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viernes, 28 de noviembre de 2014

Cuando conocí la maternidad

Por Rocío Pizaña*




Nunca tuve tanta ilusión como cuando supe que venía en camino. Nunca me sentí tan tranquila como cuando escuché los fuertes y a la vez frágiles latidos de su corazón por primera vez.

Nunca sentí tantas "mariposas en el estómago" como cuando sus primeras pataditas golpearon mi vientre y nunca me sentí tan impaciente como cuando veía pasar la semana 36, 37, 38 y sabía que en cualquier momento llegaría.

Nunca creí sentir tanto miedo como cuando la pusieron por primera vez en mis brazos, ni tampoco cuando salí del hospital y vi el mundo tan grande para mi hija tan pequeña.

Nunca sentí tanto orgullo como cuando vi que con esfuerzo me dirigió una mirada por primera vez.

Nunca me sentí tan frágil, tan mujer, tan desnuda al mundo como cuando me convertí en madre. 

Ahora que soy vanidosa y presumo primeras sonrisas, muecas, dientitos y primeras veces de todo de mi hija créanme que puedo asegurar que nunca había amado como amo desde que ella existe.

Ahora amo como madre porque cuando conocí la maternidad fue como sí me hubiesen dado un soplo de vida y comenzó cuando vi pasar a una enfermera cargando su pequeño cuerpecito. Todo valió la pena por ese momento -es mía, es tan indefensa y es mía- pensé.

Atravesé por todos los sentimientos a la vez: miedo, porque ser madre es sentir responsabilidad de la vida de alguien más, incredibilidad, porque el simple milagro de la vida merece este sentimiento, amor propio, porque nunca me sentí más útil que cuando esa mujercita hambrienta buscaba mi seno materno con desesperación. 

Estoy segura que todas las buenas madres nos sentimos así cuando conocemos a nuestros hijos y aunque ese momento sea por mucho el más doloroso de nuestras vidas; más de una mamá -incluyéndome- ha dicho: "quisiera volver a estar ahí".


*Soy una Nutrióloga en estado de pausa viviendo la maternidad con mucha entrega y amor.


lunes, 24 de noviembre de 2014

Llegó la hora de gatear

Por Claudia Castro




A los 6 meses Mateo había comenzado a gatear. Motivado en gran medida por mis perros: siempre quiere alcanzarlos y se ataca de la risa cada que los otros logran escapársele. Así que estos juegos fueron el detonante principal para poner a prueba sus habilidades motoras.

He leído que la edad en la que los niños empiezan a gatear es entre los 6 y los 10 meses, pero evidentemente entre más cuenten con factores externos que los estimulen, a más temprana edad lograrán desplazarse por sí mismos.

Sin embargo, si me parece súper básico insistirles en que cada niño tiene sus tiempos y uno como papá tiene que respetarlos. Es algo indispensable para que pueda desarrollar la confianza en sí mismo.

Así que si su bebé no ha empezado a gatear,  les dejo algunas consideraciones:

1. Los bebés empiezan a gatear cuando han adquirido la suficiente fuerza en su cuellito, cabeza, brazos y piernas, como para comenzar a desplazarse. Algunos bebés comienzan por moverse sentados o gateando hacia atrás.

2. Hay bebés que se saltan la fase del gateo y pasan directamente a la de caminar. Esto ocurre principalmente porque pasaron poco tiempo boca abajo como para practicar el ponerse en “cuatro patas”.

3. Lo peor que pueden hacer durante este periodo (como en todos) es comparar. ¡Olvídense que si los amiguitos de su hijo comenzaron antes a gatear y ya hasta caminan! Debemos tener claro que cada uno tiene su tiempo y respetarlos en ese sentido es permitirles madurar cada etapa promoviendo un desarrollo sano y feliz.

Ahora, como mamás y papás en general, si hay algunas cosas que podemos hacer para motivarlos.

1. Ponerlo con la pancita abajo le ayudará a ir ganando fuerza en la espalda y el cuellito. Si bien esta postura se nos dice que evitemos por la muerte de cuna, despierto y bajo nuestra supervisión, podemos ponerlos por ratitos boca abajo.

2. Hay juguetes que se desplazan, incluso con musiquita, para que los bebés busquen alcanzarlos. Son una excelente opción para este momento. Podemos ponerles almohadas en el suelo a manera de obstáculos y de protección.

3. Los niños todo aprenden con el ejemplo. Así que mamás y papás, ¡a gatear! Verán cómo se divierten junto a sus bebés con este ejercicio y ellos aprenderán sólo con verlos. Pueden jugar a perseguirse, a las carreritas…

4. Los tapetes de fomi son ideales para este momento y eso sí, a quitar de su alcance todas las cosas que puedan representar un peligro.

A pesar de que cada uno tiene su ritmo para desarrollarse, si no notas ningún interés en moverse, ya sea arrastrándose, apoyándose en los antebrazos, rodándose o impulsándose, lo mejor es que consultes con tu pediatra.

Y si ya está gateando, no desesperes por verlo caminar. Cuando menos te lo esperes, ¡no sólo caminará sino que a ti te pondrá a correr!






viernes, 21 de noviembre de 2014

Felicidad y Fuerza

Karina Andrew*




El 9 de mayo de 2013 mi vida dio un giro de 360 grados y entendí el verdadero significado del 17 de Noviembre, el Día Mundial del Bebé Prematuro. Iñaki, mi hijo, es un digno representante de ello.

Me invadió el temor de esta condición y con ello todas las preguntas del mundo habitaban 24 horas a mi cabeza.

Sin embargo, cuando Iñaki y yo estuvimos juntos por primera vez en ese abrazo que duró sólo unos minutos, supe que había dado vida a un guerrero que lucharía con todas sus fuerzas por superar eso… ser un bebé prematuro.

Las razones por las que adelantó su llegada, medicamente son muchas… que si la preeclampsia, que si la presión alta y tantos y tantos términos médicos que escuchas por primera vez y sólo te infunden eso… temor

Sin embargo, yo me quedo la mejor explicación que  me ha demostrado todos los días… El amor.
Sé que adelantó su llegada porque ya deseaba estar en mis brazos. 

Historias en el hospital escuché muchas… y en cada visita al cunero, las caras de todas las mamás que esperábamos puntualmente que dieran las 12 hrs para entrar a visita, eran las mismas.

Tan diferentes e iguales a la vez, las mismas facciones, miradas, movimiento de manos, el semblante…y hasta la misma respiración… temor y esperanza por recibir el parte médico del día.

Observar cómo en el cunero de "parto normal" las mamás entraban y abrazaban a enormes bebés y de fuertes llantos… era envidiable.

Siempre mantuve la fe porque al entrar, (después de ponerme la bata esterilizada, lavarme la manos hasta los codos, con el jabón especial y todas las indicaciones dadas), el doctor me diera "buenas noticias".

Algunas mamás los tocaban con un dedo, otras, sólo le hablaban…Yo quería comérmelo a besos…a ese ‘pedacito de carne’ lo tocaba completito, le hablaba, le cantaba.

"Mi amor, aquí estoy como siempre, te amo. Todos te esperan en casa", palabras y cantos que reconocía, porque sabía que yo era su mamá y que lo amaba.

Había bebés que llevaban más de dos meses ahí, con altas y bajas sólo por una razón, porque fueron prematuros.

El 15 de mayo, llegué tarde a la visita, y al llegar el pediatra sólo me preguntó: ¿Trae su ropa y papeles? Contesté un "Sí", con mucho miedo…

Pase a vestirlo mami, hoy se lleva a su bebé a casa; las lágrimas salieron y sólo dije: ¡Mil gracias!

Iñaki sólo estuvo 5 días en el hospital y aunque la ropita le quedaba enorme… salió en mis brazos, tan sano como un "bebé normal".

Hoy grita, sonríe, se enoja y me besa, como un "bebé normal"… pero Iñaki siempre sabrá que Dios lo mandó antes, que fue un ¡Hermoso bebé prematuro!


*Periodista. Todos los días protagonizo la mejor aventura de la mano del amor de mi vida, ¡Mi hijo!

jueves, 30 de octubre de 2014

10 cosas que cambian después de tener un bebé



1. Descubres en tu interior una fuerza que te agarra de sorpresa y hasta te asusta por su intensidad. Te sientes como una leona, preparada para defender a tu "cachorrito" con tus propias uñas y dientes.

2. Te das cuenta que puedes ir más allá de tu límite, y del límite de tu límite, y del límite del límite de tu límite... Y esto te hace sentir infinitamente exhausta y fatigada, pero a la vez infinitamente capaz (¡qué verdad tan verdadera!).

3. Sientes crecer dentro de ti un amor tan fuerte, poderoso y profundo, que a veces hasta te espanta y confunde. "¿Podré querer a otro ser como a esta criaturita?", te preguntas. Ya verás que sí (y ésa será tu gran sorpresa cuando nazca tu próximo hijo).

4. Por primera vez entiendes que "sacrificio" no significa sufrimiento sino: "sacro" + "oficio", o sea, "trabajo sagrado". Comprendes la enorme importancia del lugar que ocupas en el mundo como madre, y el gran valor de tu trabajo.

5. En tu casa, tu vida, tu trabajo... reina un nuevo orden, o más bien, desorden. Aceptarlo es clave para tu felicidad y paz interior, o sea que date por vencida y disfrútalo.

6. Borras de tu diccionario la palabra "asco". Cuando a tu hijo se le cae el chupón en el piso, lo recoges tranquilamente y lo "limpias" con naturalidad en tu propia boca antes de volvérselo a dar.

7. Aprendes a dominar el arte de la improvisación. Compones increíbles melodías, transformas tus dedos en marionetas, e inventas fantásticas y absurdas historias para mantener entretenido a tu bebé (sobre todo cuando está cansado, aburrido o enfermito).

8. Tu cinturita (y todo lo que queda al norte y al sur de ella) definitivamente no es la misma de antes, pero te sorprendes al darte cuenta de que estás mucho más interesada en el ombligo de tu bebé que en el tuyo propio.

9. Los momentos a solas con tu pareja son escasos y breves, pero los dos aprenden a disfrutarlos y aprovecharlos, aunque un cierto lloroncillo esté a punto de interrumpirlos.

10. Compruebas que nada, ni siquiera las matemáticas, es una ciencia cierta. Al fin y al cabo 1 + 1 = 3, y 3 no son demasiados, sino... una familia.


Fuente:

http://espanol.babycenter.com/a4900001/15-cosas-que-cambian-en-tu-vida-cuando-nace-tu-beb%C3%A9



lunes, 27 de octubre de 2014

Cómo superar la depresión postparto

Por Beatriz Goldberg*




Tratar de encontrar al menos un momento para hacer cosas que nos gratifiquen. Después de que el bebé nace, muchas mujeres sienten que durante los primeros tiempos no son más dueñas de su vida, que han perdido totalmente su libertad. Es importante hacerse de un rato para ir a la peluquería, o al shopping, ir a tomar un café o invitar a amigos. Cada una sabrá cuáles son aquellas cosas que la hacen sentir bien.

Elegir el momento que les resulte más práctico para realizar este tipo de actividades. Si lo que desean es ir al gimnasio y se anotan a las once de la mañana y tienen que hacer malabares para que alguien les cuide el bebé, eso que tanto las gratificaba dejará de gustarles o directamente no podrán realizarlo más. Por eso es importante, por ejemplo, ponerse de acuerdo con la pareja y realizar esa actividad una vez que él está en casa y se puede quedar con el bebé (si es que no se cuenta con otro tipo de cuidadores, al principio).

Delegar tareas innecesarias. Si se puede, olvidarse de la casa y la comida, por ejemplo, es una idea excelente (o de la casa y la ropa, o de las compras, etc.). Hay que convencerse de que no se puede estar en varios lados al mismo tiempo, y menos con un bebé. Si piensan eso, lo intentan y fallan, se sentirán defraudadas e inevitablemente caerán en la tristeza.

Los comentarios de la gente no siempre están dirigidos a uno en forma personal. “Por suerte vos tenés tiempo, estás todo el día en tu casa” o “Lo único que tenés que hacer es estar todo el día con el bebé” no quiere decir que lo que hacemos no vale o no tiene ninguna importancia. Al contrario. Pero la gente muchas veces pone ejemplos y no se da cuenta de que está delante de una persona que está pasando por un momento muy especial y por una etapa de gran sensibilidad.

No descuidar el arreglo personal. No importa si la ropa que hay que usar es más amplia que la habitual, también puede ser linda. Tampoco importa si se ensucia o se arruga por el bebé. Tiene solución.

Reconectarse con gente que tuvo que ver con contigo antes del embarazo. A medida que los meses avanzan, la futura madre se va envolviendo cada vez más en el tema del bebé, el parto, la crianza, etc. Y va dejando de lado otras cosas que también le interesaban. Volver a sentirse cautivada por ellas es importante.

Buscar momentos de intimidad con la pareja. Tal vez comiencen a sentir algo diferente por el otro. Esto no significa que lo quieran menos. Simplemente están sintiendo algo diferente, lo que no quiere decir que el vínculo se esté deteriorando. Es más probable que la relación se torne más madura y más rica después de esta experiencia alucinante y conmovedora como es la de tener un hijo.


*Beatriz Goldberg es psicóloga y escritora, especialista en crisis individuales y de pareja. Coordina talleres y dicta cursos y conferencias sobre temas relacionados con su especialidad. Es autora de interesantes libros para la familia.
La columna anterior aquí publicada fue un aparte de su obra “Vivir el embarazo en Plenitud” de Lugar Editorial.
Para más información de la autora y sus libros visita su sitio www.beatrizgoldberg.com.ar

jueves, 23 de octubre de 2014

Como si fuera la primera vez

Por Sonia Soto


Mi vida tiene un parteaguas que es el nacimiento de mi hija.

Una vez escuché que alguien decía que su hijo cumplía un año más, pero para ella fue como volver a nacer, así que era como si dos nuevas vidas se hubieran gestado.

Esta frase me dejó marcada y creo que encierra todo lo que significa tener a Ana Luisa conmigo.

En efecto, el nacimiento de ella trajo consigo mi renacer, se que parece muy rebuscado, pero es una situación simple: mi hija me ha enseñado a ver cada cosa con el asombro de la primera vez, por decirlo de alguna forma recuperé mi capacidad para admirar cada instante y detalles por muy pequeños que sean.

Conforme Ana crecía yo aprendía con ella, bueno sólo tiene cuatro años, los aprendizajes son muchos, pero creo que el que más valoro es esa capacidad de asombro que me ha regalado todos los días de estos hermosos cuatro años.

Ahora sí que el alumno superó al maestro y me refiero a ello porque como madres pensamos que
somos las responsables de enseñar, pero pocas veces nos preparamos para recibir lecciones de nuestros pequeños.

Los adultos en general tendemos a dejar de ver esos detalles que la vida nos da, el ajetreo, el trabajo, los quehaceres diarios, hacen que poco a poco perdamos esa capacidad de asombro que a los niños les sobra.

Tener un hijo es como esperar los regalos bajo el arbolito todas las navidades, dice una amiga, y creo que definitivamente es así, mi hija me ha demostrado que la vida son instantes de felicidad que te llevas en el corazón y que al pasar de los años te llenan de regocijo y alegría cuando los recuerdas.

Mi hija me ha enseñado a amar de forma incondicional, por ello creo que ahora admiro mucho más a mi madre, porque sé que daría todo por mí, así como yo lo daría por Ana Luisa… sólo por verla sonreír.

Por supuesto que no puedo olvidarme de aprendizajes como la paciencia, una capacidad que creo explotamos más en los primeros meses, la etapa más difícil para mí de un pequeño, porque no puede expresarte qué le sucede, es prácticamente una labor de adivina entender el por qué de su llanto.

Como dije en el post anterior el instinto nos ayuda mucho, pero mientras aprendemos a hacerle caso sufrimos mucho, en ese sentido me siento también afortunada, siempre tuve a mi madre enseñándome todo lo que sabía y dándome un abrazo, de esos que alivian mágicamente cualquier preocupación o dolor.

Al principio este cambio en la vida es complicado de asimilar, sobre todo porque pierdes independencia y dejas de estar en el primer lugar de tus prioridades, pero hay una palabra mágica que te libera de todo malestar: ¡Mami!

miércoles, 22 de octubre de 2014

10 cosas que hay que hacer cuando estás embarazada

1. Dormir
Sobre todo los primeros meses porque conforme avance el embarazo y crezca tu panza no podrás encontrar forma de acomodarte y el cansancio irá en aumento. Eso sin contar que prácticamente dejarás de dormir recién nazca tu bebé.

2. Caminar
Hacer ejercicio con moderación es sano, además de que te ayuda a mantener buena circulación, evitar que tus piernas se hinchen y que subas de peso con todos los antojos que puedas tener.

3. Dejarte consentir
Aprovecha que tus familiares y amigos quieran saber cómo estás y tengan atenciones contigo y hasta te consientan. Cuando nazca el bebé pasarás a segundo término, así que déjate consentir mientras puedas.

4. Comer sano
Está bien que de vez en cuando le des rienda suelta a ese antojo de un pambazo con mayonesa a la media noche o un tamal con mermelada de fresa para desayunar, pero es importante que cuides tu peso y comas sano para evitar subir mucho de peso, no sólo podrías quedarte con estos kilos de más, sino que podrías incluso tener problemas con tu salud durante el embarazo.

5. Verte bien
Si bien todas las mujeres embarazadas tienen un brillo que las hace ver distintas, la “fodonguez” no aplica para este momento de tu vida. Preocúpate por verte bien, comprarte ropa que te haga sentir cómoda pero bonita, y peinarte, un gloss en los labios y máscara de pestañas nunca estará de más.

6. Acaricia tu panza
Disfruta ver y sentir crecer tu panza. Encuentra qué cosas estimulan a tu bebé, desde un helado de chocolate o dejar caer el agua caliente de la regadera sobre tu barriga y disfruta la experiencia de sentirlo mover dentro de ti.

7. Tómate fotos
No dejes pasar la oportunidad de tener un registro de cómo crece tu panza a lo largo de estos meses. Ya sea con la cámara de tu celular o en una sesión con un fotógrafo profesional, pero guarda un recuerdo de este momento irrepetible.

8. Escríbele una carta antes de que nazca
Por más que sientas a tu bebé en la panza y lo hayas visto en muchos ultrasonidos, no puedes imaginarte cómo será cuando lo tengas en tus brazos, así que date el tiempo de escribirle esta y otras experiencias que has tenido desde que lo llevas dentro de ti.

9. Ve al cine
Si eres de las que te gusta ir al cine o ver películas en tu casa comiendo palomitas abrazada de tu esposo, hazlo cuantas veces quieras porque una vez que nazca tu bebé, tardarás mucho tiempo en volver a tener un momento así.

10. Lee
Lee todo lo que puedas sobre la maternidad, el embarazo, los primeros meses del recién nacido. Si bien no te dará todas las respuestas a las dudas que empiecen a saltarte cuando tengas a tu bebé contigo, te ayudará a prepararte para lo que te traerá esta gran aventura que ya comenzó!!!

¿Y ustedes, qué otros consejos les compartirían a las nuevas mamás?

Descubriendo una nueva forma de amar

Por Merle Guadarrama 


Es muy complicado mencionar  sólo una cosa y ustedes mamis me entenderán pues creo que todas coincidimos en que nuestros hijos todos son bellos y únicos.

Lo que sí puedo afirmar es que  a lo largo de esta gran aventura que inició hace dos años y que estoy segura que continuará por mucho tiempo más, es que lo que más amo y me ha enseñado mí hijo es la mujer que soy hoy en día.

La mujer que él descubrió y que me enseñó que está en mí.

Él ha sabido transformar cada momento del día en un aliento de “échale ganas mamá”; una sonrisa en “tú eres la mejor mamá”; un beso y abrazo en “te amo tal y como eres”.

Me ha ayudado a saber lo fuerte que soy y los alcances que puedo tener, él es mi mayor apoyo. ¡Cómo no amarlo en su totalidad!

Sus ojos, su sonrisa, sus gestos, todo él me impulsa a seguir adelante y a luchar por un futuro mejor para él, para mí, para los dos.

Lo que más amo de mi hijo sencillamente es que es mi Ángel, y que es mi hijo.

Me ha enseñado a saber la fortaleza que existe en mí ser y el amor tan bello, sincero y puro que existe.

Él me enseña día a día la gran bendición de ser madre y de tener salud, amor y, sobre todo, el mejor regalo de la vida: él, mi bebé.

martes, 21 de octubre de 2014

Paciencia, mi mejor estrategia para ser mamá

Por Claudia Castro


En los casi 14 meses que llevo como mamá, he aprendido tantas cosas de Mateo, que este breve espacio no me alcanzaría para describirlas.

Sin embargo, durante estos meses me he encontrado con una parte de mí misma a la que no le había sacado su potencial como lo estoy haciendo ahora.

No sé si en realidad tenga algo que ver con que, como buena Virgo, soy extremadamente perfeccionista y si algo me molesta (o me molestaba hasta antes de Mateo) era que las cosas no me salieran como yo quisiera.

Y como era lógico, cuando me convertí en mamá, todas las cosas que vivía me estaban tomando tan de por sorpresa, que nada me salía como yo pensaba que las cosas tenían que salir.

Recuerdo el día que me quedé sola por primera vez a los pocos días de haber nacido mi hijo: Mateo lloraba, yo no entendía cómo es que decían que una mamá sabe qué tiene su hijo con tan sólo escucharlo llorar. No sabía cómo sacarle el aire después de comer, siempre se quedaba con hambre y por más que lo arrullaba no quería dormir. 

Él lloraba y yo junto con él.

No sé qué hubiera hecho esos días en los que las hormonas, el cansancio y la falta de experiencia me llevaban a pensar con frecuencia que no estaba siendo una buena mamá, si no hubiera tenido el apoyo que todos los días me daba Juan Manuel, mi esposo.

Y en esos días aprendí a ser paciente para disfrutar de mi nuevo papel de mamá. Dejé de pensar en que las cosas tenían que estar fríamente calculadas (¡Al menos no en esto!) y empecé a actuar con paciencia y a entender que los tiempos de mi hijo son diferentes a los míos.

Probé mil formas para intentar sacarle el aire hasta que por fin lo conseguí, he querido dormirlo de mil maneras hasta que ahora basta con que nos abracemos a ver un video para bebés que termina por conciliar el sueño.

Soy paciente cuando no quiere dormir y lo soy también cuando comienza a hacer un berrinche porque en aún esos momentos, lo miro a los ojos, mantengo la calma y así trato de transmitírselo, le digo que comprendo su sentimiento pero también que no tiene por qué actuar así. Y hasta ahora me ha funcionado.

En medio de todo esto me he soltado a disfrutar. A ser menos clavada en la perfección, ver más allá de las altas metas y sentirme una mamá plena con tan solo verlo jugar con mis perros, porque dicho sea de paso, ese es uno de los momentos que verdaderamente me llena.

A su lado he aprendido que la vida es mucho más sencilla que las telarañas que uno como adulto comienza a construirse y que terminan por convertirse en obstáculos.

Ahora disfruto de las cosas simples de la vida, como lo hace un niño, pero con las vivencias que me han dejado mis 31 años.


lunes, 20 de octubre de 2014

Las enseñanzas de mi hijo

Por Ceci Torres


Este texto me ha llevado mucho más tiempo del que pensé y es que cada que quiero escribir una cosa, se me vienen mil más. Creo que tendría que publicar tres semanas el tema para más o menos terminar. En fin, decidí resumir lo más que pude:


Predicar con el ejemplo
¡Cuántas veces no hemos escuchado esta frase! Pues yo le di significado hasta que Diego llegó a mi vida. A veces uno va por el mundo haciendo cosas como decir groserías al volante, expresarse de cierta forma, explotar fácilmente, pero cuando caí en cuenta que todo eso lo aprende y se le queda, entendí que ellos son nuestro espejo.

De ahí la importancia de hacernos conscientes de nuestros actos (cosa que por supuesto no es sencillo) pero que vale la pena detenerse día a día a revisar para poder modificar lo necesario y darles el mejor ejemplo que podamos darles.

Por ejemplo, enseñarle a decir buenos días, por favor, gracias, abrazar a un árbol, meditar, entender que los animales sienten, respetarse a él y a los demás es algo fundamental para hacerlos mejores seres humanos y por supuesto serlo uno también.


Disfrutar cada momento y vivirlo con inocencia:
En lo personal esta enseñanza me ha cambiado la visión de la vida.

Hoy, estoy segura que no importa la edad que tengamos si todos los días nos damos a la tarea de agradecer lo que tenemos y de sorprendernos con lo que la vida nos muestra.

Diego me enseñó que las cosas materiales o situaciones que creía que eran una bomba no tienen el mismo sentido al lado de una carcajada de él porque “me desmayé” y él va a ser el doctor que me atienda.

Qué importante es darle el valor que realmente tienen las cosas y ellos son lo más importante, vale la pena darse el tiempo para disfrutarlos y hacérselos saber.


El amor incondicional
Éste ha sido mi mayor aprendizaje. Entender y sentir algo mucho más grande de lo que jamás pude imaginar.

Desde que Diego crecía en mi panza, el hacer cosas que muchos pensarían que son de locos, como ponerle música, inventarle canciones, platicar con él, llorar de emoción al escuchar sus latidos y salir extasiada después de cada ultrasonido.

Hoy a sus tres años lo veo sonreír, crecer, enojarse, dormir y ser parte del mundo y mi corazón me dice que todavía se puede sentir más. Aprendí que soy capaz de amar pura e incondicionalmente con una sola mirada o pensamiento y esa sensación no se cambia por nada en el mundo.

Le doy gracias a Dios todos los días por seguir aprendiendo a su lado, por poder disfrutar y amar cada momento de mi vida, por darme cuenta que tengo aún mucho por aprender, pero que de la mano de Diego y de Jorge, mi esposo, podemos seguir sorprendiéndonos, riéndonos y agradeciendo todas estas oportunidades.

jueves, 16 de octubre de 2014

Cuando ser mamá no estaba entre mis planes

Por Sonia Soto

Debo de reconocer que una de las cosas que no figuraba en mi plan de vida era ser mamá. ¿La razón? Crecí en medio de muchos sobrinos y vi las que pasaban mis cuñadas y hermanos en medio de esta nada sencilla labor.

Fue la primera expresión que escuché de mis amigas más cercanas cuando les di la noticia: “la que no quería tener niños porque en su casa ya había muchos”, decían.

Cuando tuve la sospecha fui con mi esposo a la farmacia y compramos una prueba casera, nos sentamos en una banqueta y leímos cuidadosamente las instrucciones, pasamos un buen rato ahí sentados sin hablar, tal vez cada uno pensando en esta gran responsabilidad y cómo cambiaría nuestras vidas.

Llegamos a casa y me realicé la prueba, el resultado más que positivo fue el inicio de una gran aventura que hoy, a cuatro años considero, es la mejor de toda mi vida, y lo mejor es que cada día se escribe un álbum con muchas más.

El siguiente paso fue decírselos a los seres que me han enseñado y demostrado el amor más incondicional y sincero: mis padres.

Su reacción fue como la esperaba: apoyo incondicional, lleno de amor y siempre con un respaldo que hasta este momento me siguen dando en todos los sentidos.

Mi pequeña Ana Luisa aún no se comenzaba a formar y ya tenía a cuatro personas que la adoraban sin conocer su ojos, sin poder tocar sus manos, pero sintiendo su corazón aún a semanas de comenzar a crecer en mi vientre.

Inmediatamente comencé a documentarme, todo lo que hablaba sobre maternidad lo leía, todo me sirvió para darme cuenta que se debe vivir esta etapa sin tanta tensión, sí con responsabilidad, porque traer un ser a este mundo es increíble, pero ese instinto que tenemos, prácticamente resuelve la mayoría de las dificultades, no me pregunten cómo, simplemente es así.

Siempre he pensado que el amor lo puede todo, también que el amor de tu vida llega a romper ese plan que forjaste, y lo comprobé en carne propia: Gustavo llegó a romper esa vida que me había impuesto, me inspiró la maternidad y sí, cambió mi forma de concebirla.

Gracias a ello pude enamorarme de una personita que todavía no conocía, y sin temor a equivocarme sé que es lo mejor que me ha regalado la vida: sus sonrisas, sus miradas, sus ocurrencias.

Ese día definitivamente cambió completamente mi existencia, sigo cambiando para bien, aprendiendo sobre la marcha, pero sobre todo tratando de que mi niña sea muy feliz.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Estoy embarazada ¿y ahora?

Por Merle Guadarrama

Miedo fue la primer palabra que se me vino a la mente. El temor a lo desconocido  impero en mi ser, lo cual me causó un doble sentimiento (culpa y alegría).

Preguntas como: ¿qué voy a hacer? ¿Seré buena mamá? ¿Podré hacerlo? ¿Mi bebé me amará ya tan pequeñito?

Cada una de estas cuestiones se resolvieron día a día, el miedo no; ese predominó  hasta después de los tres meses.

Era un tema que a mi edad no tenía planeado y por consecuencia no sabía cómo abordar. Lo primero que hice fue compartirlo con mi pareja, pues consideré que ese temor tenía que ser de los dos para poder convertirlo en una gran alegría y así fue.

Lo invité a cenar y con una sorpresa le di la noticia, su rostro fue de alegría y anhelo, eso me ayudó mucho, me abrazó y me dijo: ¡Gracias por darme un  pedacito de nosotros!

Esas palabras me tranquilizaron ya que si a ustedes nos les pasó o están en esa situación, el miedo que uno siente a lo desconocido, a los cambios es normal y a la vez se siente una culpa por sentirlo porque es una vida y no sólo eso, es la vida de tu bebé.

Después del paso de los días lo que siguió fue decirle a la familia iniciando con la abuela, mi madre y gran apoyo, ella fue la más feliz. Así uno a uno de los integrantes de la nueva familia de (Alonso, mi bebé) se fueron enterando y todos coincidieron en una gran alegría; decían: serás una gran mamá.

Palabras de aliento, gestos, caricias y el hombro de cada uno me ayudó a ir superando ese temor a lo desconocido. Pero les decía que este sentimiento estuvo en mí hasta los tres meses y es que este miedo llegó cuando me dijeron que tenía problemas de retención en la matriz y que podía perder al bebé. Ese momento fue el peor momento de miedo y angustia que he tenido en mi vida.

¿Qué hice? Decirle a mi bebé que él no tuviera miedo, que yo estaba con él y que me ayudara a luchar por él, por nuestra vida juntos. Él con su gran fortaleza me demostró que ese miedo sólo nos quitaba fuerzas para conocernos y compartir nuestras vidas. Fue la primer gran lección que aprendí de mi hijo.

Las preguntas que me hice al principio se han ido resolviendo y se irán resolviendo día a día. ¿Qué si me ama aunque sea tan pequeño? Ahora sé que sí cada vez que me dice: ¡MAMÁ!

martes, 14 de octubre de 2014

¿Preparada para ser mamá?

Por Claudia Castro

Llevaba algunos meses queriéndome embarazar y no´más nada. A finales del 2012 platiqué con mi esposo y acordamos que antes de que se convirtiera en un deseo frustrado, dejaríamos ese tema por la paz y nos refugiaríamos en la idea de que los tiempos de Dios son perfectos y el bebé llegaría cuando tuviera que llegar.

Empezó 2013 y un día mientras escribía la nota del día siguiente, caí en cuenta que llevaba algunos días de retraso. Repasé cómo me había sentido los últimos días y enseguida supe que estaba embarazada.

Corrí a comprar la prueba de embarazo, los nervios estaban a todo lo que daban. Salió positivo, mis manos y piernas temblaban, sabía que era cierto porque tenía los síntomas, pero no lo podía creer. Tan no lo creí que se lo dije a Juan Manuel, mi esposo, hasta el día siguiente.

Al otro día volví a hacerme otra prueba. ¡Es que de verdad no lo creía!... Para cuando Juan Manuel regresó del trabajo se topó con un regalo que le había dejado en su buró. Contenía una mamila con la prueba de embarazo y una carta.

Apenas lo abrió no pudo contener las lágrimas y obviamente ¡yo menos! Nos abrazamos, lloramos y lloramos y lloramos… Entre que somos sensibles, cursis y la noticia simplemente nos volvía locos porque creímos que tendríamos que esperar otro rato antes de ser papás, ese día se convirtió en uno de los mejores de nuestras vidas.

Y aunque fue un bebé deseado, también la noticia me llenaba de muchos nervios. Me daba mucha emoción pensar en su llegada, pero a la vez me llenaba de dudas y temores sobre si sería una buena madre, si estaba preparada para tener a un bebé entre mis brazos.

Sinceramente creo que me convertí en mamá en el mejor momento de mi vida. No porque estuviera preparada para serlo (hoy mismo me pregunto si lo estoy), sino porque tenía plena conciencia de querer ser mamá.

Disfruté desde ese primer momento en que supe que un pedacito de mi esposo y mío crecía dentro de mí, hasta los antojos, los achaques, las apapachadas que yo misma me daba dándome el lujo de dormir cada que podía o tomar un baño caliente.

Disfruté ver crecer mi panza, acariciarla hasta decir basta, tomarme fotos, las visitas al ginecólogo y que la doctora me dijera que todo iba perfecto, enterarme que sería mamá de un niño y preparar su llegada, las atenciones y cuidados que tenían mis compañeros y jefe, y hasta podernos estacionar en lugares para embarazadas, jajaja!

Fui tan feliz mientras lo sentí crecer dentro de mí, pero creo que aún así no se compara con ver sus ojitos, besuquearlo, cargarlo, escucharlo reír. Son etapas distintas y uno tiene que soltarse a disfrutar. Ser la mamá de Mateo ha sido la bendición más grande de mi vida y aunque cada día saltan nuevos temores, en ninguna otra etapa de mi vida había sentido esa confianza en mí misma para pensar que puedo enfrentarlos y vencerlos.

lunes, 13 de octubre de 2014

Lo que sentí cuando supe que sería mamá

Por Ceci Torres



Mi experiencia es una historia un poco diferente, ya que cuando creí estar embarazada resultó que no.

Por si fuera poco tengo una hermana gemela la cual estaba buscando bebé al mismo tiempo que yo.

Durante cuatro días seguidos me sentía mareada y al principio creí que era porque me estaba extralimitando con el ejercicio, luego dije, ¿qué tal estoy embarazada? Así que corrí a hacerme la prueba y nada, y seguí con mi vida normal.

Días después vi a mi hermana en un evento familiar y en la conversación salió que llevaba algunas semanas intentando embarazarse. Entonces la tomé del brazo y corrí al baño a decirle que por favor se hiciera una prueba porque yo me había estado sintiendo mal. (Es importante comentarles que toda nuestra vida hemos sentido lo que le sucede a la otra, pero por lo general era ella la que sentía, como cuando me rompí el codo, ella no podía moverlo y yo llegué al hospital como si nada).

En fin, vi su cara de pánico como si no creyera, pero me dijo que prometía hacerlo. Dos días después sonó mi teléfono y era ella llorando, me espantó muchísimo, le dije “¿estás bien?” y solo entendí el “aunque no hubiera querido, eres la primera en enterarte que voy a ser mamá”. Aún se me llenan los ojos de lágrimas cuando lo platico.

Dos semanas después las náuseas se apoderaron de mí y yo juraba que mi sobrino me iba a hacer una mala jugada durante varios meses, pero un día una amiga me preguntó que si estaba embarazada porque mis bubis eran enormes jajaja!!... En esta prueba salió positivo, por lo que el malestar ya era mío y no de mi hermana.

Todo me tembló cuando vi la prueba en positivo, estaba segura que quería un bebé en casa, pero cómo saber si estás listas, cómo decírselo a tu marido, ¿esperar a que me cayera el veinte primero o que nos cayera juntos?

Decidí hacerlo en pareja, al siguiente día estaba plantada en el consultorio del ginecólogo para verificarlo y por la noche cuando Jorge, mi esposo llegó, se encontró con un camino de huellitas y una foto del ultrasonido al final. Lloramos de emoción, pero no podíamos ni creerlo.

Tengo que reconocer que ha sido la noticia que más emoción y pánico me ha dado al mismo tiempo.

Una nunca está lista para ser mamá, eso es completamente cierto, pero cuando supe que había una personita creciendo dentro de mí, no pude más que sentir un intenso amor y agradecimiento a Dios y a la vida por la oportunidad tan grande que me estaban dando.

Hoy, casi cuatro años después creo que fue la mejor experiencia y la mejor noticia de mi vida, todavía estoy convencida que uno nunca está listo jajaja!! Pero de lo que sí estoy completamente segura es del inmenso amor que le tengo a mi hijo y que no me equivoque en la decisión de traerlo a este mundo.

¡Bienvenidas!

Y de repente un día ya los teníamos en nuestros brazos...

Tan pequeños, tan frágiles, tan delicados, tan indefensos y nosotras queriéndoles dar todo y sin saber por dónde empezar, deseando tanto ese momento, creer que nos habíamos preparado para que, llegado el día, no nos tomaran tan desprevenidas y al final, tan inexpertas.

Hoy el acceso al Internet y las tecnologías nos permite acceder a un mundo de información, que al mismo tiempo puede perdernos y confundirnos.

En YouTube podemos encontrar videos desde cómo cambiar un pañal, cómo bañar a un bebé, cómo amamantar a un recién nacido, cómo prepararse para el parto y ya con nuestro hijo en brazos no tenemos ni idea de qué hacer.

¡Qué ganas de tomar al niño, ponerle play al video de YouTube y seguir los pasos 1, 2 y 3 para darle la mamila, sacarle el airecito y ponerlo a dormir!

Pero no, al final, a todas nos sorprende la maternidad.

Por más que hayamos leído, que nos hayamos “preparado”, que nos cuenten nuestras amigas, que hayamos visto decenas de videos en Internet y sigamos leyendo, y escuchando, y viendo… Cada bebé es distinto y la conexión que logramos con nuestros hijos es única.

Afortunadamente hay algo que nos ayuda a librarnos de esas terribles batallas internas entre el qué hacer y el qué no hacer, algo que nos permite alejarnos de los consejos encontrados de las suegras, las tías y los abuelos: el instinto maternal.

Ese instinto que se despierta cuando sentimos sus pataditas en la panza, o la primera vez que escuchamos su corazón como un caballito a todo galope durante nuestra visita al ginecólogo o cuando nos por fin vemos su carita cuando el pediatra nos lo presenta en la sala de cirugías.

Y todo eso que vivimos durante el embarazo y la llegada de nuestro hijo, es apenas el principio de todos los retos que ser mamá nos pone enfrente.

De eso justamente queremos hablar en este blog.

Somos 4 mujeres –más todas las mamás que quieran sumarse- compartiendo nuestras experiencias.

Mamás que hemos asumido este rol con amor, pero que sabemos que también se requiere mucha entereza y temple. Mamás que tomamos las cosas en serio, pero sabemos que vale la pena soltarse a disfrutar de nuestros hijos.

Sería muy pretencioso de nuestra parte decir que venimos a dar consejos de cómo ser mejores mamás.

Charla de Mamás no es una guía, es compartir y retroalimentarnos, apoyarnos en formar de la mejor manera y a través de nuestras experiencias a lo más preciado que tenemos: nuestros hijos. Así que, ¡bienvenidas!