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viernes, 28 de noviembre de 2014

Cuando conocí la maternidad

Por Rocío Pizaña*




Nunca tuve tanta ilusión como cuando supe que venía en camino. Nunca me sentí tan tranquila como cuando escuché los fuertes y a la vez frágiles latidos de su corazón por primera vez.

Nunca sentí tantas "mariposas en el estómago" como cuando sus primeras pataditas golpearon mi vientre y nunca me sentí tan impaciente como cuando veía pasar la semana 36, 37, 38 y sabía que en cualquier momento llegaría.

Nunca creí sentir tanto miedo como cuando la pusieron por primera vez en mis brazos, ni tampoco cuando salí del hospital y vi el mundo tan grande para mi hija tan pequeña.

Nunca sentí tanto orgullo como cuando vi que con esfuerzo me dirigió una mirada por primera vez.

Nunca me sentí tan frágil, tan mujer, tan desnuda al mundo como cuando me convertí en madre. 

Ahora que soy vanidosa y presumo primeras sonrisas, muecas, dientitos y primeras veces de todo de mi hija créanme que puedo asegurar que nunca había amado como amo desde que ella existe.

Ahora amo como madre porque cuando conocí la maternidad fue como sí me hubiesen dado un soplo de vida y comenzó cuando vi pasar a una enfermera cargando su pequeño cuerpecito. Todo valió la pena por ese momento -es mía, es tan indefensa y es mía- pensé.

Atravesé por todos los sentimientos a la vez: miedo, porque ser madre es sentir responsabilidad de la vida de alguien más, incredibilidad, porque el simple milagro de la vida merece este sentimiento, amor propio, porque nunca me sentí más útil que cuando esa mujercita hambrienta buscaba mi seno materno con desesperación. 

Estoy segura que todas las buenas madres nos sentimos así cuando conocemos a nuestros hijos y aunque ese momento sea por mucho el más doloroso de nuestras vidas; más de una mamá -incluyéndome- ha dicho: "quisiera volver a estar ahí".


*Soy una Nutrióloga en estado de pausa viviendo la maternidad con mucha entrega y amor.


viernes, 14 de noviembre de 2014

Lección de vida

Por Lau Navarrete*




¡Tenía 17 años y esperaba un bebé! 

Todo pasaba por mi mente, menos miedo, quizá era la edad o la propia inmadurez, no obstante, yo me sentía la mujer más feliz del mundo. 

Fue un embarazo hermoso, sin contratiempos y al fin, llegó tan acariciado día: Un martes 16 de abril nació mi primer hijo –jamás imaginé el giro que daría mi vida-; solo que nació con la cabeza pequeña, microcefalea dijeron los doctores en la clínica donde nació. 

No entendía nada, no sabía a dónde ir, qué hacer, terminé por desmoronarme cuando escucho a otro doctor decir que tenía parálisis cerebral.

Cuando lo tuve por primera vez en mis brazos, lo miré lenta y cuidadosamente, si era notorio lo pequeño de su cabeza, sin embargo, sus dulces ojos me atraparon y aunque tardé en dimensionar lo que a partir de ese momento serían nuestras vidas, terminé por aceptar amorosamente mi destino.

 No fue fácil abrirnos caminos, no había ni la información, ni los apoyos que hay ahora; en esos años no se hablaba de Discapacidad, ni había la sensibilidad que ahora existe. 

Los siguientes 7 años estuvieron llenos de retos, de obstáculos, de constante aprendizaje y también de escasos logros, aunque él siempre mostró una fuerza inquebrantable, era muy listo y sumamente sensible. 

Cuando yo sentía desfallecer, bastaba una sonrisa y mirarme en sus hermosos ojos para continuar. 

Han pasado 22 años y lo sigo recordando como si fuera ayer; mi corazón aún puede sentir su presencia y puedo percibir su olor.

Así estaba escrito, así lo acepté, así lo amé, así lo viví y así lo disfruté y hoy, a mis 47 años, no cambio por nada esa enorme OPORTUNIDAD de evolución y de aprendizaje que me fue otorgada. Me llamo Laura y así fue mi primer encuentro con la maternidad.



*Soy mamá y papá. Trabajo en una Asociación que promueve y fomenta la lectura infantil y juvenil. Me apasiona el tema de la conducta humana y disfruto mucho hacer algo bueno por alguien.


miércoles, 12 de noviembre de 2014

El parto natural

Por Merle Guadarrama




¡Auch!... No se crean, es broma aunque, como dicen, cada quien habla como le va en la feria.  

Todas las mujeres que están a punto de ser mamás o las que ya lo somos pasamos por el momento de ni siquiera poder oír la palabra “parto”. 

Escuchamos de todo por parte de las amigas, las tías, las hermanas, las abuelitas y demás mujeres que ya pasaron por esto. 

Nos cuentan historias lindas, pero también muy terroríficas, de aquí y de allá. 

Que duele, que no duele; que camines para que sea más rápido, que la anestesia raquídea... tantas historias.

Y como prefiero no contar la mía para no formar parte del espanto y nerviosismo que ocasionan esas experiencias personales, les comparto algunos tips y ventajas que a mí me funcionaron para lograr que ese momento en el que estás esperando la llegada de tu bebé no se convierta en un anecdotario de terror y mejor aún tenga grandes ventajas para lo que sigue en este gran camino de la maternidad.

1. Si el embarazo lo permite manténganse activas durante los 9 meses. Por ejemplo, realizar yoga te ayuda a estar relajada y a la flexibilidad corporal.

2. Lleva una dieta balanceada, ten cuidado con los alimentos llenos de colesterol y sal que provoquen preeclampsia que a su vez lleven a una cirugía necesaria. 

3. Platiquen con su médico para saber las probabilidades reales de poder tener un parto exitoso y que ni el bebé ni ustedes tengan algún riesgo. 

4. Sean pacientes, para algunas mujeres las últimas semanas son muy cansadas y se llega a pensar en una cesárea. Sólo es tener paciencia. 

5. La recuperación realmente es rápido, cuestión de una semana (en mi caso) sólo hay que fajarse bien y usar cremas para que no nos sintamos como globos desinflados. 

6. Puedes incorporarte fácilmente a las nuevas actividades que te demanda el bebé y tu familia. 

7. Es una experiencia única y aunque digan que se rompen muchos huesos del cuerpo, la realidad es que tu ángel cuando te tome con su manita te ayudará inmediatamente  a que no sientas ningún dolor de “fractura” ni nada por el estilo. 

Les podría seguir enlistando pero la realidad es que cada cuerpo es diferente y también cada labor y el parto en sí también son diferentes, pero lo que nos puede unir es que hagamos que ese paso final del embarazo sea el mejor de nuestras vidas. ¿Por qué? Porque están por iniciar los mejores momentos de su vida a lado de un ángel que hará, creánme, se olviden por completo de que “sí duele o no duele. 

Respiren, ¡lo mejor está por llegar!

viernes, 7 de noviembre de 2014

Embarazo... y ahora ¿qué me pongo?

Por Merle Guadarrama


                               

El pan de cada día de todas las mujeres es tener lleno un clóset de no saber qué ponernos pero bien sabrán ustedes que como todo en el embarazo se acentúa y nos volvemos más sensibles, más enojonas y demás, pero llega un momento que también nos sentimos las mujeres más feas y gorditas aunque evidentemente no es así y es que no sabemos qué ponernos para lucir como antes de estar embarazadas.

Y como en lo personal sí pasé por todas esas cuestiones te quiero sugerir tips para lucir más guapa, para que te sientas cómoda y sobre todo seas muy feliz y disfrutes de esta nueva etapa.

1. Viste blusas o vestidos en escotes en V y en materiales de algodón. 

2. Usa accesorios llamativos en el cuello o en las manos para que la atención se enfoque en esas zonas de nuestro cuerpo.

3. El uso de un mismo color en una prenda te estilizará más a que si llevas dos o más colores.

4. Busca modelos que se adapten a tu estilo y que tengan detalles de encaje, moñitos, lunares pequeños o líneas verticales. 

5. Opta por flats o tacón tipo puente, también botas planas te ayudarán mucho a estar cómoda.

6. Compra ropa interior de acuerdo a los 3 trimestres del embarazo para que estés cómoda y muy a gusto.

7. Usa pantalones en corte recto y caída amplia pero ideales para esta etapa, ya hay cortes modernos pero con esa fajita que nos aguanta la pancita.

8. No olvides que tú misma proyectas tu estado de ánimo con la ropa y con tus actitudes, somos un conjunto. Esta etapa sí, sí es la mejor de tu vida, créelo pero ayúdate a que sea así.

¡Aaah! Por último, te dejo algunas tiendas en donde puedes encontrar ropa que tienen departamento para embarazadas  o en donde, considero, también encontrarás prendas cómodas, a la moda y para cualquier ocasión ya sea laboral o social.

-H&M (Santa Fe)   
                         
-LOB (Centros comerciales)

-Mango (Centros Comerciales)

- Zara (Centros comerciales)


-Forever 21 (Centro y Perisur)

Con un angelito en el cielo

Por Gina Rangel*




Cuando cumplimos un año de casados Luigi y yo decidimos empezar a "hacer la tarea" para que llegara a nuestra casa el primer bebé.

Todo empezó muy bien, hasta que mi deseo de ser mamá, a los 6 meses de intentar embarazarnos, ¡se volvió desesperación!

Bueno, con decirles que, por consejo de mi gran amiga Lis, mi esposo me compró una perrita labrador para calmar un poco mi instinto materno... ¡Estaba a dos de la locura!

Hasta que por fin llegó el día del atraso, y fueron 2, 3, 4 días. Pedí rápidamente una prueba de embarazo a la farmacia, esperé a que llegara Luigi del gimnasio y ¡prueba positiva!

Me acuerdo tanto que Luigi se metió a bañar en lo que daba el resultado y cuando vi las dos rayitas abrí la puerta para enseñarle y los dos llorando supimos que íbamos a ser papás!

¡Por fin la espera había terminado!

Por supuesto desde ese día empecé a usar batitas y blusas aguadas, ¡quería que el mundo entero supiera que iba a ser mamá!

Fuimos al doctor al día siguiente para ver a nuestro retoño, mi adorado doctor nos dijo que debíamos esperar una semana más porque nuestro huevito tenía un tamaño muy pequeñito.

Así que la espera crecía igual que el anhelo de ser mamá.

Todo iba normal, con monitoreos 2 veces por semana. Hasta que un lunes, a los 3 meses de embarazo llegamos mi esposo y yo al ultrasonido y el doctor nos dio la noticia de que el corazón de nuestro bebé había dejado de latir.

Fue la peor noticia que habíamos recibido en la vida, por más que intentábamos reponernos era imposible.

Legrado, hospital, y lo peor... ¡Ya no estaba embarazada! Ahora, a decirle a todo el mundo la noticia.

¿Qué te dicen? No hay palabras que consuelen el vacío tan inmenso.

Después de casi 2 meses de llorarle a mi adorado angelito, decidí retomar el sueño de ser madre y al mes ¡estábamos embarazados nuevamente!

El corazón de nuestra bebé latía como un caballito a todo galope. La primera experiencia del sonido del latido del corazón fue tocar el cielo. Hasta hoy puedo decirles que es lo más sublime que he escuchado, era la melodía de la esperanza, de la fe y del amor profundo.

Fue un embarazo hermoso, lleno de salud y mucho amor, ¡Luigina crecía y se movía a la perfección!

La noticia de que era una niña nos llenó de ternura y amor.

Por fin llegó el día programado, porque mi señorita decidió que no quería nacer. El 22 de julio del 2011 me convertí en mamá, justo un año después del legrado, el 22 de julio del 2010.

Hoy soy mamá de 2 niñas hermosas y tenemos en el cielo un ángel que nos cuida a los 4, que a pesar de su corta vida vino a acomodar muchas cosas, llenó de amor y de fuerza a su madre y me preparó para recibir con todo a sus hermanas.


*Mamá y chef. Cuando nació mi segunda hija decidí dedicarme a ellas y soy la más feliz. ¡Ahora las gozo 24/7!... Doy clases de cocina en casa. Me ha cambiado la vida y ¡lo amo!



Cambio de planes

Por Anabel Sierra*




La historia sobre la mayor aventura de mi vida comenzó hace 6 años cuando me encontraba en el último semestre de la universidad y me vi con un "positivo" en mi prueba de embarazo.

La noticia me tomó completamente por sorpresa ya que no lo tenía planeado, y en ese momento estaba muy lejos de encajar en mi vida. No tenia en mis manos nada que me ayudara a afrontar esta responsabilidad. Me encontraba sola para enfrentarme al mundo y a la bola de "problemas" que se venía encima. 

¿Qué voy a hacer? Fue la primera pregunta que me hice, y sin pensarlo más supe la respuesta ya que sin conocerlo ya amaba a ese pequeño. 

Fue un año de muchas decisiones de las cuales no me arrepiento de ninguna y fue así que a mis 22 años y acostumbrada a que la vida me fuera resuelta me vi en la situación de traer al mundo y hacerme responsable de otro ser.

El camino no ha sido fácil durante estos 6 años. Me ha tocado de todo: estudiar con una panza creciendo y siendo complicado no quedarme dormida en clase; encontrar trabajo, unirme y separarme y una vez más volverme a unir  al amor de mi vida; aprender a poner un pañal; no llorar delante de  él cuando estaba con fiebre...

Pero siempre el objetivo principal en todo ha sido mi hombrecito; el gran faro que siempre me guía, mi luz y mi motivación para salir de cualquier cosa, mi pequeño Alberto.

Hoy me doy cuenta que ninguna otra decisión me habría hecho la mujer que hoy soy, y aunque como toda mamá siempre tengo miedos, el mayor de todos es si estaré haciendo bien las cosas; pero algo me queda claro y es que Dios me eligió para ser su madre, para educarlo y sacarlo adelante y eso me da confianza. 

Afirmo completamente que no se conoce el amor puro y verdadero hasta que tienes un hijo, hasta que vez a un pequeño ser que depende al 100% de ti y para quien tú eres todo, eres su heroína, su gran constante, o en palabras de mi pequeño "Una súper mami".

Aún me queda toda una vida por recorrer y mil cosas que aprender, desconozco si haré de él la mejor persona, lo único que ambiciono es que sea feliz cada día, que haga lo que ama, que disfrute su infancia y trato día a día darle lo mejor que tengo. 

Amo siempre tener ruido en casa, jugar a los Angry Birds, disfruto (por muy poco) entrar sólo a ver películas infantiles en el cine, tener la casa siempre de cabeza, los pantalones rotos cada semana pero sobre todo amo sentir sus abrazos y escuchar “Te amo mami”. 


*Ingeniera en Sistemas y mamá desde hace 6 años de un pequeño hombrecito que todos los días me despierta con una gran sonrisa.

viernes, 31 de octubre de 2014

Simplemente llegaste… no te conocía y ya nos amábamos.

Por Elizabeth Gallegos*




Era una cita de rutina, una mañana acelerada -como siempre en mi vida- un chequeo médico que me dejó atónita cuando la especialista dijo: “cigüeña a bordo”, abrí los ojos y dije “¿qué?”. En ese instante la tierra se cimbró para mí. Ahora entiendo, Nicolás es un volcán en erupción.

Otro sorprendido en esta historia, además del papá, fue el ginecólogo, pues al realizar el ultrasonido en la primera cita constató que era niño y que tenía casi 4 meses de gestación.

Siendo sincera mi corazón lo sabía todo desde meses atrás, él jamás se equivoca.

Ahora, a hacer planes, los primeros en conocer la noticia fueron mis suegros queridos y por supuesto mis papás, que sin ellos  no estaría aquí y mi pequeño de 3 años no sería tan fuerte y sano como lo es.

Aunque en mi interior la conexión entre mi pequeño y yo era fuerte, conforme transcurrían los días las dudas se intensificaban. ¿Nos casamos, sí o no? Y pues sí. Leopoldo y yo decidimos que nuestra familia estaba completa con la llegada de  Nicolás. Los preparativos nos dejaron exhaustos, pero el gran evento estaba por venir. La unión de amor y la integración de nuestra nueva familia valían la pena.

Desde que Nicolás llegó a nuestras vidas, el día, los meses y los años son de pisa y corre, de lunes a viernes la vida laboral me come, pero trato de equilibrar mi tiempo y emociones con mi hijo, incluyéndolo en mi mundo, platicando sobre cómo le fue en el día, qué comió, qué actividad realizó, y mi hijo siempre tiene una sola pregunta para mí: “¿Eres feliz?” Y mi respuesta es “sí amor, te tengo a ti”.

No permito que el sentimiento de culpa me llegue pues el fin de semana lo compenso, dedicándoselo completamente.

Ser mamá no es tarea fácil, la labor de educar para construir reglas y transmitir valores que ayuden a nuestros hijos a su desarrollo y formación es maravillosa, porque sabrás que estás formando hombres y mujeres de bien.

Y aunque a veces estés tirando la toalla –literal-  vale la pena vestirte de súper héroe con una capa improvisada de lo que encuentres a tu paso, por ver su cara de sorpresa y escuchar su risa de travesuras.

Vale la pena cuando acaricias sus manitas, lo contemplas y es igual a ti. Obvio con algunos genes de papá, pero lo que más me motiva y disfruto es compartir  sus logros en la etapa preescolar, donde se quiere comer el mundo a mordidas.

Hoy, puedo decir bienvenida la maternidad a mi vida y porque a los casi 40 también da miedo ser mamá, reconozco que soy una mujer plena, feliz y agradecida con la vida por haberme dado el amor de dos hombres maravillosos: mi hijo Nicolás y mi esposo.


*El periodismo y las relaciones públicas rigen mi vida laboral, mi historia de vida se construye de la mano de mi familia ¡Amo ser mamá!

miércoles, 22 de octubre de 2014

10 cosas que hay que hacer cuando estás embarazada

1. Dormir
Sobre todo los primeros meses porque conforme avance el embarazo y crezca tu panza no podrás encontrar forma de acomodarte y el cansancio irá en aumento. Eso sin contar que prácticamente dejarás de dormir recién nazca tu bebé.

2. Caminar
Hacer ejercicio con moderación es sano, además de que te ayuda a mantener buena circulación, evitar que tus piernas se hinchen y que subas de peso con todos los antojos que puedas tener.

3. Dejarte consentir
Aprovecha que tus familiares y amigos quieran saber cómo estás y tengan atenciones contigo y hasta te consientan. Cuando nazca el bebé pasarás a segundo término, así que déjate consentir mientras puedas.

4. Comer sano
Está bien que de vez en cuando le des rienda suelta a ese antojo de un pambazo con mayonesa a la media noche o un tamal con mermelada de fresa para desayunar, pero es importante que cuides tu peso y comas sano para evitar subir mucho de peso, no sólo podrías quedarte con estos kilos de más, sino que podrías incluso tener problemas con tu salud durante el embarazo.

5. Verte bien
Si bien todas las mujeres embarazadas tienen un brillo que las hace ver distintas, la “fodonguez” no aplica para este momento de tu vida. Preocúpate por verte bien, comprarte ropa que te haga sentir cómoda pero bonita, y peinarte, un gloss en los labios y máscara de pestañas nunca estará de más.

6. Acaricia tu panza
Disfruta ver y sentir crecer tu panza. Encuentra qué cosas estimulan a tu bebé, desde un helado de chocolate o dejar caer el agua caliente de la regadera sobre tu barriga y disfruta la experiencia de sentirlo mover dentro de ti.

7. Tómate fotos
No dejes pasar la oportunidad de tener un registro de cómo crece tu panza a lo largo de estos meses. Ya sea con la cámara de tu celular o en una sesión con un fotógrafo profesional, pero guarda un recuerdo de este momento irrepetible.

8. Escríbele una carta antes de que nazca
Por más que sientas a tu bebé en la panza y lo hayas visto en muchos ultrasonidos, no puedes imaginarte cómo será cuando lo tengas en tus brazos, así que date el tiempo de escribirle esta y otras experiencias que has tenido desde que lo llevas dentro de ti.

9. Ve al cine
Si eres de las que te gusta ir al cine o ver películas en tu casa comiendo palomitas abrazada de tu esposo, hazlo cuantas veces quieras porque una vez que nazca tu bebé, tardarás mucho tiempo en volver a tener un momento así.

10. Lee
Lee todo lo que puedas sobre la maternidad, el embarazo, los primeros meses del recién nacido. Si bien no te dará todas las respuestas a las dudas que empiecen a saltarte cuando tengas a tu bebé contigo, te ayudará a prepararte para lo que te traerá esta gran aventura que ya comenzó!!!

¿Y ustedes, qué otros consejos les compartirían a las nuevas mamás?

viernes, 17 de octubre de 2014

El instante que cambió mi vida

Por Alba Lara*




Siempre consideré que uno de mis proyectos de vida era ser mamá.

Para ser sincera, lo externaba pero jamás me visualicé como mamá. Sólo tenía claro que a cierta edad buscaría hacer realidad ese sueño.

Y un día, sin más ni más, por accidente si lo quieren llamar, por descuido, sin planearlo y sin considerarlo en ese momento de mi vida, la noticia llegó.

Dios decidió que ¡ya jamás estaría sola!

Y fue algo curioso porque mi noviazgo con Mario, mi esposo desde hace ya 4 años, tenía en aquel entonces apenas 3 meses y por si fuera poco, cuando recibí la noticia estábamos a kilómetros de distancia. Él en el DF, y yo en mi natal, Sonora.

¿Destino o casualidad haber conocido a Mario? No lo sé, sólo puedo asegurarles después de estos años que Dios no se equivoca.

Un día, mientras estaba sola, en el ambiente ruidoso del laboratorio en el que trabajaba, con todo tipo de líquidos y muestras corporales a mi alrededor, sin tener a alguien de mi familia o de mis amigos cerca, pensé, ¡ups, mi ciclo no ha llegado!

Y a pesar de que solo tenía un día de retraso, mi instinto fue tomar un torniquete, una aguja y lo que fuera necesario para realizarme yo misma la prueba de embarazo.

No se sí fue curiosidad o sólo quería confirmar algo que ya presentía.

Atenta y sin poder intervenir, sólo observé como esas "dos líneas" cambiaban en ese instante mi vida por completo, mi manera de sentir, de pensar, de actuar pero sobre todo de ¡AMAR!

No lo podía  creer… ¿Estaba feliz? ¿Asustada? ¿Nerviosa? ¿Triste? ¿Preocupada? ¡Era todo!

Es un conjunto de sentimientos que difícilmente una mujer puede expresar con palabras.

Tomé el teléfono y le marqué a mi amiga de toda la vida, Zayda y ¡Oh sorpresa, lo que recibí fue un “amiga, muchas felicidades” y llorando y a la vez riendo  juntas supe que era lo más maravilloso que me podía estar pasando en ese momento, incluso sin haberlo planeado y aún sabiendo que lo que seguía después de esa noticia era algo completamente incierto.

Unos minutos después, y ya un poco más aterrizada esa emoción le di la noticia al segundo actor de ese capítulo (pero esos detalles me los reservaré).

Sólo les puedo decir que al día de hoy estamos juntos y que somos un matrimonio inmensamente feliz al lado de dos angelitos que Dios quiso mandar a la tierra y para los cuales me eligió a mí para ser su madre.

Desde ese día, soy la mujer más feliz y dichosa por tenerlos.

¡Los adoro mi Emi y mi Carlo!


*Química de profesión, mamá de tiempo completo por decisión. Nacida en Navojoa, Sonora, ahora vivo en el DF al lado de mi esposo y mis dos "bukitos".

jueves, 16 de octubre de 2014

Cuando ser mamá no estaba entre mis planes

Por Sonia Soto

Debo de reconocer que una de las cosas que no figuraba en mi plan de vida era ser mamá. ¿La razón? Crecí en medio de muchos sobrinos y vi las que pasaban mis cuñadas y hermanos en medio de esta nada sencilla labor.

Fue la primera expresión que escuché de mis amigas más cercanas cuando les di la noticia: “la que no quería tener niños porque en su casa ya había muchos”, decían.

Cuando tuve la sospecha fui con mi esposo a la farmacia y compramos una prueba casera, nos sentamos en una banqueta y leímos cuidadosamente las instrucciones, pasamos un buen rato ahí sentados sin hablar, tal vez cada uno pensando en esta gran responsabilidad y cómo cambiaría nuestras vidas.

Llegamos a casa y me realicé la prueba, el resultado más que positivo fue el inicio de una gran aventura que hoy, a cuatro años considero, es la mejor de toda mi vida, y lo mejor es que cada día se escribe un álbum con muchas más.

El siguiente paso fue decírselos a los seres que me han enseñado y demostrado el amor más incondicional y sincero: mis padres.

Su reacción fue como la esperaba: apoyo incondicional, lleno de amor y siempre con un respaldo que hasta este momento me siguen dando en todos los sentidos.

Mi pequeña Ana Luisa aún no se comenzaba a formar y ya tenía a cuatro personas que la adoraban sin conocer su ojos, sin poder tocar sus manos, pero sintiendo su corazón aún a semanas de comenzar a crecer en mi vientre.

Inmediatamente comencé a documentarme, todo lo que hablaba sobre maternidad lo leía, todo me sirvió para darme cuenta que se debe vivir esta etapa sin tanta tensión, sí con responsabilidad, porque traer un ser a este mundo es increíble, pero ese instinto que tenemos, prácticamente resuelve la mayoría de las dificultades, no me pregunten cómo, simplemente es así.

Siempre he pensado que el amor lo puede todo, también que el amor de tu vida llega a romper ese plan que forjaste, y lo comprobé en carne propia: Gustavo llegó a romper esa vida que me había impuesto, me inspiró la maternidad y sí, cambió mi forma de concebirla.

Gracias a ello pude enamorarme de una personita que todavía no conocía, y sin temor a equivocarme sé que es lo mejor que me ha regalado la vida: sus sonrisas, sus miradas, sus ocurrencias.

Ese día definitivamente cambió completamente mi existencia, sigo cambiando para bien, aprendiendo sobre la marcha, pero sobre todo tratando de que mi niña sea muy feliz.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Estoy embarazada ¿y ahora?

Por Merle Guadarrama

Miedo fue la primer palabra que se me vino a la mente. El temor a lo desconocido  impero en mi ser, lo cual me causó un doble sentimiento (culpa y alegría).

Preguntas como: ¿qué voy a hacer? ¿Seré buena mamá? ¿Podré hacerlo? ¿Mi bebé me amará ya tan pequeñito?

Cada una de estas cuestiones se resolvieron día a día, el miedo no; ese predominó  hasta después de los tres meses.

Era un tema que a mi edad no tenía planeado y por consecuencia no sabía cómo abordar. Lo primero que hice fue compartirlo con mi pareja, pues consideré que ese temor tenía que ser de los dos para poder convertirlo en una gran alegría y así fue.

Lo invité a cenar y con una sorpresa le di la noticia, su rostro fue de alegría y anhelo, eso me ayudó mucho, me abrazó y me dijo: ¡Gracias por darme un  pedacito de nosotros!

Esas palabras me tranquilizaron ya que si a ustedes nos les pasó o están en esa situación, el miedo que uno siente a lo desconocido, a los cambios es normal y a la vez se siente una culpa por sentirlo porque es una vida y no sólo eso, es la vida de tu bebé.

Después del paso de los días lo que siguió fue decirle a la familia iniciando con la abuela, mi madre y gran apoyo, ella fue la más feliz. Así uno a uno de los integrantes de la nueva familia de (Alonso, mi bebé) se fueron enterando y todos coincidieron en una gran alegría; decían: serás una gran mamá.

Palabras de aliento, gestos, caricias y el hombro de cada uno me ayudó a ir superando ese temor a lo desconocido. Pero les decía que este sentimiento estuvo en mí hasta los tres meses y es que este miedo llegó cuando me dijeron que tenía problemas de retención en la matriz y que podía perder al bebé. Ese momento fue el peor momento de miedo y angustia que he tenido en mi vida.

¿Qué hice? Decirle a mi bebé que él no tuviera miedo, que yo estaba con él y que me ayudara a luchar por él, por nuestra vida juntos. Él con su gran fortaleza me demostró que ese miedo sólo nos quitaba fuerzas para conocernos y compartir nuestras vidas. Fue la primer gran lección que aprendí de mi hijo.

Las preguntas que me hice al principio se han ido resolviendo y se irán resolviendo día a día. ¿Qué si me ama aunque sea tan pequeño? Ahora sé que sí cada vez que me dice: ¡MAMÁ!

martes, 14 de octubre de 2014

¿Preparada para ser mamá?

Por Claudia Castro

Llevaba algunos meses queriéndome embarazar y no´más nada. A finales del 2012 platiqué con mi esposo y acordamos que antes de que se convirtiera en un deseo frustrado, dejaríamos ese tema por la paz y nos refugiaríamos en la idea de que los tiempos de Dios son perfectos y el bebé llegaría cuando tuviera que llegar.

Empezó 2013 y un día mientras escribía la nota del día siguiente, caí en cuenta que llevaba algunos días de retraso. Repasé cómo me había sentido los últimos días y enseguida supe que estaba embarazada.

Corrí a comprar la prueba de embarazo, los nervios estaban a todo lo que daban. Salió positivo, mis manos y piernas temblaban, sabía que era cierto porque tenía los síntomas, pero no lo podía creer. Tan no lo creí que se lo dije a Juan Manuel, mi esposo, hasta el día siguiente.

Al otro día volví a hacerme otra prueba. ¡Es que de verdad no lo creía!... Para cuando Juan Manuel regresó del trabajo se topó con un regalo que le había dejado en su buró. Contenía una mamila con la prueba de embarazo y una carta.

Apenas lo abrió no pudo contener las lágrimas y obviamente ¡yo menos! Nos abrazamos, lloramos y lloramos y lloramos… Entre que somos sensibles, cursis y la noticia simplemente nos volvía locos porque creímos que tendríamos que esperar otro rato antes de ser papás, ese día se convirtió en uno de los mejores de nuestras vidas.

Y aunque fue un bebé deseado, también la noticia me llenaba de muchos nervios. Me daba mucha emoción pensar en su llegada, pero a la vez me llenaba de dudas y temores sobre si sería una buena madre, si estaba preparada para tener a un bebé entre mis brazos.

Sinceramente creo que me convertí en mamá en el mejor momento de mi vida. No porque estuviera preparada para serlo (hoy mismo me pregunto si lo estoy), sino porque tenía plena conciencia de querer ser mamá.

Disfruté desde ese primer momento en que supe que un pedacito de mi esposo y mío crecía dentro de mí, hasta los antojos, los achaques, las apapachadas que yo misma me daba dándome el lujo de dormir cada que podía o tomar un baño caliente.

Disfruté ver crecer mi panza, acariciarla hasta decir basta, tomarme fotos, las visitas al ginecólogo y que la doctora me dijera que todo iba perfecto, enterarme que sería mamá de un niño y preparar su llegada, las atenciones y cuidados que tenían mis compañeros y jefe, y hasta podernos estacionar en lugares para embarazadas, jajaja!

Fui tan feliz mientras lo sentí crecer dentro de mí, pero creo que aún así no se compara con ver sus ojitos, besuquearlo, cargarlo, escucharlo reír. Son etapas distintas y uno tiene que soltarse a disfrutar. Ser la mamá de Mateo ha sido la bendición más grande de mi vida y aunque cada día saltan nuevos temores, en ninguna otra etapa de mi vida había sentido esa confianza en mí misma para pensar que puedo enfrentarlos y vencerlos.

lunes, 13 de octubre de 2014

Lo que sentí cuando supe que sería mamá

Por Ceci Torres



Mi experiencia es una historia un poco diferente, ya que cuando creí estar embarazada resultó que no.

Por si fuera poco tengo una hermana gemela la cual estaba buscando bebé al mismo tiempo que yo.

Durante cuatro días seguidos me sentía mareada y al principio creí que era porque me estaba extralimitando con el ejercicio, luego dije, ¿qué tal estoy embarazada? Así que corrí a hacerme la prueba y nada, y seguí con mi vida normal.

Días después vi a mi hermana en un evento familiar y en la conversación salió que llevaba algunas semanas intentando embarazarse. Entonces la tomé del brazo y corrí al baño a decirle que por favor se hiciera una prueba porque yo me había estado sintiendo mal. (Es importante comentarles que toda nuestra vida hemos sentido lo que le sucede a la otra, pero por lo general era ella la que sentía, como cuando me rompí el codo, ella no podía moverlo y yo llegué al hospital como si nada).

En fin, vi su cara de pánico como si no creyera, pero me dijo que prometía hacerlo. Dos días después sonó mi teléfono y era ella llorando, me espantó muchísimo, le dije “¿estás bien?” y solo entendí el “aunque no hubiera querido, eres la primera en enterarte que voy a ser mamá”. Aún se me llenan los ojos de lágrimas cuando lo platico.

Dos semanas después las náuseas se apoderaron de mí y yo juraba que mi sobrino me iba a hacer una mala jugada durante varios meses, pero un día una amiga me preguntó que si estaba embarazada porque mis bubis eran enormes jajaja!!... En esta prueba salió positivo, por lo que el malestar ya era mío y no de mi hermana.

Todo me tembló cuando vi la prueba en positivo, estaba segura que quería un bebé en casa, pero cómo saber si estás listas, cómo decírselo a tu marido, ¿esperar a que me cayera el veinte primero o que nos cayera juntos?

Decidí hacerlo en pareja, al siguiente día estaba plantada en el consultorio del ginecólogo para verificarlo y por la noche cuando Jorge, mi esposo llegó, se encontró con un camino de huellitas y una foto del ultrasonido al final. Lloramos de emoción, pero no podíamos ni creerlo.

Tengo que reconocer que ha sido la noticia que más emoción y pánico me ha dado al mismo tiempo.

Una nunca está lista para ser mamá, eso es completamente cierto, pero cuando supe que había una personita creciendo dentro de mí, no pude más que sentir un intenso amor y agradecimiento a Dios y a la vida por la oportunidad tan grande que me estaban dando.

Hoy, casi cuatro años después creo que fue la mejor experiencia y la mejor noticia de mi vida, todavía estoy convencida que uno nunca está listo jajaja!! Pero de lo que sí estoy completamente segura es del inmenso amor que le tengo a mi hijo y que no me equivoque en la decisión de traerlo a este mundo.

¡Bienvenidas!

Y de repente un día ya los teníamos en nuestros brazos...

Tan pequeños, tan frágiles, tan delicados, tan indefensos y nosotras queriéndoles dar todo y sin saber por dónde empezar, deseando tanto ese momento, creer que nos habíamos preparado para que, llegado el día, no nos tomaran tan desprevenidas y al final, tan inexpertas.

Hoy el acceso al Internet y las tecnologías nos permite acceder a un mundo de información, que al mismo tiempo puede perdernos y confundirnos.

En YouTube podemos encontrar videos desde cómo cambiar un pañal, cómo bañar a un bebé, cómo amamantar a un recién nacido, cómo prepararse para el parto y ya con nuestro hijo en brazos no tenemos ni idea de qué hacer.

¡Qué ganas de tomar al niño, ponerle play al video de YouTube y seguir los pasos 1, 2 y 3 para darle la mamila, sacarle el airecito y ponerlo a dormir!

Pero no, al final, a todas nos sorprende la maternidad.

Por más que hayamos leído, que nos hayamos “preparado”, que nos cuenten nuestras amigas, que hayamos visto decenas de videos en Internet y sigamos leyendo, y escuchando, y viendo… Cada bebé es distinto y la conexión que logramos con nuestros hijos es única.

Afortunadamente hay algo que nos ayuda a librarnos de esas terribles batallas internas entre el qué hacer y el qué no hacer, algo que nos permite alejarnos de los consejos encontrados de las suegras, las tías y los abuelos: el instinto maternal.

Ese instinto que se despierta cuando sentimos sus pataditas en la panza, o la primera vez que escuchamos su corazón como un caballito a todo galope durante nuestra visita al ginecólogo o cuando nos por fin vemos su carita cuando el pediatra nos lo presenta en la sala de cirugías.

Y todo eso que vivimos durante el embarazo y la llegada de nuestro hijo, es apenas el principio de todos los retos que ser mamá nos pone enfrente.

De eso justamente queremos hablar en este blog.

Somos 4 mujeres –más todas las mamás que quieran sumarse- compartiendo nuestras experiencias.

Mamás que hemos asumido este rol con amor, pero que sabemos que también se requiere mucha entereza y temple. Mamás que tomamos las cosas en serio, pero sabemos que vale la pena soltarse a disfrutar de nuestros hijos.

Sería muy pretencioso de nuestra parte decir que venimos a dar consejos de cómo ser mejores mamás.

Charla de Mamás no es una guía, es compartir y retroalimentarnos, apoyarnos en formar de la mejor manera y a través de nuestras experiencias a lo más preciado que tenemos: nuestros hijos. Así que, ¡bienvenidas!