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martes, 11 de noviembre de 2014

Los niños y las mascotas

Por Claudia Castro

"El perro le enseña al niño la fidelidad, la perseverancia…y a dar tres vueltas antes de acostarse”
Robert Charles Benchey, humorista norteamericano (1889-1945)






Si algo me hace muy, pero muy feliz en la vida, es ver a Mateo jugar con mis perros. 

Y si bien es algo que disfruto mucho ahora, he pasado por momentos de estrés y de mucho trabajo desde el momento en que supe que estaba embarazada.

Siempre que platico que tengo 3 perros en casa, me gusta ver la cara de asombro y sorpresa de las personas. ¡Hay quien ni siquiera se atreve a tener uno y yo digo que tengo 3 con tanta naturalidad!

Siento que Canelo, Laika y Spuky me acercaron mucho a la maternidad desde antes de que fuera mamá de Mateo. Me enseñaron a ser responsable con alguien que dependía 100% de mí. He estado con ellos lo mismo divirtiéndonos en el parque, acostados en la cama viendo una película, que en el hospital cuando me dijeron que Spuky tenía pocas posibilidades de vencer al parásito que traía en la barriga y vi nacer a los cachorros del Canelo y la Laika.

Tengo una conexión muy fuerte con ellos, los quiero y me quieren, y puedo presumir que lo hacen como a nadie más en casa. Prácticamente para ellos soy lo único que tienen. Quizá sólo quienes tienen mascotas y los aman tan profundamente como yo a los míos, podrán entender que los veo como si fueran mis “hijos” perrunos.

Cuando me embaracé no faltaba quién me decía, y ahora ¿qué vas a hacer con tus perros?.... Me parecía una pregunta tan absurda. ¿De verdad esperaban que les dijera, pues ¡echarlos a la calle!? 

Mi esposo y yo decidimos tenerlos y no fue en “vía de mientras” llegaban los hijos. Fue asumir esa responsabilidad hasta el último día de sus vidas o de las nuestras. Así lo vimos cuando llegó cada uno de ellos. 

Pero no puedo negarles que recibí muchos comentarios que llegué a estresarme sobre cómo resolvería este asunto. Así que puse manos a la obra y llevé a cabo estos tips:

Para la llegada del bebé

1. Quedaron súper limpios, con las vacunas al día y desparasitados desde días antes de que naciera Mateo.
2. Les hablé mucho sobre la llegada de “mi cachorro”. Seguro lo entendían porque incluso desde que estaba en la panza, se recostaban en ella y alzaban las orejas cuando lo escuchaban o lo sentían.
3. Desde el primer día les presenté a Mateo. Dejé que se acercaran, lo olisquearan y lo reconocieran.

Retos

Si tener un bebé en casa no es fácil, créanme que con 3 perros, ¡menos! 

No falta que cuando por fin se durmió, alguno ladra y lo despierta. Que quiera probar sus croquetas o quiera estar metiendo las manos al bebedero de los perros.

Pero también juegan. Mateo se divierte mucho con ellos y creo que intentar perseguirlos le ayudó mucho para comenzar a gatear a los 6 meses. El tema de establecer límites tanto con el perro, como con el niño es esencial para la sana convivencia y el respeto, y ese es el mayor reto al que me he enfrentado.

1. Los niños juegan brusco, así que hay que enseñarles a respetar a las mascotas, que son seres vivos que sienten y les duelen los jalones de orejas o de cola.
2. El perro resiente la pérdida de atención con la llegada de un bebé, así que hay que dedicarles momentos de cariños, procurar sus paseos diarios u otro tiempo dedicado a ellos del que ahora el nuevo integrante puede formar parte.

Beneficios

Según los expertos, entre los beneficios para los niños de tener una mascota en casa, están:

1. Disminuye el estrés, lo que ayuda a que sean  niños menos agresivos.
2. Mejora la autoestima y el bienestar psicológico, pues se sienten muy queridos por su mascota y, al cumplir con la obligación de alimentarlos, limpiarlos y cuidar de ellos, estamos creando en su interior una sensación de utilidad y motivación muy positivas.
3. Exige un incremento en la actividad física, hecho de relevada importancia, dado el sedentarismo que hoy en día padecen nuestros hijos.
4. Acelera el desarrollo psicomotor a través del juego, el ejercicio, la persecución, las risas, etc.
5. Desarrollan el valor de la responsabilidad.

Ahora, ¡ojo! Si no tienen una mascota, y les gustaría tener una, yo sólo les recomendaría considerar la edad del niño. Tanto niño como mascota demandan atención y eso significa mucho trabajo, así que si como mamás (que somos las que finalmente llevamos la carga más pesada del orden y la limpieza en casa) no están dispuestas a ello, ni ilusionen a sus hijos porque lo peor es el tema de los animales abandonados y encima, que como papás demos un ejemplo de ese tipo a nuestros hijos.

Así que si caminando por la calle se encuentran a una mamá con su chamaco en la carreola y 3 schnauzer a los lados, ¡esa soy yo!

viernes, 7 de noviembre de 2014

Cambio de planes

Por Anabel Sierra*




La historia sobre la mayor aventura de mi vida comenzó hace 6 años cuando me encontraba en el último semestre de la universidad y me vi con un "positivo" en mi prueba de embarazo.

La noticia me tomó completamente por sorpresa ya que no lo tenía planeado, y en ese momento estaba muy lejos de encajar en mi vida. No tenia en mis manos nada que me ayudara a afrontar esta responsabilidad. Me encontraba sola para enfrentarme al mundo y a la bola de "problemas" que se venía encima. 

¿Qué voy a hacer? Fue la primera pregunta que me hice, y sin pensarlo más supe la respuesta ya que sin conocerlo ya amaba a ese pequeño. 

Fue un año de muchas decisiones de las cuales no me arrepiento de ninguna y fue así que a mis 22 años y acostumbrada a que la vida me fuera resuelta me vi en la situación de traer al mundo y hacerme responsable de otro ser.

El camino no ha sido fácil durante estos 6 años. Me ha tocado de todo: estudiar con una panza creciendo y siendo complicado no quedarme dormida en clase; encontrar trabajo, unirme y separarme y una vez más volverme a unir  al amor de mi vida; aprender a poner un pañal; no llorar delante de  él cuando estaba con fiebre...

Pero siempre el objetivo principal en todo ha sido mi hombrecito; el gran faro que siempre me guía, mi luz y mi motivación para salir de cualquier cosa, mi pequeño Alberto.

Hoy me doy cuenta que ninguna otra decisión me habría hecho la mujer que hoy soy, y aunque como toda mamá siempre tengo miedos, el mayor de todos es si estaré haciendo bien las cosas; pero algo me queda claro y es que Dios me eligió para ser su madre, para educarlo y sacarlo adelante y eso me da confianza. 

Afirmo completamente que no se conoce el amor puro y verdadero hasta que tienes un hijo, hasta que vez a un pequeño ser que depende al 100% de ti y para quien tú eres todo, eres su heroína, su gran constante, o en palabras de mi pequeño "Una súper mami".

Aún me queda toda una vida por recorrer y mil cosas que aprender, desconozco si haré de él la mejor persona, lo único que ambiciono es que sea feliz cada día, que haga lo que ama, que disfrute su infancia y trato día a día darle lo mejor que tengo. 

Amo siempre tener ruido en casa, jugar a los Angry Birds, disfruto (por muy poco) entrar sólo a ver películas infantiles en el cine, tener la casa siempre de cabeza, los pantalones rotos cada semana pero sobre todo amo sentir sus abrazos y escuchar “Te amo mami”. 


*Ingeniera en Sistemas y mamá desde hace 6 años de un pequeño hombrecito que todos los días me despierta con una gran sonrisa.

lunes, 3 de noviembre de 2014

¿Cómo manejar los berrinches en público?




Los berrinches forman parte de tu vida cuando tienes un niño pequeño. Tu mejor defensa es evitar en la medida de lo posible aquellas situaciones que provoquen una rabieta. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero las siguientes sugerencias pueden ayudarte. 

Es más probable que a tu hijo le dé una rabieta si está cansado o hambriento, así que procura dejar las salidas al supermercado o a la oficina de correos para después de la comida y la siesta, y ten siempre a la mano un refrigerio. 

La frustración también provoca berrinches. Si sabes que tu pequeño va a insistir en visitar la tienda de animales cuando vayas al centro de la ciudad, piénsatelo dos veces. Esto no es someterte a tu hijo, sino predecir cómo reaccionará y sopesar las posibles consecuencias y las alternativas. 

Claro que evitar un berrinche no siempre es posible. Una vez que comienza la rabieta, es difícil razonar con tu hijo. Si encuentras embarazoso un berrinche en público, lo mejor es que te vayas del lugar. Si te enojas o lo castigas, eso no mejorará la situación y solo hará que te disgustes aún más. Recuerda que lo mejor que puedes hacer es mantener la calma. 

Irte del lugar ayuda a todos, incluso si significa que tendrás que ir más tarde a la tienda para terminar de hacer la compra. Si no puedes marcharte del lugar, procura alejarte un poco. En lugar de permitir que tenga una rabieta en la sala de espera del dentista, por ejemplo, al menos sal al pasillo o al estacionamiento. 

Cuando se le pase el berrinche, tu hijo necesitará que lo abraces y le hagas sentir seguro, ya que perder el control puede asustarlo. Puedes abrazarlo pero no cambies las reglas después de un berrinche. Si le dijiste que era hora de irse del parque y respondió con una rabieta, sigue siendo hora de irse cuando se le pase el berrinche. Pero una vez que sabes lo intensos que son sus sentimientos, puedes reconocerlos y procurar hacer que la partida sea menos dolorosa, ofreciéndole leerle su cuento favorito cuando lleguen a casa. 

Ten en cuenta que el berrinche de tu hijo no es asunto de nadie más que tuyo. Muchos niños de 3 o 4 años todavía tienen berrinches y algunos de ellos van a producirse en público. No significa que seas mala madre, sino que eres la madre de un niño pequeño. 

Es posible que la gente se les quede mirando, pero es muy posible que simpaticen con ustedes, y no que sean críticos. Sin importar si te miran o no, recuerda que tu hijo no comprende tu vergüenza. Ten presente que tu hijo no hace berrinches en público para humillarte, así que trátalo de la misma manera que lo harías si el berrinche ocurriera en la casa. Ten en cuenta que la frecuencia de los berrinches disminuirá según tu hijo vaya madurando. 

Fuente
http://espanol.babycenter.com/a10900028/c%C3%B3mo-puedo-manejar-los-berrinches-en-p%C3%BAblico#ixzz3HZLgxHrs

jueves, 30 de octubre de 2014

10 cosas que cambian después de tener un bebé



1. Descubres en tu interior una fuerza que te agarra de sorpresa y hasta te asusta por su intensidad. Te sientes como una leona, preparada para defender a tu "cachorrito" con tus propias uñas y dientes.

2. Te das cuenta que puedes ir más allá de tu límite, y del límite de tu límite, y del límite del límite de tu límite... Y esto te hace sentir infinitamente exhausta y fatigada, pero a la vez infinitamente capaz (¡qué verdad tan verdadera!).

3. Sientes crecer dentro de ti un amor tan fuerte, poderoso y profundo, que a veces hasta te espanta y confunde. "¿Podré querer a otro ser como a esta criaturita?", te preguntas. Ya verás que sí (y ésa será tu gran sorpresa cuando nazca tu próximo hijo).

4. Por primera vez entiendes que "sacrificio" no significa sufrimiento sino: "sacro" + "oficio", o sea, "trabajo sagrado". Comprendes la enorme importancia del lugar que ocupas en el mundo como madre, y el gran valor de tu trabajo.

5. En tu casa, tu vida, tu trabajo... reina un nuevo orden, o más bien, desorden. Aceptarlo es clave para tu felicidad y paz interior, o sea que date por vencida y disfrútalo.

6. Borras de tu diccionario la palabra "asco". Cuando a tu hijo se le cae el chupón en el piso, lo recoges tranquilamente y lo "limpias" con naturalidad en tu propia boca antes de volvérselo a dar.

7. Aprendes a dominar el arte de la improvisación. Compones increíbles melodías, transformas tus dedos en marionetas, e inventas fantásticas y absurdas historias para mantener entretenido a tu bebé (sobre todo cuando está cansado, aburrido o enfermito).

8. Tu cinturita (y todo lo que queda al norte y al sur de ella) definitivamente no es la misma de antes, pero te sorprendes al darte cuenta de que estás mucho más interesada en el ombligo de tu bebé que en el tuyo propio.

9. Los momentos a solas con tu pareja son escasos y breves, pero los dos aprenden a disfrutarlos y aprovecharlos, aunque un cierto lloroncillo esté a punto de interrumpirlos.

10. Compruebas que nada, ni siquiera las matemáticas, es una ciencia cierta. Al fin y al cabo 1 + 1 = 3, y 3 no son demasiados, sino... una familia.


Fuente:

http://espanol.babycenter.com/a4900001/15-cosas-que-cambian-en-tu-vida-cuando-nace-tu-beb%C3%A9



miércoles, 29 de octubre de 2014

Eligiendo guardería

Por Merle Guadarrama

Una de las primeras decisiones más complicadas sin duda,  llamadas y llamadas y una búsqueda exhaustiva.

Además de lo difícil que es tomar esta decisión hablando sentimentalmente porque, al menos a mí, me provocó culpa de abandonar a mi hijo –aunque no sea así- , es aún más difícil por la poca información y accesibilidad que hay dentro de las guarderías.

En mi caso, fue hacer llamadas tras llamadas y citas tras citas, lo difícil fue que ya trabajaba y lograr que te den permiso diario para poder ver guarderías o un día entero para visitarlas es un gran tema en la oficina pero lo logré,  y es que ya no te dan informes tan fácil, ya es más condicionado a que acudas personalmente.

Quizá les cause gracia pero hasta hice una lista en excel catalogando cada una y calificando algunos parámetros como: seguridad, higiene, sistema de aprendizaje, entre otros.

Hice una gran lista y luego lo grafiqué. Sí, sí me dio tiempo de hacer esta locura pero me ayudó a elegir la guardería en donde actualmente está mi pequeño y no me arrepiento.

Ninguna por más que cumpliera mis expectativas me quitaba la culpa de dejarlo porque sentía que lo abandonaba y que él me lo reprocharía pero es la primer separación y su primer paso de independencia, preferí verlo así: mi bebé se está independizando.

Después del trámite llegó el momento de acudir a su primer día. Mi gran separación luego de 9 meses que estuvo día a noche a mi lado, en mis brazos… Lo alisté, le preparé su lunch y lo llevé en su cochecito.

Él feliz, se quedó tranquilo y contento. Yo, yo derramé lágrimas durante todo el camino hacia la oficina y sólo quería llamar cada 10 minutos para saber cómo estaba mi pequeño.

Llamé por supuesto y la respuesta fue que mi hijo estaba muy bien y muy sonriente, lo imaginé y me tranquilicé un poco.

Ahora sé que uno como mamá también debe aprender a soltar y confiar porque las educadoras o nanas también son nuestras aliadas y debemos hacer equipo a favor de nuestros hijos. 

Ahora veo a Alonso muy despierto, me sorprende lo rápido que se ha desarrollado en la “escuelita” y sé que es resultado de un buen trabajo en equipo ¿Si es difícil? Mucho pero es parte de esta gran aventura de ser mamá.

lunes, 27 de octubre de 2014

Cómo superar la depresión postparto

Por Beatriz Goldberg*




Tratar de encontrar al menos un momento para hacer cosas que nos gratifiquen. Después de que el bebé nace, muchas mujeres sienten que durante los primeros tiempos no son más dueñas de su vida, que han perdido totalmente su libertad. Es importante hacerse de un rato para ir a la peluquería, o al shopping, ir a tomar un café o invitar a amigos. Cada una sabrá cuáles son aquellas cosas que la hacen sentir bien.

Elegir el momento que les resulte más práctico para realizar este tipo de actividades. Si lo que desean es ir al gimnasio y se anotan a las once de la mañana y tienen que hacer malabares para que alguien les cuide el bebé, eso que tanto las gratificaba dejará de gustarles o directamente no podrán realizarlo más. Por eso es importante, por ejemplo, ponerse de acuerdo con la pareja y realizar esa actividad una vez que él está en casa y se puede quedar con el bebé (si es que no se cuenta con otro tipo de cuidadores, al principio).

Delegar tareas innecesarias. Si se puede, olvidarse de la casa y la comida, por ejemplo, es una idea excelente (o de la casa y la ropa, o de las compras, etc.). Hay que convencerse de que no se puede estar en varios lados al mismo tiempo, y menos con un bebé. Si piensan eso, lo intentan y fallan, se sentirán defraudadas e inevitablemente caerán en la tristeza.

Los comentarios de la gente no siempre están dirigidos a uno en forma personal. “Por suerte vos tenés tiempo, estás todo el día en tu casa” o “Lo único que tenés que hacer es estar todo el día con el bebé” no quiere decir que lo que hacemos no vale o no tiene ninguna importancia. Al contrario. Pero la gente muchas veces pone ejemplos y no se da cuenta de que está delante de una persona que está pasando por un momento muy especial y por una etapa de gran sensibilidad.

No descuidar el arreglo personal. No importa si la ropa que hay que usar es más amplia que la habitual, también puede ser linda. Tampoco importa si se ensucia o se arruga por el bebé. Tiene solución.

Reconectarse con gente que tuvo que ver con contigo antes del embarazo. A medida que los meses avanzan, la futura madre se va envolviendo cada vez más en el tema del bebé, el parto, la crianza, etc. Y va dejando de lado otras cosas que también le interesaban. Volver a sentirse cautivada por ellas es importante.

Buscar momentos de intimidad con la pareja. Tal vez comiencen a sentir algo diferente por el otro. Esto no significa que lo quieran menos. Simplemente están sintiendo algo diferente, lo que no quiere decir que el vínculo se esté deteriorando. Es más probable que la relación se torne más madura y más rica después de esta experiencia alucinante y conmovedora como es la de tener un hijo.


*Beatriz Goldberg es psicóloga y escritora, especialista en crisis individuales y de pareja. Coordina talleres y dicta cursos y conferencias sobre temas relacionados con su especialidad. Es autora de interesantes libros para la familia.
La columna anterior aquí publicada fue un aparte de su obra “Vivir el embarazo en Plenitud” de Lugar Editorial.
Para más información de la autora y sus libros visita su sitio www.beatrizgoldberg.com.ar

jueves, 23 de octubre de 2014

Como si fuera la primera vez

Por Sonia Soto


Mi vida tiene un parteaguas que es el nacimiento de mi hija.

Una vez escuché que alguien decía que su hijo cumplía un año más, pero para ella fue como volver a nacer, así que era como si dos nuevas vidas se hubieran gestado.

Esta frase me dejó marcada y creo que encierra todo lo que significa tener a Ana Luisa conmigo.

En efecto, el nacimiento de ella trajo consigo mi renacer, se que parece muy rebuscado, pero es una situación simple: mi hija me ha enseñado a ver cada cosa con el asombro de la primera vez, por decirlo de alguna forma recuperé mi capacidad para admirar cada instante y detalles por muy pequeños que sean.

Conforme Ana crecía yo aprendía con ella, bueno sólo tiene cuatro años, los aprendizajes son muchos, pero creo que el que más valoro es esa capacidad de asombro que me ha regalado todos los días de estos hermosos cuatro años.

Ahora sí que el alumno superó al maestro y me refiero a ello porque como madres pensamos que
somos las responsables de enseñar, pero pocas veces nos preparamos para recibir lecciones de nuestros pequeños.

Los adultos en general tendemos a dejar de ver esos detalles que la vida nos da, el ajetreo, el trabajo, los quehaceres diarios, hacen que poco a poco perdamos esa capacidad de asombro que a los niños les sobra.

Tener un hijo es como esperar los regalos bajo el arbolito todas las navidades, dice una amiga, y creo que definitivamente es así, mi hija me ha demostrado que la vida son instantes de felicidad que te llevas en el corazón y que al pasar de los años te llenan de regocijo y alegría cuando los recuerdas.

Mi hija me ha enseñado a amar de forma incondicional, por ello creo que ahora admiro mucho más a mi madre, porque sé que daría todo por mí, así como yo lo daría por Ana Luisa… sólo por verla sonreír.

Por supuesto que no puedo olvidarme de aprendizajes como la paciencia, una capacidad que creo explotamos más en los primeros meses, la etapa más difícil para mí de un pequeño, porque no puede expresarte qué le sucede, es prácticamente una labor de adivina entender el por qué de su llanto.

Como dije en el post anterior el instinto nos ayuda mucho, pero mientras aprendemos a hacerle caso sufrimos mucho, en ese sentido me siento también afortunada, siempre tuve a mi madre enseñándome todo lo que sabía y dándome un abrazo, de esos que alivian mágicamente cualquier preocupación o dolor.

Al principio este cambio en la vida es complicado de asimilar, sobre todo porque pierdes independencia y dejas de estar en el primer lugar de tus prioridades, pero hay una palabra mágica que te libera de todo malestar: ¡Mami!

miércoles, 22 de octubre de 2014

Descubriendo una nueva forma de amar

Por Merle Guadarrama 


Es muy complicado mencionar  sólo una cosa y ustedes mamis me entenderán pues creo que todas coincidimos en que nuestros hijos todos son bellos y únicos.

Lo que sí puedo afirmar es que  a lo largo de esta gran aventura que inició hace dos años y que estoy segura que continuará por mucho tiempo más, es que lo que más amo y me ha enseñado mí hijo es la mujer que soy hoy en día.

La mujer que él descubrió y que me enseñó que está en mí.

Él ha sabido transformar cada momento del día en un aliento de “échale ganas mamá”; una sonrisa en “tú eres la mejor mamá”; un beso y abrazo en “te amo tal y como eres”.

Me ha ayudado a saber lo fuerte que soy y los alcances que puedo tener, él es mi mayor apoyo. ¡Cómo no amarlo en su totalidad!

Sus ojos, su sonrisa, sus gestos, todo él me impulsa a seguir adelante y a luchar por un futuro mejor para él, para mí, para los dos.

Lo que más amo de mi hijo sencillamente es que es mi Ángel, y que es mi hijo.

Me ha enseñado a saber la fortaleza que existe en mí ser y el amor tan bello, sincero y puro que existe.

Él me enseña día a día la gran bendición de ser madre y de tener salud, amor y, sobre todo, el mejor regalo de la vida: él, mi bebé.

martes, 21 de octubre de 2014

Paciencia, mi mejor estrategia para ser mamá

Por Claudia Castro


En los casi 14 meses que llevo como mamá, he aprendido tantas cosas de Mateo, que este breve espacio no me alcanzaría para describirlas.

Sin embargo, durante estos meses me he encontrado con una parte de mí misma a la que no le había sacado su potencial como lo estoy haciendo ahora.

No sé si en realidad tenga algo que ver con que, como buena Virgo, soy extremadamente perfeccionista y si algo me molesta (o me molestaba hasta antes de Mateo) era que las cosas no me salieran como yo quisiera.

Y como era lógico, cuando me convertí en mamá, todas las cosas que vivía me estaban tomando tan de por sorpresa, que nada me salía como yo pensaba que las cosas tenían que salir.

Recuerdo el día que me quedé sola por primera vez a los pocos días de haber nacido mi hijo: Mateo lloraba, yo no entendía cómo es que decían que una mamá sabe qué tiene su hijo con tan sólo escucharlo llorar. No sabía cómo sacarle el aire después de comer, siempre se quedaba con hambre y por más que lo arrullaba no quería dormir. 

Él lloraba y yo junto con él.

No sé qué hubiera hecho esos días en los que las hormonas, el cansancio y la falta de experiencia me llevaban a pensar con frecuencia que no estaba siendo una buena mamá, si no hubiera tenido el apoyo que todos los días me daba Juan Manuel, mi esposo.

Y en esos días aprendí a ser paciente para disfrutar de mi nuevo papel de mamá. Dejé de pensar en que las cosas tenían que estar fríamente calculadas (¡Al menos no en esto!) y empecé a actuar con paciencia y a entender que los tiempos de mi hijo son diferentes a los míos.

Probé mil formas para intentar sacarle el aire hasta que por fin lo conseguí, he querido dormirlo de mil maneras hasta que ahora basta con que nos abracemos a ver un video para bebés que termina por conciliar el sueño.

Soy paciente cuando no quiere dormir y lo soy también cuando comienza a hacer un berrinche porque en aún esos momentos, lo miro a los ojos, mantengo la calma y así trato de transmitírselo, le digo que comprendo su sentimiento pero también que no tiene por qué actuar así. Y hasta ahora me ha funcionado.

En medio de todo esto me he soltado a disfrutar. A ser menos clavada en la perfección, ver más allá de las altas metas y sentirme una mamá plena con tan solo verlo jugar con mis perros, porque dicho sea de paso, ese es uno de los momentos que verdaderamente me llena.

A su lado he aprendido que la vida es mucho más sencilla que las telarañas que uno como adulto comienza a construirse y que terminan por convertirse en obstáculos.

Ahora disfruto de las cosas simples de la vida, como lo hace un niño, pero con las vivencias que me han dejado mis 31 años.


lunes, 20 de octubre de 2014

Las enseñanzas de mi hijo

Por Ceci Torres


Este texto me ha llevado mucho más tiempo del que pensé y es que cada que quiero escribir una cosa, se me vienen mil más. Creo que tendría que publicar tres semanas el tema para más o menos terminar. En fin, decidí resumir lo más que pude:


Predicar con el ejemplo
¡Cuántas veces no hemos escuchado esta frase! Pues yo le di significado hasta que Diego llegó a mi vida. A veces uno va por el mundo haciendo cosas como decir groserías al volante, expresarse de cierta forma, explotar fácilmente, pero cuando caí en cuenta que todo eso lo aprende y se le queda, entendí que ellos son nuestro espejo.

De ahí la importancia de hacernos conscientes de nuestros actos (cosa que por supuesto no es sencillo) pero que vale la pena detenerse día a día a revisar para poder modificar lo necesario y darles el mejor ejemplo que podamos darles.

Por ejemplo, enseñarle a decir buenos días, por favor, gracias, abrazar a un árbol, meditar, entender que los animales sienten, respetarse a él y a los demás es algo fundamental para hacerlos mejores seres humanos y por supuesto serlo uno también.


Disfrutar cada momento y vivirlo con inocencia:
En lo personal esta enseñanza me ha cambiado la visión de la vida.

Hoy, estoy segura que no importa la edad que tengamos si todos los días nos damos a la tarea de agradecer lo que tenemos y de sorprendernos con lo que la vida nos muestra.

Diego me enseñó que las cosas materiales o situaciones que creía que eran una bomba no tienen el mismo sentido al lado de una carcajada de él porque “me desmayé” y él va a ser el doctor que me atienda.

Qué importante es darle el valor que realmente tienen las cosas y ellos son lo más importante, vale la pena darse el tiempo para disfrutarlos y hacérselos saber.


El amor incondicional
Éste ha sido mi mayor aprendizaje. Entender y sentir algo mucho más grande de lo que jamás pude imaginar.

Desde que Diego crecía en mi panza, el hacer cosas que muchos pensarían que son de locos, como ponerle música, inventarle canciones, platicar con él, llorar de emoción al escuchar sus latidos y salir extasiada después de cada ultrasonido.

Hoy a sus tres años lo veo sonreír, crecer, enojarse, dormir y ser parte del mundo y mi corazón me dice que todavía se puede sentir más. Aprendí que soy capaz de amar pura e incondicionalmente con una sola mirada o pensamiento y esa sensación no se cambia por nada en el mundo.

Le doy gracias a Dios todos los días por seguir aprendiendo a su lado, por poder disfrutar y amar cada momento de mi vida, por darme cuenta que tengo aún mucho por aprender, pero que de la mano de Diego y de Jorge, mi esposo, podemos seguir sorprendiéndonos, riéndonos y agradeciendo todas estas oportunidades.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Estoy embarazada ¿y ahora?

Por Merle Guadarrama

Miedo fue la primer palabra que se me vino a la mente. El temor a lo desconocido  impero en mi ser, lo cual me causó un doble sentimiento (culpa y alegría).

Preguntas como: ¿qué voy a hacer? ¿Seré buena mamá? ¿Podré hacerlo? ¿Mi bebé me amará ya tan pequeñito?

Cada una de estas cuestiones se resolvieron día a día, el miedo no; ese predominó  hasta después de los tres meses.

Era un tema que a mi edad no tenía planeado y por consecuencia no sabía cómo abordar. Lo primero que hice fue compartirlo con mi pareja, pues consideré que ese temor tenía que ser de los dos para poder convertirlo en una gran alegría y así fue.

Lo invité a cenar y con una sorpresa le di la noticia, su rostro fue de alegría y anhelo, eso me ayudó mucho, me abrazó y me dijo: ¡Gracias por darme un  pedacito de nosotros!

Esas palabras me tranquilizaron ya que si a ustedes nos les pasó o están en esa situación, el miedo que uno siente a lo desconocido, a los cambios es normal y a la vez se siente una culpa por sentirlo porque es una vida y no sólo eso, es la vida de tu bebé.

Después del paso de los días lo que siguió fue decirle a la familia iniciando con la abuela, mi madre y gran apoyo, ella fue la más feliz. Así uno a uno de los integrantes de la nueva familia de (Alonso, mi bebé) se fueron enterando y todos coincidieron en una gran alegría; decían: serás una gran mamá.

Palabras de aliento, gestos, caricias y el hombro de cada uno me ayudó a ir superando ese temor a lo desconocido. Pero les decía que este sentimiento estuvo en mí hasta los tres meses y es que este miedo llegó cuando me dijeron que tenía problemas de retención en la matriz y que podía perder al bebé. Ese momento fue el peor momento de miedo y angustia que he tenido en mi vida.

¿Qué hice? Decirle a mi bebé que él no tuviera miedo, que yo estaba con él y que me ayudara a luchar por él, por nuestra vida juntos. Él con su gran fortaleza me demostró que ese miedo sólo nos quitaba fuerzas para conocernos y compartir nuestras vidas. Fue la primer gran lección que aprendí de mi hijo.

Las preguntas que me hice al principio se han ido resolviendo y se irán resolviendo día a día. ¿Qué si me ama aunque sea tan pequeño? Ahora sé que sí cada vez que me dice: ¡MAMÁ!

martes, 14 de octubre de 2014

¿Preparada para ser mamá?

Por Claudia Castro

Llevaba algunos meses queriéndome embarazar y no´más nada. A finales del 2012 platiqué con mi esposo y acordamos que antes de que se convirtiera en un deseo frustrado, dejaríamos ese tema por la paz y nos refugiaríamos en la idea de que los tiempos de Dios son perfectos y el bebé llegaría cuando tuviera que llegar.

Empezó 2013 y un día mientras escribía la nota del día siguiente, caí en cuenta que llevaba algunos días de retraso. Repasé cómo me había sentido los últimos días y enseguida supe que estaba embarazada.

Corrí a comprar la prueba de embarazo, los nervios estaban a todo lo que daban. Salió positivo, mis manos y piernas temblaban, sabía que era cierto porque tenía los síntomas, pero no lo podía creer. Tan no lo creí que se lo dije a Juan Manuel, mi esposo, hasta el día siguiente.

Al otro día volví a hacerme otra prueba. ¡Es que de verdad no lo creía!... Para cuando Juan Manuel regresó del trabajo se topó con un regalo que le había dejado en su buró. Contenía una mamila con la prueba de embarazo y una carta.

Apenas lo abrió no pudo contener las lágrimas y obviamente ¡yo menos! Nos abrazamos, lloramos y lloramos y lloramos… Entre que somos sensibles, cursis y la noticia simplemente nos volvía locos porque creímos que tendríamos que esperar otro rato antes de ser papás, ese día se convirtió en uno de los mejores de nuestras vidas.

Y aunque fue un bebé deseado, también la noticia me llenaba de muchos nervios. Me daba mucha emoción pensar en su llegada, pero a la vez me llenaba de dudas y temores sobre si sería una buena madre, si estaba preparada para tener a un bebé entre mis brazos.

Sinceramente creo que me convertí en mamá en el mejor momento de mi vida. No porque estuviera preparada para serlo (hoy mismo me pregunto si lo estoy), sino porque tenía plena conciencia de querer ser mamá.

Disfruté desde ese primer momento en que supe que un pedacito de mi esposo y mío crecía dentro de mí, hasta los antojos, los achaques, las apapachadas que yo misma me daba dándome el lujo de dormir cada que podía o tomar un baño caliente.

Disfruté ver crecer mi panza, acariciarla hasta decir basta, tomarme fotos, las visitas al ginecólogo y que la doctora me dijera que todo iba perfecto, enterarme que sería mamá de un niño y preparar su llegada, las atenciones y cuidados que tenían mis compañeros y jefe, y hasta podernos estacionar en lugares para embarazadas, jajaja!

Fui tan feliz mientras lo sentí crecer dentro de mí, pero creo que aún así no se compara con ver sus ojitos, besuquearlo, cargarlo, escucharlo reír. Son etapas distintas y uno tiene que soltarse a disfrutar. Ser la mamá de Mateo ha sido la bendición más grande de mi vida y aunque cada día saltan nuevos temores, en ninguna otra etapa de mi vida había sentido esa confianza en mí misma para pensar que puedo enfrentarlos y vencerlos.

lunes, 13 de octubre de 2014

Lo que sentí cuando supe que sería mamá

Por Ceci Torres



Mi experiencia es una historia un poco diferente, ya que cuando creí estar embarazada resultó que no.

Por si fuera poco tengo una hermana gemela la cual estaba buscando bebé al mismo tiempo que yo.

Durante cuatro días seguidos me sentía mareada y al principio creí que era porque me estaba extralimitando con el ejercicio, luego dije, ¿qué tal estoy embarazada? Así que corrí a hacerme la prueba y nada, y seguí con mi vida normal.

Días después vi a mi hermana en un evento familiar y en la conversación salió que llevaba algunas semanas intentando embarazarse. Entonces la tomé del brazo y corrí al baño a decirle que por favor se hiciera una prueba porque yo me había estado sintiendo mal. (Es importante comentarles que toda nuestra vida hemos sentido lo que le sucede a la otra, pero por lo general era ella la que sentía, como cuando me rompí el codo, ella no podía moverlo y yo llegué al hospital como si nada).

En fin, vi su cara de pánico como si no creyera, pero me dijo que prometía hacerlo. Dos días después sonó mi teléfono y era ella llorando, me espantó muchísimo, le dije “¿estás bien?” y solo entendí el “aunque no hubiera querido, eres la primera en enterarte que voy a ser mamá”. Aún se me llenan los ojos de lágrimas cuando lo platico.

Dos semanas después las náuseas se apoderaron de mí y yo juraba que mi sobrino me iba a hacer una mala jugada durante varios meses, pero un día una amiga me preguntó que si estaba embarazada porque mis bubis eran enormes jajaja!!... En esta prueba salió positivo, por lo que el malestar ya era mío y no de mi hermana.

Todo me tembló cuando vi la prueba en positivo, estaba segura que quería un bebé en casa, pero cómo saber si estás listas, cómo decírselo a tu marido, ¿esperar a que me cayera el veinte primero o que nos cayera juntos?

Decidí hacerlo en pareja, al siguiente día estaba plantada en el consultorio del ginecólogo para verificarlo y por la noche cuando Jorge, mi esposo llegó, se encontró con un camino de huellitas y una foto del ultrasonido al final. Lloramos de emoción, pero no podíamos ni creerlo.

Tengo que reconocer que ha sido la noticia que más emoción y pánico me ha dado al mismo tiempo.

Una nunca está lista para ser mamá, eso es completamente cierto, pero cuando supe que había una personita creciendo dentro de mí, no pude más que sentir un intenso amor y agradecimiento a Dios y a la vida por la oportunidad tan grande que me estaban dando.

Hoy, casi cuatro años después creo que fue la mejor experiencia y la mejor noticia de mi vida, todavía estoy convencida que uno nunca está listo jajaja!! Pero de lo que sí estoy completamente segura es del inmenso amor que le tengo a mi hijo y que no me equivoque en la decisión de traerlo a este mundo.

¡Bienvenidas!

Y de repente un día ya los teníamos en nuestros brazos...

Tan pequeños, tan frágiles, tan delicados, tan indefensos y nosotras queriéndoles dar todo y sin saber por dónde empezar, deseando tanto ese momento, creer que nos habíamos preparado para que, llegado el día, no nos tomaran tan desprevenidas y al final, tan inexpertas.

Hoy el acceso al Internet y las tecnologías nos permite acceder a un mundo de información, que al mismo tiempo puede perdernos y confundirnos.

En YouTube podemos encontrar videos desde cómo cambiar un pañal, cómo bañar a un bebé, cómo amamantar a un recién nacido, cómo prepararse para el parto y ya con nuestro hijo en brazos no tenemos ni idea de qué hacer.

¡Qué ganas de tomar al niño, ponerle play al video de YouTube y seguir los pasos 1, 2 y 3 para darle la mamila, sacarle el airecito y ponerlo a dormir!

Pero no, al final, a todas nos sorprende la maternidad.

Por más que hayamos leído, que nos hayamos “preparado”, que nos cuenten nuestras amigas, que hayamos visto decenas de videos en Internet y sigamos leyendo, y escuchando, y viendo… Cada bebé es distinto y la conexión que logramos con nuestros hijos es única.

Afortunadamente hay algo que nos ayuda a librarnos de esas terribles batallas internas entre el qué hacer y el qué no hacer, algo que nos permite alejarnos de los consejos encontrados de las suegras, las tías y los abuelos: el instinto maternal.

Ese instinto que se despierta cuando sentimos sus pataditas en la panza, o la primera vez que escuchamos su corazón como un caballito a todo galope durante nuestra visita al ginecólogo o cuando nos por fin vemos su carita cuando el pediatra nos lo presenta en la sala de cirugías.

Y todo eso que vivimos durante el embarazo y la llegada de nuestro hijo, es apenas el principio de todos los retos que ser mamá nos pone enfrente.

De eso justamente queremos hablar en este blog.

Somos 4 mujeres –más todas las mamás que quieran sumarse- compartiendo nuestras experiencias.

Mamás que hemos asumido este rol con amor, pero que sabemos que también se requiere mucha entereza y temple. Mamás que tomamos las cosas en serio, pero sabemos que vale la pena soltarse a disfrutar de nuestros hijos.

Sería muy pretencioso de nuestra parte decir que venimos a dar consejos de cómo ser mejores mamás.

Charla de Mamás no es una guía, es compartir y retroalimentarnos, apoyarnos en formar de la mejor manera y a través de nuestras experiencias a lo más preciado que tenemos: nuestros hijos. Así que, ¡bienvenidas!