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jueves, 18 de diciembre de 2014

La música de mis tacones

Por Any Fuchok*



Tenía 14 años cuando me puse mis primeros zapatos con tacones, creo que del tacón número cinco, en color rosa pastel y eran el complemento ideal cuando fui dama en la boda de una tía. En ese momento decidí que cuando fuera mayor usaría tacones por el resto de la vida, cosa que tras 20 años de ese suceso pude corroborar que no se dio así.

Mi mejor época de usar tacones fue cuando tras salir de la universidad sentí que el mundo estaba esperándome en lo profesional y que el requisito básico de la vestimenta post graduada eran unos maravillosos tacones negros, así tan lindos que donde fuera a pedir trabajo sintieran que la contratación era correcta y que no tenían que dejarme ir, y es que claro, recién titulada, en mis veintes y con unos zapatos hermosos que me hicieran tocar el cielo cual jirafa, hacían que mi experiencia laboral de años atrás luciera mas brillante que nunca. 

Fue entonces que la música de mis tacones se escuchó en el andar del piso de la oficina, tip, tap, tip, tap… Ese primer empleo en una periódico de mi localidad me permitió hacerme de una colección ridícula de zapatos de tacón: unas zapatillas negras de pulsera, unas cuñas altas y frescas, unos mules con una imitación de piel de víbora, unos peep toes negros como la noche, unos stilettos de charol rojo, no podían faltar unos zuecos, los botines imperdibles para las épocas de frío… y así una lista de papos que recuerdo con añoranza. 

La talla de todos ellos era 3.5 en México, un pie flaco y delgado que no me daba problemas y que me hacían correr sin problemas cual joven gacela.

De sexy en tacones a mamá con flats
Foto Flickr/Maegan Tintari

Las zapatillas hicieron magia, mis popotitos aparte de trabajo me trajeron algunos romances hasta que al final me dejaron un novio del cual me enamoré y con el que me he quedado por más de 10 años.

Ese novio que babeaba viendo mis tacones cuadrados en mallas opacas negras y una faldita me dio dos hijos, los embarazos de esos hijos hicieron que me creciera el pie medio número, que mis tacones coleccionados con anterioridad me dejaran de quedar y lucieran mas bien como un tamal mal amarrado, así que no quedó de otra que decirles “hasta la vista baby” y comenzar a comprar nuevos estilos post mamá: bienvenidos los flats, adiós stilettos sexys que buscan divertirse.

Aún conservo algunos, tengo la esperanza que los tacones me extrañen y un día que quizá recupere mi peso original con el que nos enamoramos puedan calzarme cual Cenicienta. 

Mientras eso sucede los tacones del número cinco en talla cuatro se han convertido en mis mejores amigos, todo sea mientras ando con mis pequeños de arriba a abajo a paso seguro y buscar el momento adecuado de usar un nuevo estilo en tacón 10 que no sea una fiesta infantil que se han vuelto el top de mis eventos sociales desde hace unos años, ¡así que las fiestas adultas son gratamente bien recibidas!


*Mamá de un niño y una niña que son su obra maestra. Todos los días trabaja en su educación y en transmitirles las cosas bellas de la vida, el valor de la familia, el respeto por la naturaleza y el amor a Dios. Busca a diario ser una mejor madre aunque a veces no lo consigue. Desde hace siete años escribe en su blog mamaaltademanda.com transmitiendo sus experiencias con la crianza de sus hijos. Se define como periodista en tiempos libres, mamá de tiempo completo y fan del latte del café de la sirenita.
Tiene un hijo canino Boston Terrier al que sus hijos humanos lo nombraron Winston Perry. Lifewife, resuelve muchas cosas de su día a día gracias a su smartphone, ¡una mamá moderna con mucho que compartir! Soy @mamaaltademanda

viernes, 12 de diciembre de 2014

Si quiero ser mamá

Por Luz María Jiménez*


Llevaba cerca de tres días de retraso, pero no me preocupaba porque sentía algunos síntomas premenstruales, aunque no del todo claros. Lo único extraño es que me daba mucho sueño y me quedaba dormida al leer el material de una investigación para mi tesis.

Pasaron tres más y nada, no me bajaba. Empecé a preocuparme. A los dos días decidí ir al laboratorio a realizarme una prueba de embarazo. Esperé los resultados con cierto nervio, sentía incertidumbre. Cuando me los entregaron los leí, pero no entendí nada. Los números mostraban una cantidad de “algo” en mi sangre y la cantidad de referencia. 

Decidí que lo mejor era visitar al ginecólogo. Lo hice sola, sin decirle a nadie. Esperé en una sala acogedora a que el médico me atendiera, hojee una revista y poco después tocó mi turno. Le expliqué a mi doctor algunos síntomas y enseguida entré al área de revisión.

No recuerdo cuánto tiempo pasó entre mi llegada, la conversación de rutina y el momento en que me instalé para la revisión. El doctor introdujo algo en mi cuerpo y vio su monitor. “Estás embarazada”, -me dijo-. Observé un pequeño punto en la pantalla y el tiempo se paralizó, sentí frío en mi cuerpo, un apretujón en el estómago y comencé a temblar. No recuerdo lo que me dijo el médico después. Fueron segundos, que parecieron horas, no lo sé. 

Me incorporé y me vestí. El doctor ya me esperaba en su oficina. Cruzamos algunas palabras. Sólo recuerdo que le dije que estaba sorprendida, que no era algo que esperaba, no por el momento, quizá en uno o tres años más, pues tenía planeado titularme. Él respondió que no veía mucha diferencia en el tiempo.

Salí, me subí a mi coche y comencé a llorar. No lo podía creer, llamé a una amiga y le dije que no sabía qué hacer. A mi novio no le quise contestar. Llegué a mi casa, seguí llorando. Tenía miedo, ¿cómo se lo iba a decir a mi mamá?, ¿cómo iba a enfrentar esa responsabilidad si apenas dos meses atrás había perdido mi empleo?

Por la noche mi novio llamó y no aguanté más, le di la noticia por teléfono. No tuve la oportunidad de ver su reacción, sólo me dijo que estaba bien, que iría a verme.

No sé como describir lo que vino después. Entre mi enojo, frustración, miedo, confusión busqué una de esas clínicas para abortar. Él me acompañó. Entré a una revisión con el médico que me lo practicaría. La clínica tenía una apariencia horrible, se veía insalubre, mal acondicionada, con apenas un poco de luz. Dentro del consultorio el médico me realizó un ultrasonido. Observé un punto ahora más grande  y escuché, por primera vez, un ruido extraño. Era el corazón de mi bebé.

El médico fue muy claro: “de una vez te digo que es un procedimiento complicado, hay probabilidades de que salga bien o en el peor de los casos te perfore la matriz y haya una hemorragia interna”. 

Salimos de la clínica confundidos, con miedo. Mi novio, ahora esposo, no quería que lo hiciera, insistía en que me iba a apoyar y no me dejaría sola. Realmente no me sentía segura de hacerlo, creo que sólo tenía miedo de cómo enfrentar la situación. Subimos al coche y nos fuimos. Decidí que tendría a mi bebé, que si había muchas madres valientes y trabajadoras que luchaban por sus hijos para sacarlos adelante, yo también podía hacerlo. Decidí que cualquier cosa que hiciera sería con él a su lado, tomados de la mano y así ha sido. 

Voy a cumplir seis años como mamá y a pesar de tantas circunstancias no me arrepiento de haber tenido a mi bebé.  Es una gran bendición que me ha dado la vida y un niño maravilloso.


*Periodista de profesión. Mamá de tiempo completo. Me encanta correr y cada proyecto lo hago de la mano de mi familia



Mamá de cuento

Por Lizette Zavala*


¿Han tenido esa sensación extraordinaria en que el mundo se detiene y no hay nada más a tu alrededor, sólo el momento único que estás viviendo? Ese fragmento de tiempo que parece recortado sólo para ti. ¿Lo han sentido?

Pues es exactamente eso lo que siento cuando, cada noche, mi pequeña y yo leemos un cuento. Yo leo una página, y ella lee la siguiente, aún lenta y torpemente, pero para mí es como si escuchara al mejor poeta del mundo leer sólo para mí. Y así, de repente, saltan a nuestro alrededor ranas con saco y sombrero que se escriben cartas; aves que buscan sus colores o ardillas miedosas que debemos ayudar a ser valientes.

Leer juntas nos permite compartir aventuras, hacer reflexiones, reírnos, sorprendernos… es nuestro espacio. Leyendo me ha compartido sus miedos poniendo su manita en mi boca para hacer una pausa y hacerme esa confidencia que tanto trabajo le había costado. 

Cuando eres una mamá que trabaja, el tiempo se vuelve un factor fundamental, y administrarlo es un reto a conseguir cada día. Así, para mí esos 15 minutos son parte de mi agenda, de la más importante, porque estoy construyendo recuerdos, generando emociones y compartiendo secretos… y no hay nada mejor.

*Mi nombre es Lizette Zavala, soy comunicóloga, mamá de una pequeña gremlin de 7 años, esposa de un geógrafo que me dibuja los mejores mapas de vida, me encanta correr y soy una apasionada de las letras. 
También me puedes encontrar en Twitter como @lizzava o en el blog
 www.cronicasdeentradalibre.com

viernes, 28 de noviembre de 2014

Lo rápido que pasa el tiempo

Por Chuy Cruz*


El 3 de Noviembre cumplí 16 años de ser mamá. Tal vez muchos piensen que había tiempo de sobra para esperar a terminar mi carrera para poder comprometerme como madre, lo cierto es que ser mamá en ese preciso momento ha sido lo mejor que me ha pasado, gracias a eso soy la persona que soy ahora.


Tuvimos retos que enfrentar y gracias a ellos aprendimos demasiado. Mi bebé llegó a iluminar mi vida, aprendí a organizarme mejor y a valorar lo que es ser mamá y a estudiar al mismo tiempo, partir de cero hasta poder sumar éxitos.

Hijo eres mi compañía, mi amigo y algunas veces confidente. Sé que poco a poco entenderás lo que tus padres hacen por ti, ¡así somos todos los papás!

Y todo lo que hacemos es por amor. También nos equivocamos y como te dije algún día, cuando no logremos entenderte, expresa con tus propias palabras lo que necesitas que nosotros estamos siempre ahí para escucharte con atención.

Desde hace 3 años escribo en un blog personal Mamá Extrema, aprovechando los conocimientos de la licenciatura y el aprendizaje que deja ser mamá, mi hermano me propuso iniciar con este proyecto que me ha dejado demasiadas satisfacciones, estar sumergida en temas importantes sobre crianza y educación infantil, me he hecho una mamá más dedicada y preocupada por conocer cada día más al respecto.

Estoy cumpliendo un año con Disney Babble compartiendo mis temas y acumulando experiencias para seguir aprendiendo y creciendo como Editora.

Hace unos días me invitaron a formar parte del Stream Team de Netflix México para recomendar su programación, compartir recetas saludables apoyadas con Mariana Ginsburg y difundiendo un tipo de entretenimiento sano para nuestro hogar.

Gracias a este tipo de trabajo he tenido la fortuna de conocer a excelentes blogueras, mujeres admirables y muchas de ellas mamás con calidad y esto en la actualidad no es común encontrar.

Y ahora estoy más que contenta por poder ser invitada en Charlas de Mamás para que me conozcan y podamos intercambiar puntos de vista que nos sirve de apoyo para desarrollarnos como mujeres, esposas y madres.

No contamos con un manual donde nos indiquen que hacer o como actuar ante la vida, nuestros hijos son diferentes, las situaciones en donde nos desarrollamos también, así que vamos a cometer errores y estos nos dejarán buenas enseñanzas, así que quisiera tener con quien hablar el mismo idioma y aprender unas de otras.


*Mi nombre es Chuy Cruz, soy mamá de un joven de 16 años y una nena de 7, estoy cumpliendo 17 años de casada y estudié la Licenciatura en Educación Preescolar.
Te invito a que me contactes directamente al Blog Mamá Extrema, Twitter @MamaExtrema, FB Mamá Extrema y correo: mamaextrema@gmail.com

Cuando conocí la maternidad

Por Rocío Pizaña*




Nunca tuve tanta ilusión como cuando supe que venía en camino. Nunca me sentí tan tranquila como cuando escuché los fuertes y a la vez frágiles latidos de su corazón por primera vez.

Nunca sentí tantas "mariposas en el estómago" como cuando sus primeras pataditas golpearon mi vientre y nunca me sentí tan impaciente como cuando veía pasar la semana 36, 37, 38 y sabía que en cualquier momento llegaría.

Nunca creí sentir tanto miedo como cuando la pusieron por primera vez en mis brazos, ni tampoco cuando salí del hospital y vi el mundo tan grande para mi hija tan pequeña.

Nunca sentí tanto orgullo como cuando vi que con esfuerzo me dirigió una mirada por primera vez.

Nunca me sentí tan frágil, tan mujer, tan desnuda al mundo como cuando me convertí en madre. 

Ahora que soy vanidosa y presumo primeras sonrisas, muecas, dientitos y primeras veces de todo de mi hija créanme que puedo asegurar que nunca había amado como amo desde que ella existe.

Ahora amo como madre porque cuando conocí la maternidad fue como sí me hubiesen dado un soplo de vida y comenzó cuando vi pasar a una enfermera cargando su pequeño cuerpecito. Todo valió la pena por ese momento -es mía, es tan indefensa y es mía- pensé.

Atravesé por todos los sentimientos a la vez: miedo, porque ser madre es sentir responsabilidad de la vida de alguien más, incredibilidad, porque el simple milagro de la vida merece este sentimiento, amor propio, porque nunca me sentí más útil que cuando esa mujercita hambrienta buscaba mi seno materno con desesperación. 

Estoy segura que todas las buenas madres nos sentimos así cuando conocemos a nuestros hijos y aunque ese momento sea por mucho el más doloroso de nuestras vidas; más de una mamá -incluyéndome- ha dicho: "quisiera volver a estar ahí".


*Soy una Nutrióloga en estado de pausa viviendo la maternidad con mucha entrega y amor.


viernes, 21 de noviembre de 2014

¡Cuidado!... Berrinches a la vista. ¿Cómo superarlos?

Por Alejandra Sánchez*




Mi experiencia como madre ha sido  maravillosa, a través de los días  aprendo de mi hijo y voy creciendo junto con él, es la personita que más amo en la vida, es muy espontáneo, risueño, sensible, le gusta la musica (es  rockero) me encanta que a esta edad todo le sorprende.

Para Pepe, mi esposo, y para mí ha sido un poco difícil (claro, nadie dijo que fuera fácil), por que está en la edad de los berrinches.

Les comparto algunos tips que me han funcionado para enfrentar este tema:

1. Le dedicamos tiempo sólo a él. Jugamos, cantamos, bailamos nos tiramos en el piso, pintamos, hacemos lo que él quiere.

2. Todo le explico. Si vamos al súper, le platico lo que vamos a comprar, o cuando vamos a las vacunas le platico lo que le van hacer y el porqué.

3. Siempre le pregunto qué quiere. Es importante su opinión y que tome desiciones. Ejemplo: en la comida, en la ropa que le voy a poner o en la que le vamos a comprar, en los jugutes y en todo lo que sea para él (siempre le doy 2 o 3 opciones).

4. Todo le cumplo, sea premio o castigo. Por que también hay que castigarlos a su edad. Ejemplo: "tiempo fuera" significa que no jugara, no verá tv y no hará nada durante un minuto aunque llore y grite.

5. Le pongo límites. Este me ha funcionado cuando empieza el berrinche:  le explico la situación (el porque no esta bien o no se puede), si no entiende le vuelvo a explicar y le cuento 1, si insiste le explico nuevamente y le cuento 2, si sigue con el berrinche le explico una última vez y le cuento 3. 
Si él sigue con el berrinche lo cargo y le digo que habrá 'tiempo fuera" pasando el tiempo fuera me acerco a él sólo le digo "que no vuelva a pasar ok"  olvidamos la situación y lo abrazo.
El "tiempo fuera" se aplica 1 minuto por los años de cada niñ@.

6. Hacemos tratos y los cumplimos.

7. Lo dejó que me ayude a lo que estoy haciendo.

8.  Le doy su espacio.

9. Lo dejo que juegue como él quiera y  con lo que quiera (claro de sus juguetes).

10. Lo llevamos a la cama, le rezamos y estamos con él hasta que se duerme. Gracias a esto nos ha ayudado a que Luisin sea más seguro, más independiente y nos es un poco más fácil que entienda cuando le explicamos las cosas.

Gracias a esta  bendición, soy inmensamente feliz.


*Soy Alejandra Sánchez de 34 años, Educadora, actualmente laboro en el área administrativa de una empresa,  mamá de Luis Alberto de 1 año 7 meses y  estar con mi hijo es lo que mas disfruto en la vida.

Felicidad y Fuerza

Karina Andrew*




El 9 de mayo de 2013 mi vida dio un giro de 360 grados y entendí el verdadero significado del 17 de Noviembre, el Día Mundial del Bebé Prematuro. Iñaki, mi hijo, es un digno representante de ello.

Me invadió el temor de esta condición y con ello todas las preguntas del mundo habitaban 24 horas a mi cabeza.

Sin embargo, cuando Iñaki y yo estuvimos juntos por primera vez en ese abrazo que duró sólo unos minutos, supe que había dado vida a un guerrero que lucharía con todas sus fuerzas por superar eso… ser un bebé prematuro.

Las razones por las que adelantó su llegada, medicamente son muchas… que si la preeclampsia, que si la presión alta y tantos y tantos términos médicos que escuchas por primera vez y sólo te infunden eso… temor

Sin embargo, yo me quedo la mejor explicación que  me ha demostrado todos los días… El amor.
Sé que adelantó su llegada porque ya deseaba estar en mis brazos. 

Historias en el hospital escuché muchas… y en cada visita al cunero, las caras de todas las mamás que esperábamos puntualmente que dieran las 12 hrs para entrar a visita, eran las mismas.

Tan diferentes e iguales a la vez, las mismas facciones, miradas, movimiento de manos, el semblante…y hasta la misma respiración… temor y esperanza por recibir el parte médico del día.

Observar cómo en el cunero de "parto normal" las mamás entraban y abrazaban a enormes bebés y de fuertes llantos… era envidiable.

Siempre mantuve la fe porque al entrar, (después de ponerme la bata esterilizada, lavarme la manos hasta los codos, con el jabón especial y todas las indicaciones dadas), el doctor me diera "buenas noticias".

Algunas mamás los tocaban con un dedo, otras, sólo le hablaban…Yo quería comérmelo a besos…a ese ‘pedacito de carne’ lo tocaba completito, le hablaba, le cantaba.

"Mi amor, aquí estoy como siempre, te amo. Todos te esperan en casa", palabras y cantos que reconocía, porque sabía que yo era su mamá y que lo amaba.

Había bebés que llevaban más de dos meses ahí, con altas y bajas sólo por una razón, porque fueron prematuros.

El 15 de mayo, llegué tarde a la visita, y al llegar el pediatra sólo me preguntó: ¿Trae su ropa y papeles? Contesté un "Sí", con mucho miedo…

Pase a vestirlo mami, hoy se lleva a su bebé a casa; las lágrimas salieron y sólo dije: ¡Mil gracias!

Iñaki sólo estuvo 5 días en el hospital y aunque la ropita le quedaba enorme… salió en mis brazos, tan sano como un "bebé normal".

Hoy grita, sonríe, se enoja y me besa, como un "bebé normal"… pero Iñaki siempre sabrá que Dios lo mandó antes, que fue un ¡Hermoso bebé prematuro!


*Periodista. Todos los días protagonizo la mejor aventura de la mano del amor de mi vida, ¡Mi hijo!

Mamá de Gemelas. Amor al Cuadrado

Pao Castro*




Desde que me acuerdo, yo siempre quise ser mamá y siempre dije: “Me encantaría tener gemelos.” El 17 de febrero de 2012, el doctor vio la pantalla del ultrasonido y sólo dijo: “Son dos”. Ese día comprobé que los sueños si se hacen realidad. 

Soy una hija mayor “de libro de texto”. Uno de mis defectos es el exceso de control y estructura. Yo tenía la vida planeada “by the book”: universidad, trabajo, matrimonio, bebés… Y entonces Dios me regaló una gran lección y quiso que ese embarazo tan planeado se demorara un poco, para que yo aprendiera que ni puedo, ni debo controlarlo todo. Cuando bajé la guardia y entendí que era Él y no yo quien decidiría el mejor momento para que me convirtiera en mamá, sucedió mi gran milagro.

Ustedes que son mamás saben lo indescriptible que es el llevar un ser creciendo dentro de una. Yo aún me maravillo al pensar que hubo tres corazones latiendo adentro de mí durante 36 semanas y 1 día. 

Supimos desde la semana 16 que estábamos esperando dos niñas; ese mismo día decidimos sus nombres y quién era quién, dentro de mi panza: con la cabeza abajo y los pies en mi costado estaba Andrea y con la cabeza en mis costillas y los pies en la cabeza de su hermana, estaba María José.

Disfruté muchísimo de mi embarazo, aun cuando debo aceptar que sí hubo momentos difíciles en los que me abrumaba la idea de la responsabilidad de tener a dos bebés al mismo tiempo y días en los que las hormonas me jugaban malas pasadas y me dedicaba a llorar sin razón aparente. Tuve que bajar mi ritmo de vida, trabajar algunos días de la semana desde casa, manejar menos, comer mejor y aprender a cuidar de mí, para cuidar a mis bebés. 

Me convertí en mamá de Andrea y María José el 16 de septiembre de 2012 a las 15:20 y 15:22 horas, respectivamente. Las tuve por “cesárea respetada” como la llamo yo. Hubo un ambiente hermoso, los doctores me explicaron cada paso de lo que estaba sucediendo y cuando mis bebés nacieron, se hizo un silencio de paz para recibir a estos nuevos angelitos al mundo.

Han pasado 2 años y 3 meses desde ese día. Hoy soy otra persona. Me convertí en mamá de tiempo y vivo en un estado permanente de ojeras, corazón inflamado de amor, poco tiempo para descansar, pero muchos bracitos alrededor de mi cuello… He vivido momentos hermosos, otros difíciles y he reído y llorado (a veces al mismo tiempo) muchas veces. 

Los terribles dos se han apoderado de nuestra casa, igual que las muñecas, los ponys, las carriolas y cunas de juguete. Todo, multiplicado por dos. Mis hijas son activas, sanas, alegres, sensibles, cariñosas y extremadamente inteligentes. La vida con ellas es divertida, agotadora, estresante y entretenida al mismo tiempo. 

Tener gemelos suena a fantasía para algunos papás… Yo siempre dije que quería tener gemelos y cuando se cumplió, no cabía de emoción e ilusión total. No tenía ni idea de lo que iba a enfrentar con dos recién nacidas. Hoy que esos días y noches sin dormir han pasado, los recuerdo con nostalgia y me preparo cada noche para amanecer a un nuevo día en el que, de nuevo, no sé a qué me voy a enfrentar con mis dos hermosas princesas. 

Ser mamá es por sí mismo especial y maravilloso. Ser mamá de gemelas le agrega una cereza deliciosa a este pastel. No es nada fácil y no hay ni un día en el que no quiera rendirme al menos una vez, pero tengo cuatro bracitos, manitas, piernitas, piecitos y ojitos que me sostienen y me vuelven a levantar. 

Mis hijas me han regalado experiencias increíbles, nuevas mejores amigas, mi reencuentro con la pasión por escribir y con ello, el placer de conocer a muchas mamás con las que compartir la deliciosa aventura que es la maternidad.

¡Gracias por ser una de ellas!

*Nueva mamá de gemelas, comunicóloga amante de los libros, los viajes y las sobremesas. Encontré en el blogging la terapia gratuita que necesitaba y comparto anécdotas, experiencias, reflexiones y descubrimientos de esta nueva aventura de ser mamá. Sígueme también en Baby Center en Español!
Te espero para conocernos y platicar en Twitter @La_New , Facebook https://www.facebook.com/BlogLaNew y mi blog: https://lanew79.wordpress.com 

viernes, 14 de noviembre de 2014

Los remedios de las bisabuelas

Por Clara Zepeda*




Se acercaba la Semana Mayor, como la llama la religión católica, cuando María José comenzó a presentar fuertes cuadros de fiebre, alrededor de 39 grados. El miércoles santo Majo ya no fue a la guardería, sino a urgencias en el hospital donde nació en enero de 2013.

Le diagnosticaron una fuerte infección en la garganta; pero le mandaron hacer unos estudios de orina para descartar algunas otras infecciones, los cuales no revelaban ninguna alteración.

En el día, Majo jugaba con desgane y se le comenzaron a hundir sus ojos; de ratos regresaba la fiebre, habría que bajársela dándole baños con agua tibia. Dos madrugadas molestamos a la doctora llamándola a su celular, pero no nos resolvía nada.

Los familiares de mi esposo y mis familiares, principalmente nuestros padres, comenzaron a preocuparse, Majo parecía apagarse y no sabíamos qué le estaba pasando, la medicina no le hacía efecto.

Llegó el viernes santo y Majo parecía recuperarse, pero seguía débil y sin probar  mucho bocado.

Una tía había llegado de Dolores, Hidalgo a visitar a su hija, quien vive muy cerca de la casa de mis padres. Fue mi mamá quien se encontró a mi tía Rosa en la calle. Le platicó que mi hija estaba enferma y que la medicina no le hacía nada.

Mi mamá inmediatamente me llamó para que llevara a Majo a su casa y mi tía Rosa la curara de empacho y después de espanto. No era nada nuevo para mi estos conceptos, mis cinco sobrinos de alguna manera los curaron de eso cuando eran bebés.

No dude ni un minuto, tome a Majo, unos pañales y una muda de ropa y corrí a casa de mis papás. Tenía que buscar otra opción, curarla de empacho o espanto, no le iba a afectar y necesitábamos levantar a Majo.

Cuando llegué a casa de mis papás, mi mamá ya tenia el pan puerco, el aceite de olivo y el te de limón ya listos.

Para muchos doctores no existe el empacho, creen que son inventos de nuestras abuelas, bisabuelas y tatarabuelas; sin embargo, yo si creo que el empacho puede deteriorar la salud de las criaturas.

Comenzó a sobar el estómago de Majo con pan puerco, después su espalda y llegó el famoso “tronar su espinacito” y sí que tronó. Le ofrecieron el aceite de oliva y el té de limón. 

La dieta era, sopa de fideo con caldo de pollo y una alita de pollo desmenuzada. Así fueron tres días. 

Yo tenía fe de que algo podría ayudar a mejorar la salud de Majo, pero mi esposo estaba incrédulo, siguiendo la opinión de los doctores.

Y sucedió, Majo comió su sopita y comenzó a levantarse. “Es una maravilla el pan puerco”, pensé. 

Las medicinas que le habían recetado los médicos no surtieron el efecto que tuvo sus curaciones de empacho durante tres días.

La explicación de mi tía Rosa fue que los bebés se empachan con su propia saliva cuando les están saliendo sus dientes. Y a Majo se le vinieron cuatro de un jalón.

Un día después de que terminó con su curación de empacho, vino la del espanto, con un huevo y un poco de loción, mientras se reza el Credo. Le colocaron un listón rojo en su pie y en su muñeca.

Majo comenzó a dormir tranquila, a recuperar su color y a volver a correr y a escalar sillones.

No lo sé de cierto, pero pienso que los remedios de nuestras abuelas tienen su razón de ser, las cuales se pueden complementar con la ciencia de los doctores.

No obstante, considero que no hay que cerrarse a experimentar las curaciones de empacho o de espanto. Uno se puede llevar una grata sorpresa y ayudar a que nuestros bebés no la pasen mal, ya que no nos pueden decir qué les duele o molesta.


*Como lo describiría mi heroína favorita (Mafalda): María José y yo nos graduamos el mismo día.
Soy reportera de la fuente financiera y amante de la novela policíaca.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Con un angelito en el cielo

Por Gina Rangel*




Cuando cumplimos un año de casados Luigi y yo decidimos empezar a "hacer la tarea" para que llegara a nuestra casa el primer bebé.

Todo empezó muy bien, hasta que mi deseo de ser mamá, a los 6 meses de intentar embarazarnos, ¡se volvió desesperación!

Bueno, con decirles que, por consejo de mi gran amiga Lis, mi esposo me compró una perrita labrador para calmar un poco mi instinto materno... ¡Estaba a dos de la locura!

Hasta que por fin llegó el día del atraso, y fueron 2, 3, 4 días. Pedí rápidamente una prueba de embarazo a la farmacia, esperé a que llegara Luigi del gimnasio y ¡prueba positiva!

Me acuerdo tanto que Luigi se metió a bañar en lo que daba el resultado y cuando vi las dos rayitas abrí la puerta para enseñarle y los dos llorando supimos que íbamos a ser papás!

¡Por fin la espera había terminado!

Por supuesto desde ese día empecé a usar batitas y blusas aguadas, ¡quería que el mundo entero supiera que iba a ser mamá!

Fuimos al doctor al día siguiente para ver a nuestro retoño, mi adorado doctor nos dijo que debíamos esperar una semana más porque nuestro huevito tenía un tamaño muy pequeñito.

Así que la espera crecía igual que el anhelo de ser mamá.

Todo iba normal, con monitoreos 2 veces por semana. Hasta que un lunes, a los 3 meses de embarazo llegamos mi esposo y yo al ultrasonido y el doctor nos dio la noticia de que el corazón de nuestro bebé había dejado de latir.

Fue la peor noticia que habíamos recibido en la vida, por más que intentábamos reponernos era imposible.

Legrado, hospital, y lo peor... ¡Ya no estaba embarazada! Ahora, a decirle a todo el mundo la noticia.

¿Qué te dicen? No hay palabras que consuelen el vacío tan inmenso.

Después de casi 2 meses de llorarle a mi adorado angelito, decidí retomar el sueño de ser madre y al mes ¡estábamos embarazados nuevamente!

El corazón de nuestra bebé latía como un caballito a todo galope. La primera experiencia del sonido del latido del corazón fue tocar el cielo. Hasta hoy puedo decirles que es lo más sublime que he escuchado, era la melodía de la esperanza, de la fe y del amor profundo.

Fue un embarazo hermoso, lleno de salud y mucho amor, ¡Luigina crecía y se movía a la perfección!

La noticia de que era una niña nos llenó de ternura y amor.

Por fin llegó el día programado, porque mi señorita decidió que no quería nacer. El 22 de julio del 2011 me convertí en mamá, justo un año después del legrado, el 22 de julio del 2010.

Hoy soy mamá de 2 niñas hermosas y tenemos en el cielo un ángel que nos cuida a los 4, que a pesar de su corta vida vino a acomodar muchas cosas, llenó de amor y de fuerza a su madre y me preparó para recibir con todo a sus hermanas.


*Mamá y chef. Cuando nació mi segunda hija decidí dedicarme a ellas y soy la más feliz. ¡Ahora las gozo 24/7!... Doy clases de cocina en casa. Me ha cambiado la vida y ¡lo amo!



Cambio de planes

Por Anabel Sierra*




La historia sobre la mayor aventura de mi vida comenzó hace 6 años cuando me encontraba en el último semestre de la universidad y me vi con un "positivo" en mi prueba de embarazo.

La noticia me tomó completamente por sorpresa ya que no lo tenía planeado, y en ese momento estaba muy lejos de encajar en mi vida. No tenia en mis manos nada que me ayudara a afrontar esta responsabilidad. Me encontraba sola para enfrentarme al mundo y a la bola de "problemas" que se venía encima. 

¿Qué voy a hacer? Fue la primera pregunta que me hice, y sin pensarlo más supe la respuesta ya que sin conocerlo ya amaba a ese pequeño. 

Fue un año de muchas decisiones de las cuales no me arrepiento de ninguna y fue así que a mis 22 años y acostumbrada a que la vida me fuera resuelta me vi en la situación de traer al mundo y hacerme responsable de otro ser.

El camino no ha sido fácil durante estos 6 años. Me ha tocado de todo: estudiar con una panza creciendo y siendo complicado no quedarme dormida en clase; encontrar trabajo, unirme y separarme y una vez más volverme a unir  al amor de mi vida; aprender a poner un pañal; no llorar delante de  él cuando estaba con fiebre...

Pero siempre el objetivo principal en todo ha sido mi hombrecito; el gran faro que siempre me guía, mi luz y mi motivación para salir de cualquier cosa, mi pequeño Alberto.

Hoy me doy cuenta que ninguna otra decisión me habría hecho la mujer que hoy soy, y aunque como toda mamá siempre tengo miedos, el mayor de todos es si estaré haciendo bien las cosas; pero algo me queda claro y es que Dios me eligió para ser su madre, para educarlo y sacarlo adelante y eso me da confianza. 

Afirmo completamente que no se conoce el amor puro y verdadero hasta que tienes un hijo, hasta que vez a un pequeño ser que depende al 100% de ti y para quien tú eres todo, eres su heroína, su gran constante, o en palabras de mi pequeño "Una súper mami".

Aún me queda toda una vida por recorrer y mil cosas que aprender, desconozco si haré de él la mejor persona, lo único que ambiciono es que sea feliz cada día, que haga lo que ama, que disfrute su infancia y trato día a día darle lo mejor que tengo. 

Amo siempre tener ruido en casa, jugar a los Angry Birds, disfruto (por muy poco) entrar sólo a ver películas infantiles en el cine, tener la casa siempre de cabeza, los pantalones rotos cada semana pero sobre todo amo sentir sus abrazos y escuchar “Te amo mami”. 


*Ingeniera en Sistemas y mamá desde hace 6 años de un pequeño hombrecito que todos los días me despierta con una gran sonrisa.

jueves, 6 de noviembre de 2014

10 cosas que deben hacer las mamás trabajadoras para evitar la culpa

Por Lizeth Hernández*




¿Crías o trabajas? A título personal no hay respuesta a la pregunta anterior, lo que ocurre es una decisión de vida. 

En la decisión de seguir trabajando siempre fue platicada con mi pareja y sobre todo viendo por el bienestar de Sofi, mi pequeñita, que en ese momento tenía solo 2 meses y medio.

En este año que estoy cumpliendo de regreso al ámbito laboral, puedo decirles que todo cambió, que por supuesto me encanta brillar en mi trabajo, pero también veo la sonrisa de mi hija en cada cosa que hago; por supuesto su fiesta de cumpleaños fue planeada en tiempos muertos de mi trabajo y me parto en varias fracciones para dejarle un poco de mí a Sofi. 

Y también hay días que la culpa me ronda y me siento la peor mamá del mundo.

Es por lo anterior  que me gustaría compartirles 10 cosas que hoy a 1 año me han funcionado en mi rol de mamá trabajadora:

1. Todos los días sin faltar platico por la mañana y por la noche con mi hija, le explico un poco de mi día y siempre al irme me despido.

2. Trato de marcarle por teléfono a diario.

3. Todos los días le preparo algo que le guste

4. Todas las noches, no importa lo cansada que llegue, jugamos o vemos su video favorito. También dejo el celular y todo lo que tenga que ver con trabajo fuera de su espacio 

5. Tenemos una canción favorita

6. A diario elijo su ropa 

7. Las ocasiones en las que se ha llegado a enfermar, explico los motivos en mi trabajo y siempre estoy con ella para atenderla en ese primer día de enfermedad.

8. Los fines de semana son sagrados para nosotras y procuramos hacer algo distinto en familia

9. Todas las noches tenemos una cita Sofi y yo para llevarla a su cuna a dormir

10. La abrazo mucho, le doy muchos besos y siempre le repito cuanto la amo y lo importante que es en mi vida.


*Soy comunicóloga, mamá de Sofi desde hace un año. Me dedico a la producción de TV y a las Relaciones Públicas. Hace poco descubrí mi gusto por la repostería, actividad que me relaja.



martes, 4 de noviembre de 2014

Amor de tres

Por Lizeth Hernández*




Las visitas terminaron y todo comenzaba a convertirse en una rutina de pretextos para no bañarme, no arreglarme, no estar feliz, pero ¿Cómo era posible no estar en una completa dicha, si acababa de ser mamá? 

Creo que justo el ser mamá me hacía sentir aún más inútil, a pesar del gran trabajo que implica. Alguna vez pensé que el postparto era una exageración, pero ahora entiendo que solo en compañía de un cómplice de vida es que puedes salir a flote y sobre todo no perder la relación de pareja, esa que no hacía tanto estaba llena de besos, amor, detalles, palabras lindas, cenas, idas al cine y a bailar.

En lo personal me costó entender que no estaba en una competencia para ser la mejor mamá del mundo, tal era mi estrés que todo lo quería hacer a la perfección, situación que sumada con el cansancio de no dormir, el dolor de mis pezones por la lactancia y el no saber aún qué tenía Sofi al llorar me llevaban a la locura absoluta y lo peor, entré en un cubo con paredes cerradas al cual no invité a Luis Enrique, pero que él con todo el amor y paciencia me ayudó a irle quitando los candados.

Me resulta vital platicarles que este fue un proceso con curvas en el que por supuesto hubieron días tensos, peleas, muchas lágrimas de mi parte, las cuales hoy sé, solo fueron el resultado de un estado que no me pertenecía, pero si del que me apropié.

Finalmente y después de 6 meses de platicar mucho, de desesperarnos uno con el otro, un día una de mis mejores amigas me recomendó leer Bert Hellinger, en lo personal me ha funcionado porque para mi es un autor que me ha permitido recapitular la historia de amor que comenzamos Luis y yo.

Comprendí que no tengo la razón absoluta, comprendimos que esta nueva vida que formamos se logró como resultado del enorme amor que nos tenemos, que ahora nuestras fuerzas se unen para que Sofi esté llena de amor y de nosotros y que además el amor de familia y pareja lo aprenderá a partir de nuestro ejemplo.

Por último me gustaría platicarles lo que a Luis y a mí nos ha funcionado como parte de nuestra nueva rutina de amor:

- Tratar de salir solos por un café, a veces Luis me sorprende viniendo por mí al trabajo, ir a alguna reunión como pareja

- Decirnos te amo por lo menos una vez al día

- No dormir enojados

-       Platicar todo lo que nos molesta evitando el tono de reclamo

-       Crear nuestras propias reglas de amor y códigos de complicidad que solo Luis y yo sabemos

-       Dedicarnos días o momentos individuales

-       Hacer algo diario que haga sentir bien a tu pareja

-       Tratar de no olvidar como comenzó nuestra historia de amor

-       Llamarnos solo para preguntar cómo estamos

-       Abrazarnos fuerte

-       Ver una serie juntos por la noche

-       Tener tareas específicas

-    No tratar de cambiar a nuestra pareja, finalmente nos enamoramos de quién es no de quien queríamos que fuera

-      Tomar las decisiones juntos


     *Soy comunicóloga, mamá de Sofi desde hace un año. Me dedico a la producción de TV y a las Relaciones Públicas. Hace poco descubrí mi gusto por la repostería, actividad que me relaja.





viernes, 31 de octubre de 2014

Simplemente llegaste… no te conocía y ya nos amábamos.

Por Elizabeth Gallegos*




Era una cita de rutina, una mañana acelerada -como siempre en mi vida- un chequeo médico que me dejó atónita cuando la especialista dijo: “cigüeña a bordo”, abrí los ojos y dije “¿qué?”. En ese instante la tierra se cimbró para mí. Ahora entiendo, Nicolás es un volcán en erupción.

Otro sorprendido en esta historia, además del papá, fue el ginecólogo, pues al realizar el ultrasonido en la primera cita constató que era niño y que tenía casi 4 meses de gestación.

Siendo sincera mi corazón lo sabía todo desde meses atrás, él jamás se equivoca.

Ahora, a hacer planes, los primeros en conocer la noticia fueron mis suegros queridos y por supuesto mis papás, que sin ellos  no estaría aquí y mi pequeño de 3 años no sería tan fuerte y sano como lo es.

Aunque en mi interior la conexión entre mi pequeño y yo era fuerte, conforme transcurrían los días las dudas se intensificaban. ¿Nos casamos, sí o no? Y pues sí. Leopoldo y yo decidimos que nuestra familia estaba completa con la llegada de  Nicolás. Los preparativos nos dejaron exhaustos, pero el gran evento estaba por venir. La unión de amor y la integración de nuestra nueva familia valían la pena.

Desde que Nicolás llegó a nuestras vidas, el día, los meses y los años son de pisa y corre, de lunes a viernes la vida laboral me come, pero trato de equilibrar mi tiempo y emociones con mi hijo, incluyéndolo en mi mundo, platicando sobre cómo le fue en el día, qué comió, qué actividad realizó, y mi hijo siempre tiene una sola pregunta para mí: “¿Eres feliz?” Y mi respuesta es “sí amor, te tengo a ti”.

No permito que el sentimiento de culpa me llegue pues el fin de semana lo compenso, dedicándoselo completamente.

Ser mamá no es tarea fácil, la labor de educar para construir reglas y transmitir valores que ayuden a nuestros hijos a su desarrollo y formación es maravillosa, porque sabrás que estás formando hombres y mujeres de bien.

Y aunque a veces estés tirando la toalla –literal-  vale la pena vestirte de súper héroe con una capa improvisada de lo que encuentres a tu paso, por ver su cara de sorpresa y escuchar su risa de travesuras.

Vale la pena cuando acaricias sus manitas, lo contemplas y es igual a ti. Obvio con algunos genes de papá, pero lo que más me motiva y disfruto es compartir  sus logros en la etapa preescolar, donde se quiere comer el mundo a mordidas.

Hoy, puedo decir bienvenida la maternidad a mi vida y porque a los casi 40 también da miedo ser mamá, reconozco que soy una mujer plena, feliz y agradecida con la vida por haberme dado el amor de dos hombres maravillosos: mi hijo Nicolás y mi esposo.


*El periodismo y las relaciones públicas rigen mi vida laboral, mi historia de vida se construye de la mano de mi familia ¡Amo ser mamá!

Tres hijos… ¿Una locura?

Por Fabiola Tahuilán*



Sí, tengo tres hijos. Sé que algunos pensarán que los tiempos actuales no son apropiados para alimentar tres bocas, brindar educación y bienestar a los tres por igual, pero lo que sí sé es que los tiempos y designios de Dios son perfectos y los tres forman una bella armonía en mi vida complementándome cada uno con sus cualidades y habilidades muy particulares.

En marzo próximo cumplo 13 años de convertirme por primera vez en madre. Un camino que al principio me dio tanto miedo como a casi la mayoría de primerizas, pero ahora miro atrás y comprendo que no era difícil. Bueno, no tanto.

Cuando veo  ahora a quienes se están estrenando como padres o están próximos a serlo, me entra una gran nostalgia, porque ¿saben? Nunca es suficiente decir “disfruta tu embarazo” o “el tiempo pasa rápido, crecen tan pronto”. Uno siempre siente que quedó algo pendiente.

La mayoría de las veces las preocupaciones y las ocupaciones cotidianas, aunadas al tiempo que se va volando no nos permiten disfrutar algunos instantes que no se volverán a repetir.

A mí me ocurrió con mi hija la mayor. Al termino de mi incapacidad me incorporé nuevamente al trabajo, tuvimos que organizarnos mi esposo y yo para dejar a la niña con su abuelita y que ella cuidara de la pequeña; transcurrió el tiempo, apenas recuerdo con tristeza cuando mi mamá me llamó al trabajo y me dijo: “Hija,  Aranza ya dio su primer paso”.

Se me hizo un nudo en la garganta y sentí impotencia de haberme perdido ese momento tan importante e irrepetible. Pero bueno, como dicen, algunas cosas por otras y en ese instante de mi vida era imposible que yo me dedicara de lleno a cuidarla.

Afortunadamente cuando tuve a mi segunda hija, Valeria, platiqué con Luis, mi esposo y le expuse que yo quería verlas crecer, así que decidimos que era el momento de retirarme temporalmente de trabajar.

Me gustaba mucho mi trabajo, tenía el reconocimiento de mis jefes, pero en ese momento mis prioridades eran otras.

El tiempo pasó y creyendo que nos quedaríamos con las dos niñas, llegó a nuestras vidas Luis Gustavo, el más pequeño, y bueno, una experiencia diferente a las anteriores ya que por ser hombre son distintos los cuidados que se deben tener.

En la actualidad tienen doce, nueve y siete años. Cuando volteo atrás, me pregunto cómo le hacía para atenderlos cuando eran pequeños, cuando dependían de mí para todo  desde comer, bañarse, vestirse etc.

Cuando  la gente me dice, “¡Qué locura! ¿Cómo le haces con los tres para la tarea, atenderlos, educarlos, lidiar con sus diferentes formas de ser?”, lo tomo de lo más normal porque estos años me han servido para entender que cada uno requiere su espacio, su tiempo y hasta una forma diferente de mostrarles mi amor.

Sólo el tiempo dirá si estoy haciendo un buen papel como madre. Por el momento me dedico a aprender de los errores de los demás para no cometerlos con mis hijos, tratando de guiarlos por el buen camino, pero sobre todo dándoles mucho amor por que, como diría mi madre, “¡Por la buena todo se puede!”.

viernes, 24 de octubre de 2014

Hija, me enseñaste a vivir

Por Lizeth Hernández*




Bañarte, cómo alimentarte, arrullarte, vestirte, tus molestias, tus gestos, tus ojos hermosos que ya no ven hacia ningún lado cuando quieres dormir. Todo eso y más me lo ha ido enseñando la práctica de ser mamá.

Desde que te vi por primera vez, supe que tú eras la que venía a este mundo a enseñarme la mayor lección: vivir.

Sofía nació el 17 de septiembre del 2013 y desde ese momento me ha enseñado que yo debo de ser paciente para que ella lo entienda como lección. Que si los adultos nos equivocamos a pesar de nuestra edad y experiencia, ella comienza a vivir y no debo enojarme porque tira algo que seguramente tiene algún reparo.

Igualmente me ha enseñado a ser firme, porque a pesar de ser una niña pequeña, cada día aprende como obtener algo sin esforzarse. Es por eso que sé que lo olvida o que no puso atención pero en nuestro ejercicio diario de repetición, ella aprenderá límites y constancia.

Hoy sé que debo cuidar mi alimentación, eso también debo agradecértelo Sofi, porque ahora que juntas nos reímos frente al espejo, veo que primero me ves para reconocerme y así sabes que tú eres la que está a mi lado en el reflejo.

El redescubrir la vida a partir de mi bebé ha sido  una de las mejores recompensas y experiencias.

Desde que ella vio llover, ahora dejé de ver un problema de tráfico para convertirlo en un momento juntas y contar las gotas.

Desde que Sofi baila con la música, dejé solo de repetirla para admirar el ritmo, reconocer cada instrumento y bailar juntas, verle su emoción al descubrir cómo su cuerpecito puede moverse de diferentes formas, es maravilloso.

Gatear ha dejado de significar ensuciarse, para saber que ahora coordina a la perfección sus bracitos y piernas.

Por un tiempo, leí por hábito, sin reconocer el sentido real, ahora sé que cada palabra que pronuncio en los pequeños libros que le leo a mi hija adquiere un significado que  muy pronto podrá relacionarlo.

La hora de la comida es nuestro ritual, lo que antes para mí era una hora dentro de mi agitado día, ahora es un descubrir de texturas, una muestra de cómo avanza Sofi en su coordinación, como sé que algunos sabores no le agradan y hay algunos que le fascinan.

Así podría seguir enumerando ejemplos de todo lo que he aprendido en este año como mamá, pero la lección es diaria y la recompensa de darme una nueva visión de vida a partir de mi hija, es invaluable.


*Soy comunicóloga, mamá de Sofi desde hace un año. Me dedico a la producción de TV y a las Relaciones Públicas. Hace poco descubrí mi gusto por la repostería, actividad que me relaja.

Mi mejor decisión

Por Ana Luisa Huerta*




Convertirme en mamá ha sido la mejor decisión de mi vida.

Decidí que era hora de tener un bebé pero nunca imagine que mi vida cambiaría de esta manera.

Hoy corro todo el día como loca, como a medias, duermo a medias, pero cuando estoy con mis bebés me doy cuenta lo que realmente importa de la vida.

Desde siempre pensé que quería tener dos hijos en un periodo de tiempo corto con la finalidad de que entre ellos la pequeña diferencia de edad les ayude a estar juntos siempre y compartir los mismos gustos.

Aprendí que hay que esforzarse por dar lo mejor a los hijos, pero también hay que continuar con nuestra vida junto a ellos. Ellos llegan a tu vida, la complementan, pero tu rutina continúa.

Hoy sigo trabajando y ellos en la guardería. El que tengamos cada quien nuestro espacio nos ayuda a que cuando estamos juntos aprovechemos al máximo el tiempo.

Desde que Ana Sofí nació todos los días me enseña cosas diferentes. Me ha enseñado el amor incondicional y he aprendido desde cómo cambiar un pañal hasta cómo cuidar una enfermedad.

Su inocencia me ha hecho recordar lo que yo fui y valorar lo que mi madre hizo por mí.

Iker me ha enseñado que los valores de un hombre vienen desde la casa. Y así, me encanta la idea de pensar que debo esforzarme por formar a dos personas con principios pero sobre todo con sueños y anhelos.

Hoy me encanta mi rutina, a pesar de ser muy cansada, me encanta mi trabajo, estar con mis hijos, atenderlos, porque aún dependen completamente de mí.

Sé que desde el primer momento ya soy mamá y eso seré siempre, pero ellos no serán bebés toda la vida y quiero aprovecharlos al máximo.


*Mercadóloga y mamá. A mis 33 años tengo dos hermosos pequeños que llegaron a darle un nuevo sentido a mi vida: Ana Sofía de 2 años e Iker de 4 meses.

viernes, 17 de octubre de 2014

El instante que cambió mi vida

Por Alba Lara*




Siempre consideré que uno de mis proyectos de vida era ser mamá.

Para ser sincera, lo externaba pero jamás me visualicé como mamá. Sólo tenía claro que a cierta edad buscaría hacer realidad ese sueño.

Y un día, sin más ni más, por accidente si lo quieren llamar, por descuido, sin planearlo y sin considerarlo en ese momento de mi vida, la noticia llegó.

Dios decidió que ¡ya jamás estaría sola!

Y fue algo curioso porque mi noviazgo con Mario, mi esposo desde hace ya 4 años, tenía en aquel entonces apenas 3 meses y por si fuera poco, cuando recibí la noticia estábamos a kilómetros de distancia. Él en el DF, y yo en mi natal, Sonora.

¿Destino o casualidad haber conocido a Mario? No lo sé, sólo puedo asegurarles después de estos años que Dios no se equivoca.

Un día, mientras estaba sola, en el ambiente ruidoso del laboratorio en el que trabajaba, con todo tipo de líquidos y muestras corporales a mi alrededor, sin tener a alguien de mi familia o de mis amigos cerca, pensé, ¡ups, mi ciclo no ha llegado!

Y a pesar de que solo tenía un día de retraso, mi instinto fue tomar un torniquete, una aguja y lo que fuera necesario para realizarme yo misma la prueba de embarazo.

No se sí fue curiosidad o sólo quería confirmar algo que ya presentía.

Atenta y sin poder intervenir, sólo observé como esas "dos líneas" cambiaban en ese instante mi vida por completo, mi manera de sentir, de pensar, de actuar pero sobre todo de ¡AMAR!

No lo podía  creer… ¿Estaba feliz? ¿Asustada? ¿Nerviosa? ¿Triste? ¿Preocupada? ¡Era todo!

Es un conjunto de sentimientos que difícilmente una mujer puede expresar con palabras.

Tomé el teléfono y le marqué a mi amiga de toda la vida, Zayda y ¡Oh sorpresa, lo que recibí fue un “amiga, muchas felicidades” y llorando y a la vez riendo  juntas supe que era lo más maravilloso que me podía estar pasando en ese momento, incluso sin haberlo planeado y aún sabiendo que lo que seguía después de esa noticia era algo completamente incierto.

Unos minutos después, y ya un poco más aterrizada esa emoción le di la noticia al segundo actor de ese capítulo (pero esos detalles me los reservaré).

Sólo les puedo decir que al día de hoy estamos juntos y que somos un matrimonio inmensamente feliz al lado de dos angelitos que Dios quiso mandar a la tierra y para los cuales me eligió a mí para ser su madre.

Desde ese día, soy la mujer más feliz y dichosa por tenerlos.

¡Los adoro mi Emi y mi Carlo!


*Química de profesión, mamá de tiempo completo por decisión. Nacida en Navojoa, Sonora, ahora vivo en el DF al lado de mi esposo y mis dos "bukitos".