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miércoles, 10 de diciembre de 2014

¡Nos han tomado la medida!

Por Merle Guadarrama 




Se tiran al suelo, nos hacen ojitos “Remi”, nos paran la trompra, rompen en llanto y… ¡corremos a verlos! 

Muchas abuelas dirán que los dejemos llorar, que hagan pulmón pero ¿hasta qué punto debemos ceder como padres? ¿Nos toman la medida? 

Es complicado el tema pues a todos nos desespera no tener todo inmediato, que no nos presten atención inmediata o que si nos sucede algo nos atiendan. 

Hasta aquí parece lógico que nuestros hijos al igual que un adulto llore o se moleste porque no tiene lo que quiere pero debemos poner límites para que no nos tomen la medida. 

Lo que yo he hecho es jamás gritarle, a mí, en lo personal, me aturden los gritos y creo que una persona no asimila con los gritos, tampoco le pego. 

Lo que hago con Alonso es hablar y aunque esté pequeño sé que entiende y sé que aunque no lo asimile al 100 está aprendiendo a saber lo que no debe y sí puede hacer. 

Por eso cuando comienza en un momento de llanto o estrés, le pregunto qué es lo que pasa y trato de solucionarlo si así continúa con el llanto o puchero lo dejo que llore pues él está eligiendo su estado . 

Claro que si veo que le está o le está causando daño lo atiendo de inmediato. 

Debemos medir nosotros hasta dónde los dejamos que hagan berrinche o que llorón o que den mimos de más, porque también pasa. Ninguna de las dos parte debemos dejar tomarnos la medida, si no debemos tomarnos el tiempo de conocernos y acoplarnos. 

Nos leemos la siguiente… 

lunes, 8 de diciembre de 2014

La imagen que ven nuestros hijos

Por Merle Guadarrama 




La mayor parte del tiempo estamos corriendo, trabajemos o no las mamás andamos pisa y corre y le dedicamos muy poco tiempo a un punto muy importante: nuestra imagen. 

Puede sonar a banalidad pero te has preguntado ¿cómo te ven tus hijos? 

Debemos tener muy presente que nuestra imagen permea  en nuestros hijos y podemos generar inseguridad. 

Así como nos damos tiempo para arreglarlos a ellos, alistar todo su lunch y todo lo que implica un hogar también debemos procurar nuestra imagen, nuestro cuidado personal.

No se trata de disfrazarnos, si no de tener una imagen cuidada, limpia y pulcra que genere confianza y, sobre todo, permee positivamente en nuestros hijos. 

¿Cómo? Enseñemos también  buenos hábitos de cuidado personal, evitemos  vestir de manera inadecuada, casi casi en pijama, o  en pants y más cuando  dejamos a nuestros hijos en la escuela o acudir vestidos de manera inadecuada a las juntas escolares. 

Te dejo algunos tips de un estilo que se llama Business Casual que se caracteriza por hacernos lucir cómodos pero arreglados y presentables. 

Mujer 

- Conjunto de camisa/blusa y pantalón o falda.
- Vestidos lisos, tejidos o estampados discretos.
- Blazer y suéteres.
- Zapatos cerrados o punta abierta (no sandalias), pueden ser de medio tacón, planos o mocasines formales, botas y botines. 
- Accesorios y maquillaje  discretos.

Hombre

- Los pantalones tipo Dockers, gabardina, lana o algodón. 
- Prescindir de la corbata 
- Camisa manga larga, de preferencia.
- Mocasines 
- Traje combinación de dos piezas)
- Blazer 

jueves, 20 de noviembre de 2014

Porque corregir también es amar

Por Sonia Soto Maya




Siempre que veía en la calle a un niño llorar hasta el cansancio e incluso arrastrarse porque su mamá no había cumplido alguno de sus deseos pensaba que cómo era posible que no pudiera controlarlo. 

También pedí con todas mis fuerzas nunca a travesar por una situación así.

Afortunadamente hasta ahora Ana Luisa no se ha arrastrado o me ha hecho un berrinche de esos ni en público ni a solas. Sin embargo, como toda niña tiene sus momentos, esos que por más explicaciones que le des no los haces entender.

Creo que en muchas ocasiones los adultos subestimamos a los niños, y en esa inocencia de creer que no saben lo que hacen o no entienden las implicaciones de sus actos, dejamos que nos manejen a su antojo.

Yo creo que entienden perfecto, y también estoy segura que saben de qué pie cojeamos para que con solamente poner el famoso “ojo Remi” iremos a su rescate o los complaceremos en todo.

Ahora entiendo mucho más a esas pobres mujeres que vi en la calle cuando aún no era mamá, porque controlar un berrinche no sólo es cuestión de dar una nalgada, va mucho más allá, el niño está buscando demostrar su poder y ante la impotencia y también porque no, las miradas que piden que lo calle o que le ponga un hasta aquí, las madres terminan cediendo.

Cómo entendí que en esta situación el adulto soy yo y no podía dejar que mi hija pensara que siempre sería dueña de las situaciones:

1. Primero comencé por ponerle límites. Hay una diferencia muy grande entre demostrarles amor y otra que se crean invencibles. Desde pequeños es importante enseñarles valores, de lo contrario podemos crear pequeños monstruos.

2. Después, ante alguna situación que consideraba no era correcta, le hablaba firme y explicaba las razones por las que no debía hacerlo, por supuesto, con palabras que ella entendiera.

Bajo estos dos principios he educado a mi hija y hasta el momento me ha funcionado.

Ella sabe que la quiero, pero que si hace algo que no considero adecuado hablaré con ella de forma firme y en algunas ocasiones no tendrá derecho a algo que le gusta, esa será una forma de hacerle reflexionar su error.

Me ha costado trabajo no caer ante su mirada, pero he tratado de ser firme ante una determinación. No ha sido fácil, sobre todo porque a sus cuatro años Ana Luisa ya demuestra carácter, será una mujer que no permitirá una injusticia y siempre que considera que estoy equivocada me contesta con sus argumentos, que para su edad muchas veces me sorprenden.

Las mamás de hoy además de todo nos enfrentamos a niños mucho más despiertos que no se quedan callados cuando algo no les parece, no es fácil ser la mala de la novela cuando hay que corregir o quitarle por un lapso algo que les gusta, pero siempre he creído que es mejor actuar a tiempo, para no arrepentirnos después. ¡Nadie dijo que sería fácil!

Y ustedes, ¿cómo enfrentan esos momentos?

viernes, 14 de noviembre de 2014

10 cosas que aprendí cuando dejé de gritarles a mis hijos




Alguien me preguntó este fin de semana pasado, “¿cuáles fueron tus conclusiones por no gritar durante un año? ¿Has aprendido algo?” Eh, muy buena pregunta. Y me hizo pensar: “Bueno, ¿qué aprendí?” Voy a decir esto: aprendí mucho, mucho más de lo que puede caber en una posible entrada en el blog! Así que quiero compartir con ustedes las 10 mejores cosas que he aprendido de mi “Desafío Rinoceronte naranja” donde me prometí no gritar a mis 4 niños durante 365 días seguidos.

1. Gritar no es la única cosa que no he hecho en un año (399 días para ser exactos!)
Tampoco he ido a la cama con un pozo desgarrador en mi estómago porque me sentía como la peor madre del mundo. No he gritado a mi marido a quien le gritaba una y otra vez. Y no he oído a mis hijos gritar: “Tú eres la peor mamá en el mundo, no te quiero más!” Sí, aprendí realmente rápido que es mucho mejor no gritar!

2. Mis hijos son mi público más importante.
Cuando tuve mi “epifanía no más gritos,” me di cuenta de que yo no grito en presencia de los demás, porque quiero que crean que soy una madre amorosa y paciente. La verdad es que yo ya era así pero rara vez cuando estaba sola, siempre cuando estaba en público con una audiencia para juzgarme. ¡Esto debería ser al revés en realidad! Siempre tengo un público – mis cuatro chicos siempre me miran y ellos son la audiencia que más me importa-, que son a quienes yo quiero mostrar lo amorosa, paciente y “libre-de-gritos” que puedo ser. Quiero que mis hijos me juzguen y proclamen: “Mi mamá es la mejor mamá del mundo!” Recuerdo esto cada vez que estoy en casa y pienso que no puedo perder la cabeza, obviamente no puedo … ¡ya lo haré fuera de casa todo el tiempo !

3. Los niños son niños, y no sólo los niños, la gente también.
Al igual que yo, mis hijos tienen días buenos y días malos. Algunos días son agradables y dulces y escuchan muy bien, otros días son gruñones y difíciles. Por cierto, yo soy siempre dulce y nunca difícil. Siempre. ¡Ja! Y como todos los niños, mis hijos son difíciles, a veces, se niegan a ponerse sus zapatos, y pintan la pared, sobre todo si se trata del nuevo papel de pared que a mamá tanto le gusta. Así que sí, tengo que revisar mis expectativas y recordar que mis hijos son niños: ellos todavía están aprendiendo, siguen creciendo, y todavía tienen que encontrar la manera de manejar el despertarse con el pie izquierdo. Cuando se “equivocan” tengo que recordar que no sólo no ayudan los gritos, sino que como yo, no les gusta que les griten!

4. No siempre puedo controlar las acciones de mis hijos, pero siempre puedo controlar mi reacción.
Puedo hacer mi mejor esfuerzo para seguir todos los trucos de crianza del mundo para tener a los niños bien disciplinados, pero ya que mis hijos son niños, ellos no van a hacer siempre lo que quiero. Puedo decidir si me dan ganas de gritar “¡recoge tus Legos!”  cuando ellos no escuchan o si quiero irme lejos por un segundo, recuperar la compostura haciendo algunos saltos, y luego regresar con un nuevo enfoque. PD: el irse y tomar un respiro en realidad puede obtener los Legos recogido más rápido que gritar.

5. Gritar no funciona.
Hubo numerosas ocasiones en que quería dejar mi “Desafío rinoceronte naranja” cuando pensaba “gritar sería más fácil que encontrar respiraciones profundas y alternativas creativas”. Pero yo era consciente. Desde el principio, he aprendido que gritar simplemente no funciona, eso sólo hace que las cosas salgan de control y hace que sea difícil para mis hijos para que oigan lo que quiero que aprendan. ¿Cómo pueden escucharme claramente decir “Date prisa, cojan sus mochilas, sus zapatos, sus chaquetas, no se peleen entre sí, vayan más rápido y háganlo todo ustedes solos!” cuando todo es una mezcla de intimidación y órdenes que hace que se pongan a llorar?

6. Momentos increíbles pueden suceder cuando no se grita.
Una noche oí pasos que venían de abajo y después de la hora de acostarse. Aunque enfurecí ya que mi “tiempo para mí” se vio interrumpido, me quedé tranquila y regresé a decirle a mi hijo  que volviera a la cama. Mientras lo metía en la cama me dijo “Mami, ¿me amarás si me voy al cielo primero, porque si vas primero, yo todavía te querré. De hecho, yo siempre te amaré. “Las lágrimas todavía vienen a mis ojos sólo de escribir esto. Puedo garantizar que si hubiera gritado “¡Vuelve a la cama!” nunca hubiéramos tenido esa dulce y tan importante conversación.

7. No gritar es difícil, pero ¡se puede!
No voy a decir que no gritar es fácil, pero conseguir ser creativo con alternativas sin duda lo hizo más fácil y más factible. Y después de gritar en el inodoro, golpear mi pecho como un gorila, cantar Lalala, Lalala es el mundo de Elmo, y el uso de servilletas de color naranja en las comidas como un recordatorio de la promesa, hicieron sin duda todo mucho más fácil. Claro, me siento tonta a veces al hacer estas cosas, pero me mantienen para no dejarlo. Lo mismo ocurre con mis nuevas palabras favoritas: “por lo menos”. Estas tres pequeñas palabras me dan una gran perspectiva y me recuerdan que debo relajarme. Yo las utilizo fácilmente en cualquier situación molesta. “¡Acaba de derramar toda una jarra de leche en el suelo … por lo menos no era de cristal y por lo menos estaba tratando de ayudar!”

8. Muchas veces, yo soy el problema, no mis hijos.
La línea de ruptura, “No eres tú, soy yo” suena incómodamente cierta cuando el aprendizaje es no gritar. Rápidamente me di cuenta de que muchas veces he querido gritar porque me peleé con mi marido, me sentí abrumada por mi lista de tareas pendientes, estaba cansada o era esa época del mes, no porque los niños se comportaran “mal.” También me di cuenta del reconocimiento de mis disparadores personales diciendo en voz alta: “Rinoceronte naranja, tienes el SPM (síndrome pre menstrual) y necesitas chocolate, tú no estás enojada con los niños, no grites” funciona muy bien para mantener a raya los gritos.

9. Cuidar de mí me ayuda a no gritar.
Siempre fui muy buena para cuidar de los demás, sin embargo, no siempre era buena en el cuidado de mí misma hasta ahora. Una vez que me di cuenta de que los desencadenantes personales, como sentirse con sobrepeso, sentirse desconectada de los amigos, y sentirse exhausta me predisponían a gritar, y empecé a cuidar de mí. Empecé a ir a la cama temprano, priorizando el ejercicio, tratando de llamar a un amigo un día y lo más importante, me empecé a decir que está bien que no sea perfecto. Cuidar de mí no sólo me ayuda a no gritar, sino también me hace más feliz, más relajada y más amorosa. Ah, los beneficios de no gritar se extienden mucho más allá de ser padres! No hay duda de que estoy haciendo una mejor crianza de mis hijos y en lo personal,  ahora que no me grito. Sólo por nombrar algunos de los beneficios inesperados de no gritar: Hago más actos de bondad al azar, puedo manejar situaciones estresantes con más gracia, y me comunico con más amor con mi marido.

10. No gritar se siente increíble.
Ahora que he dejado de gritar, no sólo me siento más feliz y más tranquila, también me siento más ligera. Me voy a la cama libre de culpa (a excepción de la galleta extra que comí ese día) y despierto con más confianza en que puedo ser una madre con una mayor comprensión de mis hijos, mis necesidades, y cómo ser más amorosa y paciente. Y estoy bastante segura de que mis hijos se sienten más felices y más tranquilos también. Sé que todo el mundo quiere leer, “dejé de gritar, y no sólo me siento muy bien, sino también mis hijos son ahora más tranquilos y perfectamente atendidos.” Bueno, no lo son. Ellos siguen siendo niños. Pero, las rabietas son más cortas y algunas se evitan completamente. Ahora que estoy más tranquila, puedo pensar más racionalmente para resolver problemas potenciales antes de que me venga una crisis. Pero olviden por un segundo que los niños se comporten perfectamente. Definitivamente, mis hijos son más amorosos hacia mí, y ahora me dicen muy a menudo “Te amo mamá Rinoceronte Naranja” y eso se siente impresionante, se siente fenomenal.


Fuente

jueves, 13 de noviembre de 2014

Qué hacer cuando el niño no quiere comer




Los bebés comen en relación a su tamaño, mucho más que los adultos. Por este motivo, en el proceso de hacerse adultos, tarde o temprano, empiezan a comer menos. El motivo de este cambio alrededor del primer año de vida es la disminución de la velocidad de crecimiento. Algunos niños dejan de comer a los nueve meses y otros esperan hasta el año y medio o los dos años. Durante el primer año, los bebés engordan y crecen más rápidamente que en ninguna otra época de su vida extrauterina.

Cuando el niño no quiere comer

Durante el segundo año, en cambio, el crecimiento es mucho más lento: unos 9 cm de alto y un par de kilos. Según los cálculos de los expertos, los niños de año y medio comen un poquito más que los de nueve meses y los padres, que no están informados de este hecho, piensan que si con un año su bebé come tanto, con dos comerá el doble. El resultado es un conflicto es inevitable y violento entre los padres y el niño.

¿Hasta cuándo siguen los niños sin comer?

Muchos niños empiezan a comer más hacia los cinco o siete años, cuando aumenta su tamaño corporal. Sin embargo, la cantidad de alimento que cada persona necesita es muy variable, y algunos niños comen mucho más o mucho menos que sus compañeros de la misma edad y tamaño. Por otra parte, las expectativas de los padres pueden ser también muy distintas y mientras algunas madres se conformarían con que su hijo se acabase el plato de espaguetis, otras esperan que después de los espaguetis se coma también un filete con patatas, una manzana y un yogur. Por este motivo, es importante respetar la sabiduría natural de los niños frente a sus necesidades fisiológicas.

Se come por necesidad, no por obligación

El hambre, que es la normal demanda del alimento, es diferente al apetito que es el normal deseo de satisfacer el gusto. La conducta alimenticia de los niños necesita una guía desde que son pequeños y nadie mejor que la madre o el padre para valorar este hecho de gran importancia en el crecimiento físico y emocional de su hijo.

La conducta alimenticia de los niños

Los padres pueden hacer mucho por educar correctamente a sus hijos en sus hábitos alimenticios, en su forma de comer, en su manera de demandar el alimento y en la percepción que tienen de la comida.

1. Crea un ambiente agradable. La hora de la comida debe ser agradable y necesaria para el niño. Evita que la comida esté condicionada al castigo, si no concluye el plato.

2. Cambia su percepción de la cantidad de comida. Sirve a tu hijo la cantidad de comida que necesita en función de su edad en el plato más grande. De este modo, percibirá que hay poca cantidad de comida dentro de su plato.

3. Fomenta su autonomía. Puede motivarle poner la mesa, dejar que él mismo se sirva y que decida y tenga autonomía sobre sus gustos alimenticios.

4. Enséñale a comer en familia. Siempre que puedas permítele que coma en familia para que se apropie de los hábitos alimenticios de los adultos, asimilando la conducta y los modelos de la familia.

5. Fomenta la alimentación equilibrada. Permitirle escoger su menú puede influir en el éxito o en el fracaso de su alimentación. El éxito significa que el niño debe probar una variada cantidad de alimentos saludables para ir acostumbrando su paladar a distintos sabores.

6. Evita complacencias y exquisiteces. La hora de la comida tiene un lugar, un tiempo y un fin claro y necesario.

7. Ofrécele sólo lo que necesita. No pretendas que el niño coma la misma cantidad de alimento que vosotros. Deje que él decida y coma la cantidad de comida que necesita para satisfacer su hambre y desarrollar de forma sana sus gustos.


Fuente
http://www.guiainfantil.com/salud/alimentacion/mihijonoquierecomer.htm

De "tin marín"... la elección del pediatra

Por Sonia Soto




Ana Luisa nació en un hospital de monjas, en el que además ofrecen consulta especialistas, entre ellos pediatras. Ahí fue la primera vez que la lleve a revisión. Los doctores, me decía la enfermera son militares y además muy buenos.

Ahí fue donde comenzó nuestra aventura con los hospitales. Los doctores me inspiraron confianza, ya que uno de ellos estaba presente durante el parto y fuera de todo ese nerviosismo que tenía lograron calmarme haciéndome la plática y tratándome muy bien, entendiendo que era la primera vez que estaba en un quirófano.

Después del primer mes, cuando las visitas fueron más recurrentes, íbamos cada mes a la revisión general de mi niña, poco a poco la distancia comenzó a pesar, más o menos 30 minutos en coche, y además los doctores sólo atendían por las tardes y la sala de espera estaba casi siempre llena.

Fue en ese momento que apliqué el dicho: “la mejor escuela es la que está cerca de casa, en este caso el mejor pediatra”.

Así que un día descubrí al doctor Arturo Ochoa Jasso y como en mis otras decisiones, me guíe por el instinto, en esta ocasión se ganó mi confianza desde el momento que cargó a la niña. Cada mes la revisaba y nos explicaba por qué esto, por qué el otro, por qué aquello.

Simple y sencillamente me gustó su trato con mi hija y que siempre trataba de explicar en términos "terrícolas" lo que le sucedía o porque era necesaria una revisión mensual.

Él mismo nos enseñó que hay doctores que vienen de diferentes épocas y por lo tanto tienen diferentes esquemas.

Por ejemplo a Ana comenzamos a darle papilla a los cuatro meses. Sí, ya sé que muchos dicen que es hasta los seis meses y otros les dan a los niños desde los dos meses, pero a mí me convenció el hecho de estar en un punto intermedio y ahora Ana come muy bien y prácticamente de todo.

Con él aprendí que hay muchas formas de demostrar cariño a nuestros hijos, darles besos en la boca no era una de ellas, ya que como adultos tenemos bacterias diferentes que los atacan de forma más grave.

Así que según mi experiencia, ¿Qué puedo decirles sobre cómo elegir al mejor pediatra? 

1. Es una decisión que sí bien creo que no se debe dejar a la suerte, porque está en juego la salud de nuestros hijos, no hay otra forma de descubrirlo más que experimentando.

2. Muchas ocasiones nos dejamos llevar por las opiniones de los demás y nos perdemos la experiencia de descubrirlo por nosotros mismos. 

3. Es importante evaluar la mejoría que tiene nuestro hijo con el tratamiento que le manda el pediatra en caso de enfermedad. Yo por ejemplo, les puedo decir que con el doctor Ochoa nunca fue necesario ir nuevamente a revisión porque Ana no se reponía.

4. Como mamás debemos sentir confianza con el médico de nuestros hijos por la forma en la que detecta lo que tiene.

5. Mi principal recomendación sería que si tienen que ir varias veces porque no se recupera, para mí quiere decir que algo anda mal. 

6. Y por último, como siempre les digo, no hay mejor aliado que el instinto. Déjense guiar por él cuando la decisión parezca compleja.

martes, 4 de noviembre de 2014

10 cosas que debes enseñarle a tu hija



1.  Cree en ti
La teoría darwiniana de que las especies más fuertes son las que sobreviven, se acopla a la especie humana. Y ser fuerte se puede traducir en tener una autoestima alta y fuerte que le permita confiar lo suficiente en sí misma.
Las mujeres crecemos en un mundo que cada vez más reconoce nuestros derechos, pero también nos vemos enfrentadas a salarios desiguales y mayores cifras de maltrato. “¿Por qué hay tan pocas líderes?”, se pregunta la académica Anne-Marie Slaughter: “para no lucir agresivas ni mandonas, muchas temen hasta negociar sus salarios”, dice la experta.

2. Sé humilde
La mezcla perfecta está en tener amor propio, pero a la vez, en no sentirse autosuficiente y minimizar a los demás. El sicólogo Jim Taylor asegura que en la infancia se les debe permitir enfrentar éxitos y fracasos. Criarlos en el exceso de la confianza logra el efecto contrario: los hace vulnerables y temerosos a las derrotas.

3. Vive sin complicaciones
A medida que pasan los años, nos inclinamos por las personas, lugares y circunstancias que mayor placer nos dan. Estamos menos pendientes de lo que alguien dice sobre nosotros o ya no, como en la adolescencia, estamos pensando qué dirán los chicos y cómo parecernos a la más admirada del curso. Si pudiéramos decirles a nuestras hijas que eso no tiene importancia. Sin embargo, de eso se trata la adolescencia. Pero trata de educarla en la tranquilidad de ser ‘todo terreno’, como se le llama coloquialmente a alguien que se acomoda fácilmente a las circunstancias.

4. La familia tiene el mayor valor
Rodear a los hijos, estar pendientes de sus emociones y sentimientos –sin ahogarlos-creará personas comprometidas con la familia, pendientes de sus padres, hermanos y abuelos. Aunque los amigos son un gran tesoro, nadie será tan incondicional como una buena familia.

5. No te creas la mujer maravilla
Socialmente, estamos presionadas –o autopresionadas- para ser perfectas en todo: esposas, madres, hijas, trabajadoras. Pero la mujer maravilla no existe. Por eso, enséñale a hacer lo que la inspire, le produzca amor. A delegar y confiar en los demás. Ya han cambiando los tiempos en los que papá llegaba a ver televisión y esperar a que le sirvan la comida. Ellos hacen parte en la misma medida que la mamá, del hogar.
Jaquelín Herrera, directora de la organización ‘Mami trabaja’ explica que muchas veces las mujeres vivimos cargadas de culpa, por tener que dividir nuestro tiempo entre el hogar y la oficina. Y no debemos crecer con esas emociones, sino que hay que involucrar al hombre desde el primer momento en las tareas del hogar, saber delegar, priorizar y recibir ayuda.

6. No existe el príncipe azul
"Tardé seis meses en formar tu corazón, no dejes que cualquiera lo destruya”, dice una frase que circula por redes sociales. Si algo pudiéramos enseñarles a nuestras hijas es a no llorar por quien no ha valorado el amor que le damos, a entregar solo cuando alguien se ha hecho merecedor de ese amor.
A ir a pasos lentos y firmes y no idealizar a ese príncipe que queremos encontrar; sino a descubrirlo, a explorarlo y a guardarnos como un tesoro antes de darnos. ¡Pero como la vida se aprende a golpes, de pronto no te escucharán!

7. No necesitas un hombre para ser feliz
Lo que no quiere decir que tengas que quedarte sola y que cualquier miembro de la especie masculina es un demonio del que hay que huir.
Por el contrario, si sabes lo que quieres, cómo lo quieres, si disfrutas de ti misma dándote tiempo, teniendo espacios personales, seguramente disfrutarás de la buena compañía y de compartir tus gustos por alguien.
De esta manera, el día que acabes una relación, no te quedarás sin un mundo personal. El concepto de la media naranja es erróneo, dice la sicóloga Luisa Torres Tobar: “La idea de que cada persona sea solo la mitad de una unidad, presupone no solamente que nuestra individualidad es obsoleta, sino que debemos ser idénticos a nuestra “otra” mitad para que todo funcione”.

8.  No tengas sexo con cualquiera
Sí, la liberación femenina nos ha dado también el derecho de tener sexo sin amar. Pero, ¿vale la pena? Tampoco abogamos porque críes a tu hija como mojigata, pero, después de chicos que no llenaron el alma y el cuerpo, ¿qué queda? Disfrutar el cuerpo a plenitud y entregarlo a alguien que lo vea como un tesoro, seguramente dejará más satisfacciones que darlo a alguien que solo lo toma para su placer.

9. Haz lo que te gusta: nada de influir en ella para que sea la médica o abogada de la casa
No le digas que si quiere ser literata morirá de hambre. Quizás no llegue a ser magistrada, si lo que estudió no la apasiona. Ya sabemos que te preocupa su estabilidad futura, pero nada más triste que pasar los días sin inspiración.

10. Exprésate
Pide perdón, da las gracias siempre, sueña, ama, ten muchos amigos, ten el tiempo para ti sola. La vida consiste en saber disfrutar los momentos de compañía y de soledad.


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