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sábado, 29 de noviembre de 2014

¡Gracias a la vida!

Por Mario Bárcenas*




Desde niños nos enseñan a asombrarnos con lo que el universo en el que vivimos nos muestra. Nos sorprendemos durante nuestra vida de diversas maneras; tanto positiva como negativamente: desde los regalos de Navidad, con la naturaleza, las estrellas y los viajes, pero con el paso del tiempo vamos perdiendo como adultos la capacidad de asombrarnos, vamos perdiendo la magia, a mi parecer por el hecho de que en un mundo tan agitado, loco y absurdo, vemos día tras días injusticias, violencia, burlas, vamos poco a poco perdiendo la fe.

A veces no nos detenemos a ver lo realmente bello de la vida y lo más mágico en este mundo: nuestros hijos.

Junto con mi bella y hermosa mujer, compañera, cómplice y amiga Alba, hemos formado una hermosa familia, la cual supera cualquier expectativa previa que hayamos imaginado o soñado.

Tenemos dos hermosos hijos, Emiliano el mayor de 3 años y Carlo de 1. Estas lindas criaturitas, nos muestran día con día lo más bello de este mundo y lo más importante para nosotros… verlos crecer.

Hoy doy gracias a la vida y a Dios por la oportunidad de presenciar el desarrollo de dos seres extraordinarios. En este andar he contribuido a superar algún miedo de mis hijos, a desarrollar alguna habilidad, desde lavarse los dientes, hasta caminar. Somos testigos de los primeros pasos de un ser humano, formamos parte fundamental del destino que la vida y ellos vayan a tener como individuos en este nuestro mundo.

Partiendo de eso, quisiera compartirles algunos consejos:

1. Como padres al final lo único que les dejaremos a nuestros pequeños es la educación en cualquiera de sus formas. 
2. No podemos fomentar de ninguna manera la violencia. 
3. Enseñar a ser reflexivos y tener gran comunicación con ellos. 
4. Nuestra única tarea de todos los días es obtener sonrisas y alegrías de nuestros hijos. Con ello pienso que fortalecemos su ánimo, su carácter y sobre todo que se sientan amados. 
5. Poner límites, explicando siempre las consecuencias, pero jamás limitarlos diciéndoles: no puedes, seguridad ante todo. 

Le doy gracias a la vida por mis pequeños, los amo con todo mi ser, quiero principalmente que sean felices, no importa el camino que elijan, simplemente ahí estaremos sus padres para apoyarlos. 

Tengo muchos sobrinos, pero con el paso del tiempo he adquirido muchos más y doy sus nombres: Manuelito, Alejandro, Mateo, Max, Victoria y Marcelo. Ellos hoy forman parte de mi familia, son amigos, primos, incluso hermanos de mis hijos. Han mostrado su cariño de la manera más desinteresada posible que puede existir entre los seres humanos. El cariño que de ellos emana, sin duda es simplemente maravilloso y admirable.

Afortunadamente he ganado grandes amigos, los padres de estos hermosos niños que nos permiten convivir, disfrutar, asombrarnos de sus pasos rápidos y agigantados. Los pequeños que acabo de mencionar tienen algo en común, son seres hijos de gente de bien, trabajadora, sincera y que valoran demasiado el valor de la amistad y el cariño.

Que hermoso es agregar a tu familia, este tipo de personas, que sin duda de manera directa influyen en mis hijos, para que sean felices, buenas personas y educados.

Seguramente no todo es bello, pero la vida nos regala todos los días la oportunidad de cambiar, de ser mejores, ya sea por nosotros mismos o bien porque tenemos la bendición de ser padres.

Por esto, muchas gracias a la vida, gracias a ti Dios.


¡Que Dios los bendiga!


*Padre, Contador con especialidad en Finanzas, proyectos de inversión e Iso. Director de Operaciones y Gerente de Ventas en el área de la Salud.

jueves, 27 de noviembre de 2014

¿Qué hago?... ¡Mi hijo aún no deja el pañal!

Por Sonia Soto Maya




Casi estoy segura que todas las mamás primerizas hemos sentido que algo no anda bien cuando comparamos el desempeño de otro niño con nuestro hijo, no importa en qué sentido, creemos que estamos haciendo algo mal.

Así me sentí luego de que Ana Luisa entró a la guardería y Miss Evelyn me pedía que le llevara varias mudas de ropa, porque comenzaría el entrenamiento para dejar el pañal; mi hija tenía aproximadamente un año y medio.

No fue nada sencillo, ni para Ana Luisa, ni para mí, entre que casi nunca alcanzaba a avisar y que yo no sabía qué hacer para apoyarla, eran momentos en que estuve a punto de ponerme a llorar.

Poco después, la maestra me la entregó con pañal y cuando habíamos empezado el entrenamiento se lo quitó para que comenzará a sentir la sensación de no tener la protección de un pañal.

Me extrañó mucho y le pregunté que qué pasaba. Su respuesta fue como un balde de agua fría para mí: Ana Luisa no estaba suficientemente madura para comenzar a dejar el pañal. Sin embargo, comenzó a explicarme que cada niño se desarrolla a su tiempo y que no era su momento.

La mayoría de sus compañeros comenzaban a controlar esfínteres, pero Ana no y sentí que estaba haciendo algo mal ¿por qué mi hija no podía ir al mismo ritmo que los demás niños?

Me costó trabajo entender que la comparación no sólo te afecta a ti, afecta también a los niños porque comienzas a forzarlos a realizar actividades para las que no están preparados; y sí, es bien cierto que cada niño tiene su tiempo y su desarrollo no tiene porque ser parecido al de otro niño, ni siquiera porque tengan la misma edad.

Llegó una nueva etapa de entrenamiento en la que Ana Luisa entraba y salía del colegio sin pañal, poco a poco comenzaba a avisar con más tiempo, y el pañal se reducía a las noches. Para este momento Ana ya tenía dos años.

Pronto mi hija ya no utilizaba pañal y supe que esa frase de “todo a su tiempo” era una maravillosa verdad. 

¿Qué les puedo compartir de esta etapa? Tengan mucha paciencia, porque los niños se mojan y si ven una mala cara pueden dejar de intentarlo.

No importa cuántas veces tengan que cambiarlos, no se enojen, ni griten, en estos momentos más que nunca ellos necesitan seguridad, y ¿de quién mejor que de su mamá? Háganles saber que los apoyan y que siempre estarán ahí, aunque estén mojados.

Es muy importante que si van a la guardería apoyen a las maestras con el entrenamiento, es decir, en la escuela de Ana Luisa muchas mamás saliendo de ahí les ponían el pañal a sus hijos, porque se iban a orinar en el coche, tomen otras precauciones, pero no le den señales contrarias al niño: sólo en la escuela no se usa pañal, en el carro sí.

¿Cuándo deben dejar de usarlo? Muchos pediatras dicen que a partir del año y medio comienzan a tener la capacidad para avisar, sin embargo, como en mi caso, no se casen con esa idea, dejen que fluya, no se estresen, ni los estresen, denle, "tiempo al tiempo”.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Cómo involucrar al papá

Por Ceci Torres





Desde que Diego llegó a nuestras vidas me llena de dudas y emoción al mismo tiempo el pensar en cómo involucrar a Jorge, mi esposo, en la educación de nuestro hijo. 

Mi mamá y mi abuela cuentan, que cuando nuestros papás o nosotros éramos chicos, no se acostumbraba que los papás se involucraran, ya que antes el rol de la mujer era únicamente el de cuidar y ver por sus hijos y por ende el del papá era proveer, cosa que quedaba muy bien definida, cada quien su chamba y ninguno se metía en los labores del otro. 

Hoy en día la situación es completamente distinta, ya que la mujer ha entrado en el rol de proveedor en los hogares y esto hace que mamá no pueda estar todo el día cuidando niños, por lo que me suena lógico que si ambos somos hoy en día proveedores, entonces ambos tengamos que entrarle también a la educación de los críos.

En mi caso desde el día que nos enteramos que íbamos a ser papás Jorge fue parte, empezamos yendo a todas las consultas con el ginecólogo juntos, de esta forma él podía ver y escuchar a Diego todo el tiempo, sé que no es lo mismo, pero el ya hacerlos parte desde el principio me parece fundamental, ellos son parte de estos pedacitos de amor que salen de nosotros, así que ellos también tienen derecho a estar y ser parte de todo lo que atañe a ellos. 

Ya que Diego llegó a casa pues no fue tan fácil como las consultas, pues a la semana Jorge regresó a trabajar y el día a día de él seguía siendo completamente igual, mientras que yo tratando de entender de qué se trataba el nuevo papel de mamá, cosa que de inicio es sumamente difícil. 

En fin, la forma que yo encontré de involucrarlo, fue pedirle que por las noches que llegara él bañara a Diego y le diera la última toma de la noche. 

Esto a nosotros nos funcionaba, pero tengo amigas que me cuentan que lo que ellos hacían era que se turnaban para darle de comer al bebé, ella se sacaba la leche y la toma que ella no le daba, él la aplicaba con la mamila, cosa que me pareció una buena idea, ya que de esta forma se puede trabajar en equipo y descansar de igual forma.

Otra forma de involucrarlo era que los fines de semana que estaba más al 100, él pudiera hacer más actividades como cambiarle el pañal, darle de comer, etc. Creo que esta fórmula hasta hoy en día funciona muy bien, pues el vínculo entre ellos en sus momentos se volvieron importantes y es como tal SU MOMENTO, ellos se disfrutan y uno puede relajarse un rato.

Hablarle de lo que papá  hace cuando él no está creo que es algo que también funciona, si el niñ@ entiende que papá está trabajando, pero cuando él regrese puede jugar, platicar, etc, ellos saben que pueden contar con papá y papá al ver que ellos lo entienden y lo esperan para recibirlo, los motiva.

Yo veo la cara de Diego cuando papá llega y la cara de Jorge cuando Diego lo recibe, y la sonrisa y emoción de ambos no la cambio por nada, se ansían mutuamente y eso hace que él se quiera seguir involucrando.

¿Tú qué haces para involucrar a tu pareja? Escríbenos, platícanos tu historia.


domingo, 16 de noviembre de 2014

Las garras de Mateo

Por Juan Manuel Anguiano*




Veo las manos de mi hijo dormido y son como las garras de un tigre o un león cachorro, que aunque son de tamaño pequeño, denotan el poder y la fuerza que tendrán en unos años. Lo he notado desde que estaba muy pequeño, sus manos son fuertes y amplias. Decía mi abuela que la gente de manos grandes es gente trabajadora, yo espero que el adagio sea un vaticinio también de mucha prosperidad y abundancia.

Pero ya me estoy desviando, comencé hablando de las manos de Mateo porque quiero decir que me hace muy feliz jugar con él jalarlo, cargarlo, aventarlo, rodarlo y todo lo que hacemos, que suele ser mucho de contacto físico, desde un abrazo hasta una guerrita en la cama.

Ver crecer a nuestros hijos es un privilegio que muchas veces –por las preocupaciones y ocupaciones de la vida diaria- no nos damos el tiempo de valorar a cabalidad. 

Jugar con ellos y ver como cada día aprenden cosas nuevas es realmente una bendición. Son nuestros cachorros, literal, nuestras crías, a quienes debemos procurarles no sólo los cuidados necesarios para que no se accidenten ni se lastimen, sino sobre todo nuestro amor y dedicación para que puedan crecer no sólo en talla y peso, sino también en generosidad, en autoconocimiento, en plenitud, en disfrute.

Veo las garras de Mateo mientras duerme y pienso que en algunos años será más alto que yo. De ser padre, aunque raro, ver que tu hijo te rebasa y te deja atrás. Es la ley de la vida. A nosotros nos toca hoy hacer el relevo y tratar de corresponder lo mejor que podamos a todos los cuidados que nuestros papás nos prodigaron.

Mis papás han sido extraordinarios, y realmente dejaron la vara muy alta. Recuerdo que un día cuando era un adolescente le dije a mi papá que me sentiría realizado si algún día mis propios hijos –si es que los tenía- podrían sentir el mismo amor, admiración y respeto que yo sentía hacia él. Se rio medio incómodo, porque es un hombre al que no le gusta mucho recibir adulaciones, pero se lo dije con toda honestidad. Hoy que veo los retos que implica ser papá pienso en él y lo admiro aún más.

Quizá él también veía mis manos como yo ahora veo las de Mateo y reflexionaba sobre lo que yo sería cuando creciera.

No sé si lo que he hecho en mi vida esté lejos o cerca de esa idea –ellos siempre fueron y han sido  muy respetuosos de las decisiones que tomamos mi hermano y yo- pero lo que sí puedo decir es que hoy más que nunca lo entiendo y hoy más que nunca quiero ser como él. 

Hoy quiero que mi hijo cuando tenga 37 años una tarde cualquiera se siente a pensar en lo que ha sido su vida y quizá, con algo de suerte, vea a su propio hijo dormido y piense en su futuro, recordando los momentos en que su viejo jugaba con él en la cama, desgranando risas como si el tiempo fuera infinito y el mundo no fuera otra cosa que un gran patio de juegos.


*Periodista y consultor en temas de comunicación, relación con medios y manejo de crisis. Creo firmemente en que somos más los buenos y que sacaremos adelante a este país, por nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.



viernes, 14 de noviembre de 2014

10 cosas que aprendí cuando dejé de gritarles a mis hijos




Alguien me preguntó este fin de semana pasado, “¿cuáles fueron tus conclusiones por no gritar durante un año? ¿Has aprendido algo?” Eh, muy buena pregunta. Y me hizo pensar: “Bueno, ¿qué aprendí?” Voy a decir esto: aprendí mucho, mucho más de lo que puede caber en una posible entrada en el blog! Así que quiero compartir con ustedes las 10 mejores cosas que he aprendido de mi “Desafío Rinoceronte naranja” donde me prometí no gritar a mis 4 niños durante 365 días seguidos.

1. Gritar no es la única cosa que no he hecho en un año (399 días para ser exactos!)
Tampoco he ido a la cama con un pozo desgarrador en mi estómago porque me sentía como la peor madre del mundo. No he gritado a mi marido a quien le gritaba una y otra vez. Y no he oído a mis hijos gritar: “Tú eres la peor mamá en el mundo, no te quiero más!” Sí, aprendí realmente rápido que es mucho mejor no gritar!

2. Mis hijos son mi público más importante.
Cuando tuve mi “epifanía no más gritos,” me di cuenta de que yo no grito en presencia de los demás, porque quiero que crean que soy una madre amorosa y paciente. La verdad es que yo ya era así pero rara vez cuando estaba sola, siempre cuando estaba en público con una audiencia para juzgarme. ¡Esto debería ser al revés en realidad! Siempre tengo un público – mis cuatro chicos siempre me miran y ellos son la audiencia que más me importa-, que son a quienes yo quiero mostrar lo amorosa, paciente y “libre-de-gritos” que puedo ser. Quiero que mis hijos me juzguen y proclamen: “Mi mamá es la mejor mamá del mundo!” Recuerdo esto cada vez que estoy en casa y pienso que no puedo perder la cabeza, obviamente no puedo … ¡ya lo haré fuera de casa todo el tiempo !

3. Los niños son niños, y no sólo los niños, la gente también.
Al igual que yo, mis hijos tienen días buenos y días malos. Algunos días son agradables y dulces y escuchan muy bien, otros días son gruñones y difíciles. Por cierto, yo soy siempre dulce y nunca difícil. Siempre. ¡Ja! Y como todos los niños, mis hijos son difíciles, a veces, se niegan a ponerse sus zapatos, y pintan la pared, sobre todo si se trata del nuevo papel de pared que a mamá tanto le gusta. Así que sí, tengo que revisar mis expectativas y recordar que mis hijos son niños: ellos todavía están aprendiendo, siguen creciendo, y todavía tienen que encontrar la manera de manejar el despertarse con el pie izquierdo. Cuando se “equivocan” tengo que recordar que no sólo no ayudan los gritos, sino que como yo, no les gusta que les griten!

4. No siempre puedo controlar las acciones de mis hijos, pero siempre puedo controlar mi reacción.
Puedo hacer mi mejor esfuerzo para seguir todos los trucos de crianza del mundo para tener a los niños bien disciplinados, pero ya que mis hijos son niños, ellos no van a hacer siempre lo que quiero. Puedo decidir si me dan ganas de gritar “¡recoge tus Legos!”  cuando ellos no escuchan o si quiero irme lejos por un segundo, recuperar la compostura haciendo algunos saltos, y luego regresar con un nuevo enfoque. PD: el irse y tomar un respiro en realidad puede obtener los Legos recogido más rápido que gritar.

5. Gritar no funciona.
Hubo numerosas ocasiones en que quería dejar mi “Desafío rinoceronte naranja” cuando pensaba “gritar sería más fácil que encontrar respiraciones profundas y alternativas creativas”. Pero yo era consciente. Desde el principio, he aprendido que gritar simplemente no funciona, eso sólo hace que las cosas salgan de control y hace que sea difícil para mis hijos para que oigan lo que quiero que aprendan. ¿Cómo pueden escucharme claramente decir “Date prisa, cojan sus mochilas, sus zapatos, sus chaquetas, no se peleen entre sí, vayan más rápido y háganlo todo ustedes solos!” cuando todo es una mezcla de intimidación y órdenes que hace que se pongan a llorar?

6. Momentos increíbles pueden suceder cuando no se grita.
Una noche oí pasos que venían de abajo y después de la hora de acostarse. Aunque enfurecí ya que mi “tiempo para mí” se vio interrumpido, me quedé tranquila y regresé a decirle a mi hijo  que volviera a la cama. Mientras lo metía en la cama me dijo “Mami, ¿me amarás si me voy al cielo primero, porque si vas primero, yo todavía te querré. De hecho, yo siempre te amaré. “Las lágrimas todavía vienen a mis ojos sólo de escribir esto. Puedo garantizar que si hubiera gritado “¡Vuelve a la cama!” nunca hubiéramos tenido esa dulce y tan importante conversación.

7. No gritar es difícil, pero ¡se puede!
No voy a decir que no gritar es fácil, pero conseguir ser creativo con alternativas sin duda lo hizo más fácil y más factible. Y después de gritar en el inodoro, golpear mi pecho como un gorila, cantar Lalala, Lalala es el mundo de Elmo, y el uso de servilletas de color naranja en las comidas como un recordatorio de la promesa, hicieron sin duda todo mucho más fácil. Claro, me siento tonta a veces al hacer estas cosas, pero me mantienen para no dejarlo. Lo mismo ocurre con mis nuevas palabras favoritas: “por lo menos”. Estas tres pequeñas palabras me dan una gran perspectiva y me recuerdan que debo relajarme. Yo las utilizo fácilmente en cualquier situación molesta. “¡Acaba de derramar toda una jarra de leche en el suelo … por lo menos no era de cristal y por lo menos estaba tratando de ayudar!”

8. Muchas veces, yo soy el problema, no mis hijos.
La línea de ruptura, “No eres tú, soy yo” suena incómodamente cierta cuando el aprendizaje es no gritar. Rápidamente me di cuenta de que muchas veces he querido gritar porque me peleé con mi marido, me sentí abrumada por mi lista de tareas pendientes, estaba cansada o era esa época del mes, no porque los niños se comportaran “mal.” También me di cuenta del reconocimiento de mis disparadores personales diciendo en voz alta: “Rinoceronte naranja, tienes el SPM (síndrome pre menstrual) y necesitas chocolate, tú no estás enojada con los niños, no grites” funciona muy bien para mantener a raya los gritos.

9. Cuidar de mí me ayuda a no gritar.
Siempre fui muy buena para cuidar de los demás, sin embargo, no siempre era buena en el cuidado de mí misma hasta ahora. Una vez que me di cuenta de que los desencadenantes personales, como sentirse con sobrepeso, sentirse desconectada de los amigos, y sentirse exhausta me predisponían a gritar, y empecé a cuidar de mí. Empecé a ir a la cama temprano, priorizando el ejercicio, tratando de llamar a un amigo un día y lo más importante, me empecé a decir que está bien que no sea perfecto. Cuidar de mí no sólo me ayuda a no gritar, sino también me hace más feliz, más relajada y más amorosa. Ah, los beneficios de no gritar se extienden mucho más allá de ser padres! No hay duda de que estoy haciendo una mejor crianza de mis hijos y en lo personal,  ahora que no me grito. Sólo por nombrar algunos de los beneficios inesperados de no gritar: Hago más actos de bondad al azar, puedo manejar situaciones estresantes con más gracia, y me comunico con más amor con mi marido.

10. No gritar se siente increíble.
Ahora que he dejado de gritar, no sólo me siento más feliz y más tranquila, también me siento más ligera. Me voy a la cama libre de culpa (a excepción de la galleta extra que comí ese día) y despierto con más confianza en que puedo ser una madre con una mayor comprensión de mis hijos, mis necesidades, y cómo ser más amorosa y paciente. Y estoy bastante segura de que mis hijos se sienten más felices y más tranquilos también. Sé que todo el mundo quiere leer, “dejé de gritar, y no sólo me siento muy bien, sino también mis hijos son ahora más tranquilos y perfectamente atendidos.” Bueno, no lo son. Ellos siguen siendo niños. Pero, las rabietas son más cortas y algunas se evitan completamente. Ahora que estoy más tranquila, puedo pensar más racionalmente para resolver problemas potenciales antes de que me venga una crisis. Pero olviden por un segundo que los niños se comporten perfectamente. Definitivamente, mis hijos son más amorosos hacia mí, y ahora me dicen muy a menudo “Te amo mamá Rinoceronte Naranja” y eso se siente impresionante, se siente fenomenal.


Fuente

jueves, 13 de noviembre de 2014

Qué hacer cuando el niño no quiere comer




Los bebés comen en relación a su tamaño, mucho más que los adultos. Por este motivo, en el proceso de hacerse adultos, tarde o temprano, empiezan a comer menos. El motivo de este cambio alrededor del primer año de vida es la disminución de la velocidad de crecimiento. Algunos niños dejan de comer a los nueve meses y otros esperan hasta el año y medio o los dos años. Durante el primer año, los bebés engordan y crecen más rápidamente que en ninguna otra época de su vida extrauterina.

Cuando el niño no quiere comer

Durante el segundo año, en cambio, el crecimiento es mucho más lento: unos 9 cm de alto y un par de kilos. Según los cálculos de los expertos, los niños de año y medio comen un poquito más que los de nueve meses y los padres, que no están informados de este hecho, piensan que si con un año su bebé come tanto, con dos comerá el doble. El resultado es un conflicto es inevitable y violento entre los padres y el niño.

¿Hasta cuándo siguen los niños sin comer?

Muchos niños empiezan a comer más hacia los cinco o siete años, cuando aumenta su tamaño corporal. Sin embargo, la cantidad de alimento que cada persona necesita es muy variable, y algunos niños comen mucho más o mucho menos que sus compañeros de la misma edad y tamaño. Por otra parte, las expectativas de los padres pueden ser también muy distintas y mientras algunas madres se conformarían con que su hijo se acabase el plato de espaguetis, otras esperan que después de los espaguetis se coma también un filete con patatas, una manzana y un yogur. Por este motivo, es importante respetar la sabiduría natural de los niños frente a sus necesidades fisiológicas.

Se come por necesidad, no por obligación

El hambre, que es la normal demanda del alimento, es diferente al apetito que es el normal deseo de satisfacer el gusto. La conducta alimenticia de los niños necesita una guía desde que son pequeños y nadie mejor que la madre o el padre para valorar este hecho de gran importancia en el crecimiento físico y emocional de su hijo.

La conducta alimenticia de los niños

Los padres pueden hacer mucho por educar correctamente a sus hijos en sus hábitos alimenticios, en su forma de comer, en su manera de demandar el alimento y en la percepción que tienen de la comida.

1. Crea un ambiente agradable. La hora de la comida debe ser agradable y necesaria para el niño. Evita que la comida esté condicionada al castigo, si no concluye el plato.

2. Cambia su percepción de la cantidad de comida. Sirve a tu hijo la cantidad de comida que necesita en función de su edad en el plato más grande. De este modo, percibirá que hay poca cantidad de comida dentro de su plato.

3. Fomenta su autonomía. Puede motivarle poner la mesa, dejar que él mismo se sirva y que decida y tenga autonomía sobre sus gustos alimenticios.

4. Enséñale a comer en familia. Siempre que puedas permítele que coma en familia para que se apropie de los hábitos alimenticios de los adultos, asimilando la conducta y los modelos de la familia.

5. Fomenta la alimentación equilibrada. Permitirle escoger su menú puede influir en el éxito o en el fracaso de su alimentación. El éxito significa que el niño debe probar una variada cantidad de alimentos saludables para ir acostumbrando su paladar a distintos sabores.

6. Evita complacencias y exquisiteces. La hora de la comida tiene un lugar, un tiempo y un fin claro y necesario.

7. Ofrécele sólo lo que necesita. No pretendas que el niño coma la misma cantidad de alimento que vosotros. Deje que él decida y coma la cantidad de comida que necesita para satisfacer su hambre y desarrollar de forma sana sus gustos.


Fuente
http://www.guiainfantil.com/salud/alimentacion/mihijonoquierecomer.htm

martes, 11 de noviembre de 2014

Lo que debes saber sobre el bullying





El bullying, también conocido como acoso escolar, es una de las situaciones más duras con las que se pueden encontrar los adolescentes en la escuela. Se trata de una forma de tortura en la que un chico o chica o un grupo de ellos someten a maltrato a un compañero. Cualquier forma de maltrato físico, psicológico o verbal que se ejerce sobre un escolar durante un tiempo prolongado está considerado bullying.

Los chicos o chicas que se ven sometidos a este tipo de acoso llegan a vivir aterrorizados, tienen pavor a ir a la escuela y en algunos casos llegan a tener depresión y pensamientos de suicidio que, en ocasiones, llevan a cabo. Son situaciones tan peligrosas que padres y maestros deben vigilar estrechamente para descubrirlas.

Aunque puede darse en niños de todas las edades, lo más frecuente es que ocurra en la adolescencia . Se considera que uno de cada tres adolescentes de entre 12 y 16 años vive o ha vivido una situación cercana al bullyng como acosado o como acosador. Aunque el porcentaje de chicos o chicas que sufren un bullying grave es mucho más bajo ya que está entorno al 3%. Y es algo más frecuente entre las chicas que entre los chicos.

Tipos de bullying
Agresiones verbales. En este caso entrarían los insultos pero también cuando se habla mal de alguien o se expanden rumores malintencionados sobre un compañero.
Agresiones psicológicas. En este caso están las intimidaciones para provocar miedo y así conseguir que la víctima haga algo que no quiere hacer: entregar su dinero u objetos personales o cualquier otra cosa bajo coacción.
Agresiones físicas. Aquí entrarían las palizas o los simples golpes además de los robos o el destrozo de sus materiales u objetos.
Aislamiento social. Otra forma de bullying consiste en aislar a la víctima impidiéndole participar en las actividades de los compañeros de clase o, en algunos casos, dejando de hablarle y haciendo que los demás tampoco le hablen y se relacionen con él o ella.
Agresiones sexuales. En esta categoría están todas las agresiones que tienen como objetivo hacer que la víctima se sienta humillada o incómoda. La forma más frecuente del acoso sexual en la escuela es con la utilización de los celulares o las redes sociales.
Agresiones racistas. En algunos casos, la forma que utilizan los agresores son los insultos racistas cuando la víctima pertenece a alguna minoría como la latina.

Qué hacer si le ocurre a tu hijo 
Cuando un padre descubre que su hijo está implicado en un caso de bullying, ya sea como víctima o como agresor, debe actuar inmediatamente. Lo primero que hay que hacer es avisar a la escuela. Hablar con la dirección, con los consejeros y con los profesores. Y en los casos en los que se haya producido una agresión grave hay que denunciarlo a la policía.

Qué hacer si tu hijo es la víctima 
Los padres de chicos o chicas que son víctimas de bullying tienen que establecer con la escuela un plan para salir de esa situación y mantenerse en contacto continuo con consejeros y maestros para seguir la evolución del proceso.
Y hay que darle todo el apoyo a la víctima. Habrá que explicarle y conseguir que entienda que él no es culpable de nada, que ha estado sometido a una situación de tortura y buscar fórmulas para restaurar su autoestima. En ocasiones puede ser necesaria la ayuda de un terapeuta.

Qué hacer si tu hijo es el acosador 
Las medidas que deben tomar los padres de los acosadores también exigen que se mantengan en comunicación con la escuela para seguir la evolución de la situación. De igual modo deben hacer entender a su hijo que el acoso es inaceptable e incluso puede ser un delito.

Qué hacer si tu hijo es un observador 
Es muy frecuente que en los casos de bullying exista una víctima, un acosador y un grupo de observadores. El grupo de amigos es una de las características de la adolescencia y hay veces que los chicos o chicas siguen a un líder sin importar lo que este haga.
Los padres de los chicos o chicas que se han convertido en observadores deben actuar igualmente. Si tienen noticia de un caso de acoso deben comunicarlo a la escuela inmediatamente, explicando a su hijo lo que van a hacer y la importancia de hacerlo. Y deben asegurarse de que su hijo comprende que la valentía y la madurez están precisamente en no callarse ante este tipo de situaciones.


Fuente:
http://adolescentes.about.com/od/Escuela/a/Qu-E-Debes-Saber-Sobre-El-Bullying.htm

lunes, 3 de noviembre de 2014

Llegaron los hijos y, ¿dónde queda tu relación de pareja?

Por Ceci Torres




Me queda claro que no es tan fácil preservar la relación de pareja ya con niños en casa.

Antes de que Diego naciera no era nada difícil, los detalles, los viajes, el tiempo solos, las salidas a romancear. Pero, ¡sorpresa! Un día llegó un pedacito de amor que necesitaba de toda nuestra atención, nuestro tiempo, nuestra agenda y lo que se le sumara en el camino. 

Cosa que por supuesto hizo que la pareja pasara a un segundo término (sin estar consciente de ello), en algunos casos creo que este tema se queda incluso hasta en último término.

Y es que a veces creo que consideramos que la pareja está ahí todo el tiempo y ahí tiene que seguir y eso es un grave error.

En mi caso me di cuenta cuando Diego tenía unos meses. De repente caí en cuenta de que había cierta distancia entre Jorge y yo. 

Me parece que él me veía en un quehacer acelerado y diario y yo por mi parte, no alcanzaba a verlo, estaba tan enrollada en saber ser mamá, organizarme, ver cómo lidiar con la chamba y la lactancia, y no me di cuenta que él seguía ahí, listo para volver a tener a Ceci la mujer y no solo a la mamá de Diego. 

Cuando afortunadamente me di cuenta de esto retomamos, poco a poco, porque tampoco es tan fácil. Uno no nace sabiendo ser papás y luego está el organizarse con dos educaciones e historias que muchas veces son tan distintas, que solo la comunicación y el amor hacen que uno pueda sentarse a ver hacia qué camino quiere llevar a su pareja, a sus hijos y a la familia que ahora juntos han formado.

Este tema es fundamental y debe serlo para ambas partes. Jamás perder de vista por qué elegimos a esa pareja desde el primer día, por qué nos enamoramos de él (o ella en su caso), porque lo consideramos un buen compañero, amante, amigo, papá, confidente. 

Si comprendemos que nuestros hijos necesitan de todo nuestro tiempo, nuestro amor, nuestra paciencia, a veces hasta nuestra flexibilidad para ver las cosas distintas a lo que estamos acostumbrados a ver,  también podemos tener la capacidad para ver de la misma forma a nuestra pareja. Finalmente sin ellos hoy no estaríamos aquí y recordar que al igual que la relación con nuestros hijos hay que cosecharla todos los días. 

No perdamos la capacidad de ser cariñosos, detallistas, de agradecer a nuestro compañero el estar ahí todos los días, el querer seguir compartiendo a su lado y les aseguro que esto también es algo que a lo largo nuestros hijos también lo van a agradecer, ya que crecerán aprendiendo a ver lo que es el amor, la paciencia, la comunicación y la negociación.

Y ustedes, ¿qué hacen para cuidar del amor de su pareja?

viernes, 31 de octubre de 2014

Tres hijos… ¿Una locura?

Por Fabiola Tahuilán*



Sí, tengo tres hijos. Sé que algunos pensarán que los tiempos actuales no son apropiados para alimentar tres bocas, brindar educación y bienestar a los tres por igual, pero lo que sí sé es que los tiempos y designios de Dios son perfectos y los tres forman una bella armonía en mi vida complementándome cada uno con sus cualidades y habilidades muy particulares.

En marzo próximo cumplo 13 años de convertirme por primera vez en madre. Un camino que al principio me dio tanto miedo como a casi la mayoría de primerizas, pero ahora miro atrás y comprendo que no era difícil. Bueno, no tanto.

Cuando veo  ahora a quienes se están estrenando como padres o están próximos a serlo, me entra una gran nostalgia, porque ¿saben? Nunca es suficiente decir “disfruta tu embarazo” o “el tiempo pasa rápido, crecen tan pronto”. Uno siempre siente que quedó algo pendiente.

La mayoría de las veces las preocupaciones y las ocupaciones cotidianas, aunadas al tiempo que se va volando no nos permiten disfrutar algunos instantes que no se volverán a repetir.

A mí me ocurrió con mi hija la mayor. Al termino de mi incapacidad me incorporé nuevamente al trabajo, tuvimos que organizarnos mi esposo y yo para dejar a la niña con su abuelita y que ella cuidara de la pequeña; transcurrió el tiempo, apenas recuerdo con tristeza cuando mi mamá me llamó al trabajo y me dijo: “Hija,  Aranza ya dio su primer paso”.

Se me hizo un nudo en la garganta y sentí impotencia de haberme perdido ese momento tan importante e irrepetible. Pero bueno, como dicen, algunas cosas por otras y en ese instante de mi vida era imposible que yo me dedicara de lleno a cuidarla.

Afortunadamente cuando tuve a mi segunda hija, Valeria, platiqué con Luis, mi esposo y le expuse que yo quería verlas crecer, así que decidimos que era el momento de retirarme temporalmente de trabajar.

Me gustaba mucho mi trabajo, tenía el reconocimiento de mis jefes, pero en ese momento mis prioridades eran otras.

El tiempo pasó y creyendo que nos quedaríamos con las dos niñas, llegó a nuestras vidas Luis Gustavo, el más pequeño, y bueno, una experiencia diferente a las anteriores ya que por ser hombre son distintos los cuidados que se deben tener.

En la actualidad tienen doce, nueve y siete años. Cuando volteo atrás, me pregunto cómo le hacía para atenderlos cuando eran pequeños, cuando dependían de mí para todo  desde comer, bañarse, vestirse etc.

Cuando  la gente me dice, “¡Qué locura! ¿Cómo le haces con los tres para la tarea, atenderlos, educarlos, lidiar con sus diferentes formas de ser?”, lo tomo de lo más normal porque estos años me han servido para entender que cada uno requiere su espacio, su tiempo y hasta una forma diferente de mostrarles mi amor.

Sólo el tiempo dirá si estoy haciendo un buen papel como madre. Por el momento me dedico a aprender de los errores de los demás para no cometerlos con mis hijos, tratando de guiarlos por el buen camino, pero sobre todo dándoles mucho amor por que, como diría mi madre, “¡Por la buena todo se puede!”.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Primeros días del bebé en casa




En sus primeros días el recién nacido comenzará a adaptarse a su nuevo ambiente, aunque parezca que solo tiene energía para dormir. De hecho muchos bebés muestran pocos deseos de comer en esos días y es perfectamente normal que pierdan un poco de peso. También es normal que la piel tenga un discreto tono amarillento, esto último se debe a los ajustes que debe hacer su hígado inmaduro y suele desaparecer cuando comienzan a alimentarse regularmente.

Como hacerlo eructar

Los bebés suelen ingerir enormes cantidades de aire durante la alimentación. Para ayudarlo a eructar sosténgalo con la cabecita recostada sobre su hombro el cual debe tener cubierto con un pañal para evitar ensuciarse y dele palmadas suaves en la espalda.

Otra forma, es colocarlo semisentado en sus piernas con el tronco hacia adelante y la cabeza hacia abajo e igualmente le da palmaditas sobre la espalda, si lo coloca en esta postura una de sus manos lo esta sosteniendo por el abdomen. Si lo anterior no le da resultado colóquelo boca abajo por corto tiempo y vuélvalo a levantar para ayudarlo, repitiendo las maniobras antes descritas.

Regurgitación y vómitos

En los primeros meses de vida muchos niños regurgitan después de haber comido. Si la expulsión del contenido gástrico es brusca se dice que vomita y si esto ocurre con frecuencia el niño requiere la atención del médico.

Si el niño ha vomitado casi todo lo que ingirió no debe darle alimento nuevamente, trate de hacerlo esperar hasta la próxima toma, es preferible mantenerlo vacío y en reposo por un rato.

En caso de que los vómitos no cedan consulte al médico.

A medida que el niño sano crece, disminuye la tendencia a regurgitar y vomitar. Si su hijo no tiene esa tendencia y comienza a vomitar llévelo a su médico pues es posible que se trate de una enfermedad.

Las beposiciones del bebé

La primera evacuación del bebé es una masa verde negruzca de consistencia viscosa. Estas heces se llaman meconio y se forman en el intestino antes de nacer. Para el 2º o 3º día las heces comienzan a variar dependiendo de la alimentación.

Es normal que después de cada comida por efecto reflejo se produzca una evacuación, sin embargo no es extraño que en niños lactados al seno las evacuaciones no sean tan frecuentes e incluso pasen varios días sin deposiciones. No se alarme mientras vea a su hijo sano y normal.

El color de las heces de los niños alimentados al seno o con una formula maternizada es verde amarillento, de consistencia pastosa y sin forma. Si la consistencia es dura debe llamar al médico pues el niño está estreñido.

La diarrea se caracteriza por heces disminuidas en consistencia y/o aumentadas de frecuencia y en las primeras etapas de la vida pueden deberse a mala esterilización de las tetinas, precarias condiciones de higiene (lavado de manos), o mala preparación de la fórmula y por tanto debe consultar a su doctor.

Es importante que recuerde que las evacuaciones de cada niño son diferentes y que si su hijo continúa con buen apetito, ganando peso, y sano es señal de que todo anda bien.

Contacto físico

El recién nacido es muy sensible al contacto físico por lo que Ud. puede trasmitirle sensación de calor y protección sosteniéndolo a su lado cada vez que pueda. El niño se conforta y se deleita cuando escucha los sonidos de su corazón. Su abrazo le da sensación de abrigo y seguridad igual que cuando estaba en su útero.

Su atención a las necesidades emocionales y físicas del niño durante el primer año de vida favorecerán el desarrollo de una personalidad saludable.

La hora de comer brinda una oportunidad excelente para satisfacer las necesidades que tiene el bebé de que se le halague y acaricie. Tal vez sea esta una de las razones por las cuales los médicos recomendamos tanto la lactancia materna ya que es el mejor momento para el acercamiento físico y emocional, y se establecen parámetros de reconocimiento madre-hijo, de satisfacción mutua.

Tu bebé es una persona

Muchas madres solo se ocupan de cubrir las necesidades físicas de su hijos sin tomar en cuenta que a pesar de ser pequeños y no hablar, son personas que necesitan se les trate como tales, hablándoles, cantándoles, ofreciéndoles cariño.

Por otra parte hay madres tan preocupadas por su hijo que le ofrecen lo máximo de atenciones y terminan por angustiarlo, impidiéndole apreciar lo que implica su presencia.

Para el adecuado desarrollo psicológico y emocional, su bebé necesita tanto de las ausencias como de la presencia de su madre y familiares más allegados. Un niño que aprende a tener la certeza de que su mamá siempre regresará después de una ausencia, se sentirá más tranquilo y confiado, y a su debido tiempo se encontrará mejor preparado para independizarse y explorar el mundo.


Fuente

http://www.embarazada.com/articulo/los-primeros-dias

viernes, 24 de octubre de 2014

Hija, me enseñaste a vivir

Por Lizeth Hernández*




Bañarte, cómo alimentarte, arrullarte, vestirte, tus molestias, tus gestos, tus ojos hermosos que ya no ven hacia ningún lado cuando quieres dormir. Todo eso y más me lo ha ido enseñando la práctica de ser mamá.

Desde que te vi por primera vez, supe que tú eras la que venía a este mundo a enseñarme la mayor lección: vivir.

Sofía nació el 17 de septiembre del 2013 y desde ese momento me ha enseñado que yo debo de ser paciente para que ella lo entienda como lección. Que si los adultos nos equivocamos a pesar de nuestra edad y experiencia, ella comienza a vivir y no debo enojarme porque tira algo que seguramente tiene algún reparo.

Igualmente me ha enseñado a ser firme, porque a pesar de ser una niña pequeña, cada día aprende como obtener algo sin esforzarse. Es por eso que sé que lo olvida o que no puso atención pero en nuestro ejercicio diario de repetición, ella aprenderá límites y constancia.

Hoy sé que debo cuidar mi alimentación, eso también debo agradecértelo Sofi, porque ahora que juntas nos reímos frente al espejo, veo que primero me ves para reconocerme y así sabes que tú eres la que está a mi lado en el reflejo.

El redescubrir la vida a partir de mi bebé ha sido  una de las mejores recompensas y experiencias.

Desde que ella vio llover, ahora dejé de ver un problema de tráfico para convertirlo en un momento juntas y contar las gotas.

Desde que Sofi baila con la música, dejé solo de repetirla para admirar el ritmo, reconocer cada instrumento y bailar juntas, verle su emoción al descubrir cómo su cuerpecito puede moverse de diferentes formas, es maravilloso.

Gatear ha dejado de significar ensuciarse, para saber que ahora coordina a la perfección sus bracitos y piernas.

Por un tiempo, leí por hábito, sin reconocer el sentido real, ahora sé que cada palabra que pronuncio en los pequeños libros que le leo a mi hija adquiere un significado que  muy pronto podrá relacionarlo.

La hora de la comida es nuestro ritual, lo que antes para mí era una hora dentro de mi agitado día, ahora es un descubrir de texturas, una muestra de cómo avanza Sofi en su coordinación, como sé que algunos sabores no le agradan y hay algunos que le fascinan.

Así podría seguir enumerando ejemplos de todo lo que he aprendido en este año como mamá, pero la lección es diaria y la recompensa de darme una nueva visión de vida a partir de mi hija, es invaluable.


*Soy comunicóloga, mamá de Sofi desde hace un año. Me dedico a la producción de TV y a las Relaciones Públicas. Hace poco descubrí mi gusto por la repostería, actividad que me relaja.

Mi mejor decisión

Por Ana Luisa Huerta*




Convertirme en mamá ha sido la mejor decisión de mi vida.

Decidí que era hora de tener un bebé pero nunca imagine que mi vida cambiaría de esta manera.

Hoy corro todo el día como loca, como a medias, duermo a medias, pero cuando estoy con mis bebés me doy cuenta lo que realmente importa de la vida.

Desde siempre pensé que quería tener dos hijos en un periodo de tiempo corto con la finalidad de que entre ellos la pequeña diferencia de edad les ayude a estar juntos siempre y compartir los mismos gustos.

Aprendí que hay que esforzarse por dar lo mejor a los hijos, pero también hay que continuar con nuestra vida junto a ellos. Ellos llegan a tu vida, la complementan, pero tu rutina continúa.

Hoy sigo trabajando y ellos en la guardería. El que tengamos cada quien nuestro espacio nos ayuda a que cuando estamos juntos aprovechemos al máximo el tiempo.

Desde que Ana Sofí nació todos los días me enseña cosas diferentes. Me ha enseñado el amor incondicional y he aprendido desde cómo cambiar un pañal hasta cómo cuidar una enfermedad.

Su inocencia me ha hecho recordar lo que yo fui y valorar lo que mi madre hizo por mí.

Iker me ha enseñado que los valores de un hombre vienen desde la casa. Y así, me encanta la idea de pensar que debo esforzarme por formar a dos personas con principios pero sobre todo con sueños y anhelos.

Hoy me encanta mi rutina, a pesar de ser muy cansada, me encanta mi trabajo, estar con mis hijos, atenderlos, porque aún dependen completamente de mí.

Sé que desde el primer momento ya soy mamá y eso seré siempre, pero ellos no serán bebés toda la vida y quiero aprovecharlos al máximo.


*Mercadóloga y mamá. A mis 33 años tengo dos hermosos pequeños que llegaron a darle un nuevo sentido a mi vida: Ana Sofía de 2 años e Iker de 4 meses.

miércoles, 22 de octubre de 2014

10 cosas que hay que hacer cuando estás embarazada

1. Dormir
Sobre todo los primeros meses porque conforme avance el embarazo y crezca tu panza no podrás encontrar forma de acomodarte y el cansancio irá en aumento. Eso sin contar que prácticamente dejarás de dormir recién nazca tu bebé.

2. Caminar
Hacer ejercicio con moderación es sano, además de que te ayuda a mantener buena circulación, evitar que tus piernas se hinchen y que subas de peso con todos los antojos que puedas tener.

3. Dejarte consentir
Aprovecha que tus familiares y amigos quieran saber cómo estás y tengan atenciones contigo y hasta te consientan. Cuando nazca el bebé pasarás a segundo término, así que déjate consentir mientras puedas.

4. Comer sano
Está bien que de vez en cuando le des rienda suelta a ese antojo de un pambazo con mayonesa a la media noche o un tamal con mermelada de fresa para desayunar, pero es importante que cuides tu peso y comas sano para evitar subir mucho de peso, no sólo podrías quedarte con estos kilos de más, sino que podrías incluso tener problemas con tu salud durante el embarazo.

5. Verte bien
Si bien todas las mujeres embarazadas tienen un brillo que las hace ver distintas, la “fodonguez” no aplica para este momento de tu vida. Preocúpate por verte bien, comprarte ropa que te haga sentir cómoda pero bonita, y peinarte, un gloss en los labios y máscara de pestañas nunca estará de más.

6. Acaricia tu panza
Disfruta ver y sentir crecer tu panza. Encuentra qué cosas estimulan a tu bebé, desde un helado de chocolate o dejar caer el agua caliente de la regadera sobre tu barriga y disfruta la experiencia de sentirlo mover dentro de ti.

7. Tómate fotos
No dejes pasar la oportunidad de tener un registro de cómo crece tu panza a lo largo de estos meses. Ya sea con la cámara de tu celular o en una sesión con un fotógrafo profesional, pero guarda un recuerdo de este momento irrepetible.

8. Escríbele una carta antes de que nazca
Por más que sientas a tu bebé en la panza y lo hayas visto en muchos ultrasonidos, no puedes imaginarte cómo será cuando lo tengas en tus brazos, así que date el tiempo de escribirle esta y otras experiencias que has tenido desde que lo llevas dentro de ti.

9. Ve al cine
Si eres de las que te gusta ir al cine o ver películas en tu casa comiendo palomitas abrazada de tu esposo, hazlo cuantas veces quieras porque una vez que nazca tu bebé, tardarás mucho tiempo en volver a tener un momento así.

10. Lee
Lee todo lo que puedas sobre la maternidad, el embarazo, los primeros meses del recién nacido. Si bien no te dará todas las respuestas a las dudas que empiecen a saltarte cuando tengas a tu bebé contigo, te ayudará a prepararte para lo que te traerá esta gran aventura que ya comenzó!!!

¿Y ustedes, qué otros consejos les compartirían a las nuevas mamás?

viernes, 17 de octubre de 2014

El instante que cambió mi vida

Por Alba Lara*




Siempre consideré que uno de mis proyectos de vida era ser mamá.

Para ser sincera, lo externaba pero jamás me visualicé como mamá. Sólo tenía claro que a cierta edad buscaría hacer realidad ese sueño.

Y un día, sin más ni más, por accidente si lo quieren llamar, por descuido, sin planearlo y sin considerarlo en ese momento de mi vida, la noticia llegó.

Dios decidió que ¡ya jamás estaría sola!

Y fue algo curioso porque mi noviazgo con Mario, mi esposo desde hace ya 4 años, tenía en aquel entonces apenas 3 meses y por si fuera poco, cuando recibí la noticia estábamos a kilómetros de distancia. Él en el DF, y yo en mi natal, Sonora.

¿Destino o casualidad haber conocido a Mario? No lo sé, sólo puedo asegurarles después de estos años que Dios no se equivoca.

Un día, mientras estaba sola, en el ambiente ruidoso del laboratorio en el que trabajaba, con todo tipo de líquidos y muestras corporales a mi alrededor, sin tener a alguien de mi familia o de mis amigos cerca, pensé, ¡ups, mi ciclo no ha llegado!

Y a pesar de que solo tenía un día de retraso, mi instinto fue tomar un torniquete, una aguja y lo que fuera necesario para realizarme yo misma la prueba de embarazo.

No se sí fue curiosidad o sólo quería confirmar algo que ya presentía.

Atenta y sin poder intervenir, sólo observé como esas "dos líneas" cambiaban en ese instante mi vida por completo, mi manera de sentir, de pensar, de actuar pero sobre todo de ¡AMAR!

No lo podía  creer… ¿Estaba feliz? ¿Asustada? ¿Nerviosa? ¿Triste? ¿Preocupada? ¡Era todo!

Es un conjunto de sentimientos que difícilmente una mujer puede expresar con palabras.

Tomé el teléfono y le marqué a mi amiga de toda la vida, Zayda y ¡Oh sorpresa, lo que recibí fue un “amiga, muchas felicidades” y llorando y a la vez riendo  juntas supe que era lo más maravilloso que me podía estar pasando en ese momento, incluso sin haberlo planeado y aún sabiendo que lo que seguía después de esa noticia era algo completamente incierto.

Unos minutos después, y ya un poco más aterrizada esa emoción le di la noticia al segundo actor de ese capítulo (pero esos detalles me los reservaré).

Sólo les puedo decir que al día de hoy estamos juntos y que somos un matrimonio inmensamente feliz al lado de dos angelitos que Dios quiso mandar a la tierra y para los cuales me eligió a mí para ser su madre.

Desde ese día, soy la mujer más feliz y dichosa por tenerlos.

¡Los adoro mi Emi y mi Carlo!


*Química de profesión, mamá de tiempo completo por decisión. Nacida en Navojoa, Sonora, ahora vivo en el DF al lado de mi esposo y mis dos "bukitos".