te lo recomendó tu suegra. Recuerda que el hijo es tuyo y quien toma la última decisión eres tú.

5. Haz lo que te dicte tu corazón y no dudes de tu capacidad. Si tú quieres cargar a tu hijo, cárgalo todo lo que quieras, hasta que te canses. El día de mañana comenzará a caminar y a ser más independiente, o será un niño grande que no querrá seguir en los brazos de mamá.


lunes, 17 de noviembre de 2014

Cómo involucrar al papá

Por Ceci Torres





Desde que Diego llegó a nuestras vidas me llena de dudas y emoción al mismo tiempo el pensar en cómo involucrar a Jorge, mi esposo, en la educación de nuestro hijo. 

Mi mamá y mi abuela cuentan, que cuando nuestros papás o nosotros éramos chicos, no se acostumbraba que los papás se involucraran, ya que antes el rol de la mujer era únicamente el de cuidar y ver por sus hijos y por ende el del papá era proveer, cosa que quedaba muy bien definida, cada quien su chamba y ninguno se metía en los labores del otro. 

Hoy en día la situación es completamente distinta, ya que la mujer ha entrado en el rol de proveedor en los hogares y esto hace que mamá no pueda estar todo el día cuidando niños, por lo que me suena lógico que si ambos somos hoy en día proveedores, entonces ambos tengamos que entrarle también a la educación de los críos.

En mi caso desde el día que nos enteramos que íbamos a ser papás Jorge fue parte, empezamos yendo a todas las consultas con el ginecólogo juntos, de esta forma él podía ver y escuchar a Diego todo el tiempo, sé que no es lo mismo, pero el ya hacerlos parte desde el principio me parece fundamental, ellos son parte de estos pedacitos de amor que salen de nosotros, así que ellos también tienen derecho a estar y ser parte de todo lo que atañe a ellos. 

Ya que Diego llegó a casa pues no fue tan fácil como las consultas, pues a la semana Jorge regresó a trabajar y el día a día de él seguía siendo completamente igual, mientras que yo tratando de entender de qué se trataba el nuevo papel de mamá, cosa que de inicio es sumamente difícil. 

En fin, la forma que yo encontré de involucrarlo, fue pedirle que por las noches que llegara él bañara a Diego y le diera la última toma de la noche. 

Esto a nosotros nos funcionaba, pero tengo amigas que me cuentan que lo que ellos hacían era que se turnaban para darle de comer al bebé, ella se sacaba la leche y la toma que ella no le daba, él la aplicaba con la mamila, cosa que me pareció una buena idea, ya que de esta forma se puede trabajar en equipo y descansar de igual forma.

Otra forma de involucrarlo era que los fines de semana que estaba más al 100, él pudiera hacer más actividades como cambiarle el pañal, darle de comer, etc. Creo que esta fórmula hasta hoy en día funciona muy bien, pues el vínculo entre ellos en sus momentos se volvieron importantes y es como tal SU MOMENTO, ellos se disfrutan y uno puede relajarse un rato.

Hablarle de lo que papá  hace cuando él no está creo que es algo que también funciona, si el niñ@ entiende que papá está trabajando, pero cuando él regrese puede jugar, platicar, etc, ellos saben que pueden contar con papá y papá al ver que ellos lo entienden y lo esperan para recibirlo, los motiva.

Yo veo la cara de Diego cuando papá llega y la cara de Jorge cuando Diego lo recibe, y la sonrisa y emoción de ambos no la cambio por nada, se ansían mutuamente y eso hace que él se quiera seguir involucrando.

¿Tú qué haces para involucrar a tu pareja? Escríbenos, platícanos tu historia.


jueves, 13 de noviembre de 2014

De "tin marín"... la elección del pediatra

Por Sonia Soto




Ana Luisa nació en un hospital de monjas, en el que además ofrecen consulta especialistas, entre ellos pediatras. Ahí fue la primera vez que la lleve a revisión. Los doctores, me decía la enfermera son militares y además muy buenos.

Ahí fue donde comenzó nuestra aventura con los hospitales. Los doctores me inspiraron confianza, ya que uno de ellos estaba presente durante el parto y fuera de todo ese nerviosismo que tenía lograron calmarme haciéndome la plática y tratándome muy bien, entendiendo que era la primera vez que estaba en un quirófano.

Después del primer mes, cuando las visitas fueron más recurrentes, íbamos cada mes a la revisión general de mi niña, poco a poco la distancia comenzó a pesar, más o menos 30 minutos en coche, y además los doctores sólo atendían por las tardes y la sala de espera estaba casi siempre llena.

Fue en ese momento que apliqué el dicho: “la mejor escuela es la que está cerca de casa, en este caso el mejor pediatra”.

Así que un día descubrí al doctor Arturo Ochoa Jasso y como en mis otras decisiones, me guíe por el instinto, en esta ocasión se ganó mi confianza desde el momento que cargó a la niña. Cada mes la revisaba y nos explicaba por qué esto, por qué el otro, por qué aquello.

Simple y sencillamente me gustó su trato con mi hija y que siempre trataba de explicar en términos "terrícolas" lo que le sucedía o porque era necesaria una revisión mensual.

Él mismo nos enseñó que hay doctores que vienen de diferentes épocas y por lo tanto tienen diferentes esquemas.

Por ejemplo a Ana comenzamos a darle papilla a los cuatro meses. Sí, ya sé que muchos dicen que es hasta los seis meses y otros les dan a los niños desde los dos meses, pero a mí me convenció el hecho de estar en un punto intermedio y ahora Ana come muy bien y prácticamente de todo.

Con él aprendí que hay muchas formas de demostrar cariño a nuestros hijos, darles besos en la boca no era una de ellas, ya que como adultos tenemos bacterias diferentes que los atacan de forma más grave.

Así que según mi experiencia, ¿Qué puedo decirles sobre cómo elegir al mejor pediatra? 

1. Es una decisión que sí bien creo que no se debe dejar a la suerte, porque está en juego la salud de nuestros hijos, no hay otra forma de descubrirlo más que experimentando.

2. Muchas ocasiones nos dejamos llevar por las opiniones de los demás y nos perdemos la experiencia de descubrirlo por nosotros mismos. 

3. Es importante evaluar la mejoría que tiene nuestro hijo con el tratamiento que le manda el pediatra en caso de enfermedad. Yo por ejemplo, les puedo decir que con el doctor Ochoa nunca fue necesario ir nuevamente a revisión porque Ana no se reponía.

4. Como mamás debemos sentir confianza con el médico de nuestros hijos por la forma en la que detecta lo que tiene.

5. Mi principal recomendación sería que si tienen que ir varias veces porque no se recupera, para mí quiere decir que algo anda mal. 

6. Y por último, como siempre les digo, no hay mejor aliado que el instinto. Déjense guiar por él cuando la decisión parezca compleja.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

El parto natural

Por Merle Guadarrama




¡Auch!... No se crean, es broma aunque, como dicen, cada quien habla como le va en la feria.  

Todas las mujeres que están a punto de ser mamás o las que ya lo somos pasamos por el momento de ni siquiera poder oír la palabra “parto”. 

Escuchamos de todo por parte de las amigas, las tías, las hermanas, las abuelitas y demás mujeres que ya pasaron por esto. 

Nos cuentan historias lindas, pero también muy terroríficas, de aquí y de allá. 

Que duele, que no duele; que camines para que sea más rápido, que la anestesia raquídea... tantas historias.

Y como prefiero no contar la mía para no formar parte del espanto y nerviosismo que ocasionan esas experiencias personales, les comparto algunos tips y ventajas que a mí me funcionaron para lograr que ese momento en el que estás esperando la llegada de tu bebé no se convierta en un anecdotario de terror y mejor aún tenga grandes ventajas para lo que sigue en este gran camino de la maternidad.

1. Si el embarazo lo permite manténganse activas durante los 9 meses. Por ejemplo, realizar yoga te ayuda a estar relajada y a la flexibilidad corporal.

2. Lleva una dieta balanceada, ten cuidado con los alimentos llenos de colesterol y sal que provoquen preeclampsia que a su vez lleven a una cirugía necesaria. 

3. Platiquen con su médico para saber las probabilidades reales de poder tener un parto exitoso y que ni el bebé ni ustedes tengan algún riesgo. 

4. Sean pacientes, para algunas mujeres las últimas semanas son muy cansadas y se llega a pensar en una cesárea. Sólo es tener paciencia. 

5. La recuperación realmente es rápido, cuestión de una semana (en mi caso) sólo hay que fajarse bien y usar cremas para que no nos sintamos como globos desinflados. 

6. Puedes incorporarte fácilmente a las nuevas actividades que te demanda el bebé y tu familia. 

7. Es una experiencia única y aunque digan que se rompen muchos huesos del cuerpo, la realidad es que tu ángel cuando te tome con su manita te ayudará inmediatamente  a que no sientas ningún dolor de “fractura” ni nada por el estilo. 

Les podría seguir enlistando pero la realidad es que cada cuerpo es diferente y también cada labor y el parto en sí también son diferentes, pero lo que nos puede unir es que hagamos que ese paso final del embarazo sea el mejor de nuestras vidas. ¿Por qué? Porque están por iniciar los mejores momentos de su vida a lado de un ángel que hará, creánme, se olviden por completo de que “sí duele o no duele. 

Respiren, ¡lo mejor está por llegar!

martes, 11 de noviembre de 2014

Los niños y las mascotas

Por Claudia Castro

"El perro le enseña al niño la fidelidad, la perseverancia…y a dar tres vueltas antes de acostarse”
Robert Charles Benchey, humorista norteamericano (1889-1945)






Si algo me hace muy, pero muy feliz en la vida, es ver a Mateo jugar con mis perros. 

Y si bien es algo que disfruto mucho ahora, he pasado por momentos de estrés y de mucho trabajo desde el momento en que supe que estaba embarazada.

Siempre que platico que tengo 3 perros en casa, me gusta ver la cara de asombro y sorpresa de las personas. ¡Hay quien ni siquiera se atreve a tener uno y yo digo que tengo 3 con tanta naturalidad!

Siento que Canelo, Laika y Spuky me acercaron mucho a la maternidad desde antes de que fuera mamá de Mateo. Me enseñaron a ser responsable con alguien que dependía 100% de mí. He estado con ellos lo mismo divirtiéndonos en el parque, acostados en la cama viendo una película, que en el hospital cuando me dijeron que Spuky tenía pocas posibilidades de vencer al parásito que traía en la barriga y vi nacer a los cachorros del Canelo y la Laika.

Tengo una conexión muy fuerte con ellos, los quiero y me quieren, y puedo presumir que lo hacen como a nadie más en casa. Prácticamente para ellos soy lo único que tienen. Quizá sólo quienes tienen mascotas y los aman tan profundamente como yo a los míos, podrán entender que los veo como si fueran mis “hijos” perrunos.

Cuando me embaracé no faltaba quién me decía, y ahora ¿qué vas a hacer con tus perros?.... Me parecía una pregunta tan absurda. ¿De verdad esperaban que les dijera, pues ¡echarlos a la calle!? 

Mi esposo y yo decidimos tenerlos y no fue en “vía de mientras” llegaban los hijos. Fue asumir esa responsabilidad hasta el último día de sus vidas o de las nuestras. Así lo vimos cuando llegó cada uno de ellos. 

Pero no puedo negarles que recibí muchos comentarios que llegué a estresarme sobre cómo resolvería este asunto. Así que puse manos a la obra y llevé a cabo estos tips:

Para la llegada del bebé

1. Quedaron súper limpios, con las vacunas al día y desparasitados desde días antes de que naciera Mateo.
2. Les hablé mucho sobre la llegada de “mi cachorro”. Seguro lo entendían porque incluso desde que estaba en la panza, se recostaban en ella y alzaban las orejas cuando lo escuchaban o lo sentían.
3. Desde el primer día les presenté a Mateo. Dejé que se acercaran, lo olisquearan y lo reconocieran.

Retos

Si tener un bebé en casa no es fácil, créanme que con 3 perros, ¡menos! 

No falta que cuando por fin se durmió, alguno ladra y lo despierta. Que quiera probar sus croquetas o quiera estar metiendo las manos al bebedero de los perros.

Pero también juegan. Mateo se divierte mucho con ellos y creo que intentar perseguirlos le ayudó mucho para comenzar a gatear a los 6 meses. El tema de establecer límites tanto con el perro, como con el niño es esencial para la sana convivencia y el respeto, y ese es el mayor reto al que me he enfrentado.

1. Los niños juegan brusco, así que hay que enseñarles a respetar a las mascotas, que son seres vivos que sienten y les duelen los jalones de orejas o de cola.
2. El perro resiente la pérdida de atención con la llegada de un bebé, así que hay que dedicarles momentos de cariños, procurar sus paseos diarios u otro tiempo dedicado a ellos del que ahora el nuevo integrante puede formar parte.

Beneficios

Según los expertos, entre los beneficios para los niños de tener una mascota en casa, están:

1. Disminuye el estrés, lo que ayuda a que sean  niños menos agresivos.
2. Mejora la autoestima y el bienestar psicológico, pues se sienten muy queridos por su mascota y, al cumplir con la obligación de alimentarlos, limpiarlos y cuidar de ellos, estamos creando en su interior una sensación de utilidad y motivación muy positivas.
3. Exige un incremento en la actividad física, hecho de relevada importancia, dado el sedentarismo que hoy en día padecen nuestros hijos.
4. Acelera el desarrollo psicomotor a través del juego, el ejercicio, la persecución, las risas, etc.
5. Desarrollan el valor de la responsabilidad.

Ahora, ¡ojo! Si no tienen una mascota, y les gustaría tener una, yo sólo les recomendaría considerar la edad del niño. Tanto niño como mascota demandan atención y eso significa mucho trabajo, así que si como mamás (que somos las que finalmente llevamos la carga más pesada del orden y la limpieza en casa) no están dispuestas a ello, ni ilusionen a sus hijos porque lo peor es el tema de los animales abandonados y encima, que como papás demos un ejemplo de ese tipo a nuestros hijos.

Así que si caminando por la calle se encuentran a una mamá con su chamaco en la carreola y 3 schnauzer a los lados, ¡esa soy yo!

domingo, 9 de noviembre de 2014

Enfrentando la "mamitis"

Por Ceci Torres




Al parecer este tema es muy común, ya que lo he leído en artículos de revistas sobre bebés, blogs de mamás y he escuchado a varias personas cercanas que lo comentan. 

Según un artículo que leí, la “mamitis” (aunque en algunos casos es “papitis”) es la ansiedad que muestra el niño en cierta etapa al verse separado de la persona de referencia que le da seguridad. 

Se trata de una fase normal del desarrollo que suele alcanzar su punto álgido rondando los 18 meses y va disminuyendo gradualmente con la madurez del niño, la cual suele desaparecer hacia los 3 años.

En mi caso, haciendo memoria de los escasos tres añitos que Diego tiene, mamitis no, creo que jamás lo ha tenido, pero sí hubo un momento en que tuvo "papitis".

Veía a Jorge y era una expresión de magia en sus ojos, era como si su persona favorita del mundo mundial apareciera y le hiciera la vida sumamente feliz. 

Honestamente nunca lo aludí a la separación de la persona que le daba o da seguridad, no sé si porque desconocía a fondo el tema, o porque tal vez en mi mente podía ser un tanto negativo, o porque en realidad no era "papitis", sino solo amor a su primer héroe en la vida y yo como lo quise ver es que la imagen que Diego tiene de papá es maravillosa y que su papá es su héroe y la vinculación y el amor que se tienen me parece único.

Con el tiempo ha sido un poco menos efusivo el trato a papá, pero no por ello me parece que sea menos importante, también es real que  los niños pasan por varias etapas y que hoy uno puede ser su persona favorita y mañana es completamente distinta.

Pero regresando un poco al tema de la "mamitis" y pensando un poco en la parte de seguridad me parece desde mi punto de vista que podemos retomar algunos consejos con Diego nos han funcionado en varios aspectos:

- Darles mucho mucho amor, confort y comprensión continuamente para hacerlos sentir seguros. Se dice sumamente fácil, pero no siempre lo es. Creo que con paciencia podemos comenzar, darnos un respiro para ofrecerles esa seguridad, vale toda la pena.

- Ofrecerles un rato de independencia, dejarlos que ellos decidan y hagan sus cosas sin que sientan que los abandonamos, es decir estar ahí, pero que ellos sean los que tomen esa decisión y vean que son capaces sin que dejes de tener presencia.

- Hablar siempre con ellos, si te vas despídete y dile que vas a regresar, explicarles las actividades y siempre recordarles que sí vamos a regresar.

- Intentar dejarlos con gente que conocen y se sienten tranquilos, es decir si lo dejas en la guardería y lleva dos semanas llorando, detente a escuchar un poco el llanto de tu niñ@. Tal vez hay algo importante que trata de decirte o tal vez necesite un poco más de tiempo y comunicación para sentirse más seguro.


En fin, creo que cada niño y cada casa es distinta, estoy convencida de que la intuición te lleva a tomar la mejor decisión para ti y tu niñ@ y que algunos tips como mamá nunca están de más.