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martes, 4 de noviembre de 2014

Amor de tres

Por Lizeth Hernández*




Las visitas terminaron y todo comenzaba a convertirse en una rutina de pretextos para no bañarme, no arreglarme, no estar feliz, pero ¿Cómo era posible no estar en una completa dicha, si acababa de ser mamá? 

Creo que justo el ser mamá me hacía sentir aún más inútil, a pesar del gran trabajo que implica. Alguna vez pensé que el postparto era una exageración, pero ahora entiendo que solo en compañía de un cómplice de vida es que puedes salir a flote y sobre todo no perder la relación de pareja, esa que no hacía tanto estaba llena de besos, amor, detalles, palabras lindas, cenas, idas al cine y a bailar.

En lo personal me costó entender que no estaba en una competencia para ser la mejor mamá del mundo, tal era mi estrés que todo lo quería hacer a la perfección, situación que sumada con el cansancio de no dormir, el dolor de mis pezones por la lactancia y el no saber aún qué tenía Sofi al llorar me llevaban a la locura absoluta y lo peor, entré en un cubo con paredes cerradas al cual no invité a Luis Enrique, pero que él con todo el amor y paciencia me ayudó a irle quitando los candados.

Me resulta vital platicarles que este fue un proceso con curvas en el que por supuesto hubieron días tensos, peleas, muchas lágrimas de mi parte, las cuales hoy sé, solo fueron el resultado de un estado que no me pertenecía, pero si del que me apropié.

Finalmente y después de 6 meses de platicar mucho, de desesperarnos uno con el otro, un día una de mis mejores amigas me recomendó leer Bert Hellinger, en lo personal me ha funcionado porque para mi es un autor que me ha permitido recapitular la historia de amor que comenzamos Luis y yo.

Comprendí que no tengo la razón absoluta, comprendimos que esta nueva vida que formamos se logró como resultado del enorme amor que nos tenemos, que ahora nuestras fuerzas se unen para que Sofi esté llena de amor y de nosotros y que además el amor de familia y pareja lo aprenderá a partir de nuestro ejemplo.

Por último me gustaría platicarles lo que a Luis y a mí nos ha funcionado como parte de nuestra nueva rutina de amor:

- Tratar de salir solos por un café, a veces Luis me sorprende viniendo por mí al trabajo, ir a alguna reunión como pareja

- Decirnos te amo por lo menos una vez al día

- No dormir enojados

-       Platicar todo lo que nos molesta evitando el tono de reclamo

-       Crear nuestras propias reglas de amor y códigos de complicidad que solo Luis y yo sabemos

-       Dedicarnos días o momentos individuales

-       Hacer algo diario que haga sentir bien a tu pareja

-       Tratar de no olvidar como comenzó nuestra historia de amor

-       Llamarnos solo para preguntar cómo estamos

-       Abrazarnos fuerte

-       Ver una serie juntos por la noche

-       Tener tareas específicas

-    No tratar de cambiar a nuestra pareja, finalmente nos enamoramos de quién es no de quien queríamos que fuera

-      Tomar las decisiones juntos


     *Soy comunicóloga, mamá de Sofi desde hace un año. Me dedico a la producción de TV y a las Relaciones Públicas. Hace poco descubrí mi gusto por la repostería, actividad que me relaja.





lunes, 3 de noviembre de 2014

Llegaron los hijos y, ¿dónde queda tu relación de pareja?

Por Ceci Torres




Me queda claro que no es tan fácil preservar la relación de pareja ya con niños en casa.

Antes de que Diego naciera no era nada difícil, los detalles, los viajes, el tiempo solos, las salidas a romancear. Pero, ¡sorpresa! Un día llegó un pedacito de amor que necesitaba de toda nuestra atención, nuestro tiempo, nuestra agenda y lo que se le sumara en el camino. 

Cosa que por supuesto hizo que la pareja pasara a un segundo término (sin estar consciente de ello), en algunos casos creo que este tema se queda incluso hasta en último término.

Y es que a veces creo que consideramos que la pareja está ahí todo el tiempo y ahí tiene que seguir y eso es un grave error.

En mi caso me di cuenta cuando Diego tenía unos meses. De repente caí en cuenta de que había cierta distancia entre Jorge y yo. 

Me parece que él me veía en un quehacer acelerado y diario y yo por mi parte, no alcanzaba a verlo, estaba tan enrollada en saber ser mamá, organizarme, ver cómo lidiar con la chamba y la lactancia, y no me di cuenta que él seguía ahí, listo para volver a tener a Ceci la mujer y no solo a la mamá de Diego. 

Cuando afortunadamente me di cuenta de esto retomamos, poco a poco, porque tampoco es tan fácil. Uno no nace sabiendo ser papás y luego está el organizarse con dos educaciones e historias que muchas veces son tan distintas, que solo la comunicación y el amor hacen que uno pueda sentarse a ver hacia qué camino quiere llevar a su pareja, a sus hijos y a la familia que ahora juntos han formado.

Este tema es fundamental y debe serlo para ambas partes. Jamás perder de vista por qué elegimos a esa pareja desde el primer día, por qué nos enamoramos de él (o ella en su caso), porque lo consideramos un buen compañero, amante, amigo, papá, confidente. 

Si comprendemos que nuestros hijos necesitan de todo nuestro tiempo, nuestro amor, nuestra paciencia, a veces hasta nuestra flexibilidad para ver las cosas distintas a lo que estamos acostumbrados a ver,  también podemos tener la capacidad para ver de la misma forma a nuestra pareja. Finalmente sin ellos hoy no estaríamos aquí y recordar que al igual que la relación con nuestros hijos hay que cosecharla todos los días. 

No perdamos la capacidad de ser cariñosos, detallistas, de agradecer a nuestro compañero el estar ahí todos los días, el querer seguir compartiendo a su lado y les aseguro que esto también es algo que a lo largo nuestros hijos también lo van a agradecer, ya que crecerán aprendiendo a ver lo que es el amor, la paciencia, la comunicación y la negociación.

Y ustedes, ¿qué hacen para cuidar del amor de su pareja?

viernes, 31 de octubre de 2014

Simplemente llegaste… no te conocía y ya nos amábamos.

Por Elizabeth Gallegos*




Era una cita de rutina, una mañana acelerada -como siempre en mi vida- un chequeo médico que me dejó atónita cuando la especialista dijo: “cigüeña a bordo”, abrí los ojos y dije “¿qué?”. En ese instante la tierra se cimbró para mí. Ahora entiendo, Nicolás es un volcán en erupción.

Otro sorprendido en esta historia, además del papá, fue el ginecólogo, pues al realizar el ultrasonido en la primera cita constató que era niño y que tenía casi 4 meses de gestación.

Siendo sincera mi corazón lo sabía todo desde meses atrás, él jamás se equivoca.

Ahora, a hacer planes, los primeros en conocer la noticia fueron mis suegros queridos y por supuesto mis papás, que sin ellos  no estaría aquí y mi pequeño de 3 años no sería tan fuerte y sano como lo es.

Aunque en mi interior la conexión entre mi pequeño y yo era fuerte, conforme transcurrían los días las dudas se intensificaban. ¿Nos casamos, sí o no? Y pues sí. Leopoldo y yo decidimos que nuestra familia estaba completa con la llegada de  Nicolás. Los preparativos nos dejaron exhaustos, pero el gran evento estaba por venir. La unión de amor y la integración de nuestra nueva familia valían la pena.

Desde que Nicolás llegó a nuestras vidas, el día, los meses y los años son de pisa y corre, de lunes a viernes la vida laboral me come, pero trato de equilibrar mi tiempo y emociones con mi hijo, incluyéndolo en mi mundo, platicando sobre cómo le fue en el día, qué comió, qué actividad realizó, y mi hijo siempre tiene una sola pregunta para mí: “¿Eres feliz?” Y mi respuesta es “sí amor, te tengo a ti”.

No permito que el sentimiento de culpa me llegue pues el fin de semana lo compenso, dedicándoselo completamente.

Ser mamá no es tarea fácil, la labor de educar para construir reglas y transmitir valores que ayuden a nuestros hijos a su desarrollo y formación es maravillosa, porque sabrás que estás formando hombres y mujeres de bien.

Y aunque a veces estés tirando la toalla –literal-  vale la pena vestirte de súper héroe con una capa improvisada de lo que encuentres a tu paso, por ver su cara de sorpresa y escuchar su risa de travesuras.

Vale la pena cuando acaricias sus manitas, lo contemplas y es igual a ti. Obvio con algunos genes de papá, pero lo que más me motiva y disfruto es compartir  sus logros en la etapa preescolar, donde se quiere comer el mundo a mordidas.

Hoy, puedo decir bienvenida la maternidad a mi vida y porque a los casi 40 también da miedo ser mamá, reconozco que soy una mujer plena, feliz y agradecida con la vida por haberme dado el amor de dos hombres maravillosos: mi hijo Nicolás y mi esposo.


*El periodismo y las relaciones públicas rigen mi vida laboral, mi historia de vida se construye de la mano de mi familia ¡Amo ser mamá!