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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Mitos y realidades del chupón

Por Merle Guadarrama




Iniciaré con la frase de: "Todo en exceso es malo". 

Y sí, consulté al pediatra y a la psicóloga para obtener  una respuesta respecto a si es bueno o no el uso del chupón y poder contárselas y ambos coincidieron en que todo es con medida. 

Me quedé igual que ustedes. Y por eso traté de que me justificarán su respuesta. 

El pediatra, mi gran guía me dijo que es bueno usar el chupón sólo para entretener para que concilie el sueño y después retirarlo mientras que la psicóloga, Cinthia Godínez, coincidió en que sólo lo use mientras lograr dormirse pues es el "reemplazo" de la madre como la famosa "mantita". La conocen, ¿no? Esa que hay bebés que no sueltan ni para dormir. 

¡Ah! Pero también consulté a mi dentista y me dijo que el uso excesivo del chupón sí puede interferir en el mal crecimiento de los dientes, porque hay bebés que si no lo retiran a tiempo (18 meses) o que si lo usan todo el día y muerden y, de esta manera hacen mucho esfuerzo por morderlo o succionarlo y sí puede causar un problema. 

Y  bien, les puedo decir que Alonso lo usa muy poco y que no lo busca y que tampoco es necesario para que duerma. Considero que nosotras les generamos los buenos y malos hábitos. 

Así que si los hemos educado a que usen el chupón también podemos enseñarles a que éste sea esporádico. 

lunes, 24 de noviembre de 2014

Llegó la hora de gatear

Por Claudia Castro




A los 6 meses Mateo había comenzado a gatear. Motivado en gran medida por mis perros: siempre quiere alcanzarlos y se ataca de la risa cada que los otros logran escapársele. Así que estos juegos fueron el detonante principal para poner a prueba sus habilidades motoras.

He leído que la edad en la que los niños empiezan a gatear es entre los 6 y los 10 meses, pero evidentemente entre más cuenten con factores externos que los estimulen, a más temprana edad lograrán desplazarse por sí mismos.

Sin embargo, si me parece súper básico insistirles en que cada niño tiene sus tiempos y uno como papá tiene que respetarlos. Es algo indispensable para que pueda desarrollar la confianza en sí mismo.

Así que si su bebé no ha empezado a gatear,  les dejo algunas consideraciones:

1. Los bebés empiezan a gatear cuando han adquirido la suficiente fuerza en su cuellito, cabeza, brazos y piernas, como para comenzar a desplazarse. Algunos bebés comienzan por moverse sentados o gateando hacia atrás.

2. Hay bebés que se saltan la fase del gateo y pasan directamente a la de caminar. Esto ocurre principalmente porque pasaron poco tiempo boca abajo como para practicar el ponerse en “cuatro patas”.

3. Lo peor que pueden hacer durante este periodo (como en todos) es comparar. ¡Olvídense que si los amiguitos de su hijo comenzaron antes a gatear y ya hasta caminan! Debemos tener claro que cada uno tiene su tiempo y respetarlos en ese sentido es permitirles madurar cada etapa promoviendo un desarrollo sano y feliz.

Ahora, como mamás y papás en general, si hay algunas cosas que podemos hacer para motivarlos.

1. Ponerlo con la pancita abajo le ayudará a ir ganando fuerza en la espalda y el cuellito. Si bien esta postura se nos dice que evitemos por la muerte de cuna, despierto y bajo nuestra supervisión, podemos ponerlos por ratitos boca abajo.

2. Hay juguetes que se desplazan, incluso con musiquita, para que los bebés busquen alcanzarlos. Son una excelente opción para este momento. Podemos ponerles almohadas en el suelo a manera de obstáculos y de protección.

3. Los niños todo aprenden con el ejemplo. Así que mamás y papás, ¡a gatear! Verán cómo se divierten junto a sus bebés con este ejercicio y ellos aprenderán sólo con verlos. Pueden jugar a perseguirse, a las carreritas…

4. Los tapetes de fomi son ideales para este momento y eso sí, a quitar de su alcance todas las cosas que puedan representar un peligro.

A pesar de que cada uno tiene su ritmo para desarrollarse, si no notas ningún interés en moverse, ya sea arrastrándose, apoyándose en los antebrazos, rodándose o impulsándose, lo mejor es que consultes con tu pediatra.

Y si ya está gateando, no desesperes por verlo caminar. Cuando menos te lo esperes, ¡no sólo caminará sino que a ti te pondrá a correr!






viernes, 7 de noviembre de 2014

Lo que necesitas saber sobre el sueño

El trastorno del sueño es un problema común en los primeros años del bebé. Identificar el tipo de alteración y sus causas es el primer paso, pero la clave es educar al niño y fomentar ciertas conductas que se transformen en hábitos para dormir.

Los padres, con su paciencia y perseverancia, ejercen un rol fundamental. El buen dormir es para muchas familias un lujo que hace tiempo han resignado, ya que a partir del primer año de vida, muchos bebés explicitan sus inquietudes o temores cuando deben irse a la cama. Richard Ferber , médico norteamericano especialista en trastornos del sueño, define el problema como: “Todo patrón de sueño que resulta insatisfactorio a padres, al niño o al médico”. Es decir, no todos los problemas son señales de trastornos funcionales. Muchas veces, sólo se trata de reacciones naturales a factores externos, como pueden ser una mudanza  o cualquier otro elemento que escapa a la normal rutina del niño. 

Los Trastornos del Sueño

Existen diferentes trastornos del sueño. El insomnio -la dificultad para iniciar y mantener el sueño- es muy común en esta etapa del bebé. 

Con la llegada de la noche, los berrinches pueden ser  una forma de retrasar la hora de ir a la cama. En estos casos, la educación de hábitos correctos, a fuerza de repetición, puede cooperar. 

Otro trastorno común en la temprana infancia son las parasomnias o alteraciones en la calidad del sueño. Niños que despiertan sobresaltados de noche, envueltos en sudor y con la mirada perdida, víctimas de terrores nocturnos o pesadillas. 

Por otra parte, la hipersomnia o somnolencia excesiva, es la dificultad para mantenerse despierto. Puede generar trastornos en el aprendizaje debido a la consecuente falta de concentración, cambios de carácter y de humor  y la necesidad imperante de siestas para recuperar energía. 

Por último, la enuresis nocturna es la emisión involuntaria de orina durante el sueño, pero generalmente se da en niños de más de cinco años de edad. "Las diferencias entre lo normal y lo anormal en los patrones del sueño se definen, la mayoría de las veces, según la edad y no según el conflicto”, explica la Sociedad  Argentina de Pediatría .



¿Cómo es el sueño en los niños?

Un breve repaso sobre la evolución del sueño en los niños sirve para identificar disfunciones. Al nacer, los niños duermen de 16 a 18 horas por día. Durante los primeros tres meses, el adormecimiento se desenvuelve con facilidad  y el sueño es sólo interrumpido por funciones vitales o estímulos externos. 

A medida que el bebé va creciendo, la cantidad de horas de sueño va disminuyendo y se van organizando los tiempos de vigilia y de descanso. A los 15 meses, muchos niños suprimen sin problemas el reposo después de la primera ingesta del día, pero es aconsejable que sigan respetando la siesta después del almuerzo hasta los cuatro años.  

Para la SAP el niño debe aprender a tener un ciclo de sueño de  24 horas y hacerle adquirir esta regularidad depende mucho de las rutinas que se implementen. 

Iniciar un sueño adecuado está relacionado con factores biológicos, pero los padres pueden tomar medidas para ayudar a su hijo a  incorporar este hábito. 


Sugerencias para que el bebé consolide el hábito de dormir:

Aprender a observar las señales que indican que el bebé está realmente cansado (acostarlo antes o después de tiempo puede ser perjudicial).

La hora de acostarse debe convertirse en una rutina, en un hábito. Esto puede fomentarse con la lectura de algún cuento o cantando una canción de cuna y acostando al bebé todos los días aproximadamente en el mismo horario.

Controlar que durante el día las siestas no se prolonguen en exceso.

Un baño antes de acostarse predispone a la relajación.

Evitar juegos agitados antes de dormir.

Asegurarse de que el niño esté limpio, con ropa cómoda, sin hambre ni sed antes de acostarlo.

La realidad es que muchos papás y mamás pasan muchas horas por día trabajando y tal vez por esto les cuesta más poner límites a la hora del sueño (tanto por cansancio propio como por ganas de compartir un momento más con su bebé). 

También hay familias que deciden ejercitar el colecho o cama familar compartida (en estos casos conviene preguntar al pediatra medidas de seguridad ya que no es lo mismo que duerman dos adultos en la cama a que la compartan con un bebé). Cada familia con su estilo podrá enseñarle  a dormir a su bebé: un desafío más del crecimiento y la crianza.